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Edición 1945

05/Oct/2006
 
 
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Local El cinturón de seguridad y el lento camino hacia el orden vial. La muerte avanza a toda velocidad.

El Cinto o la Vida

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La figura de la combi destrozada es una constante en los noticieros de las 10.

El contexto –inauguración del rally Caminos del Inca 2006– le sirve a Jorge Koechlin, ex piloto y actual conductor del programa automovilístico Automundo, para lanzar la siguiente comparación: “Hoy en día es más seguro subirse a uno de estos bólidos que tomar una combi”. No exagera. La degradación de la cultura vial en el Perú salta a la vista y también se traduce en números. Según el último informe de la Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), presentado en noviembre del 2005, mientras Colombia, Chile y Cuba han disminuido sus índices de muertes por accidentes de tránsito desde el 2006, el Perú ha aumentado el suyo en 54% (ver cuadro). En promedio, las avenidas y carreteras del país son escenario de 40,000 accidentes cada año, la mayoría por exceso de velocidad, lo que equivale –solo durante el 2005– a 3,302 muertos y 40,512 heridos, la mitad de ellos de gravedad o lesionados de por vida. Sólo desde que empezó el siglo XXI han fallecido casi 20,000 peruanos por culpa de la violencia al volante.

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Perú tiene una de las más altas tasas de mortalidad en el tema.

El Don del Cinturón

Revisadas las cifras, suenan a broma los argumentos que inútilmente esgrimieron algunos transportistas (“son muy caros”, “son difíciles de conseguir”) contra la norma que obliga al uso del cinturón de seguridad en los asientos de pasajeros, vigente desde el 1 de ocubre de este año; más aún cuando ya la conocían desde marzo del 2004, fecha en que se publicó el Decreto Supremo 009. La norma empezó a regir en enero del 2005, pero las sanciones recién se establecieron en julio de este año, para empezar a ponerse en práctica desde este 1 de octubre. Es decir, tomó más de dos años volver obligatorio el uso del cinturón de seguridad para pasajeros. En ese lapso murieron 6,468 personas en accidentes de tránsito y 75,849 resultaron heridas. Con el cinturón abrochado podría evitarse un 35% de muertes y un 60% de lesiones; es decir, 2,263 peruanos estarían hoy con vida, y 45,509 habrían salido sin un solo rasguño. Aunque, coerciones aparte, hay que señalar que el 21.3% de los limeños no usa el cinturón de seguridad en asientos posteriores simplemente porque les “molesta e incomoda”, como indicó una encuesta elaborada por el Touring Automóvil Club del Perú en setiembre de este año. “Por eso me dio tanto gusto ver este domingo a los taxistas pidiendo a sus pasajeros que usaran el cinturón”, dice Luis Fernando Neumann, gerente general del Touring. En los operativos previos, los de prevención, la gente les respondía que, efectivamente, no tenían puesto el cinturón, “porque todavía no es 1 de octubre”. No hay ley que pueda con eso.

Jorge Koechlin es uno de los que piensan que, aunque la medida es pertinente, el problema de fondo sigue sin solución. “La Policía deja pasar autos que circulan sin luces o que no se mantienen en sus carriles, me parece difícil que puedan detener un vehículo para ver si están con cinturones en el asiento de atrás”. Hasta el cierre de esta edición, la Policía se esforzaba en contradecirlo: 235 papeletas aplicadas en Lima. “Pero hay que evitar los accidentes”, insiste Koechlin: “En todo el mundo mueren 1 millón 200 mil personas cada año en accidentes de tránsito. El 80% de esos accidentes pertenece al Tercer Mundo, los países menos desarrollados. Aquí los choferes peruanos no le tienen el menor respeto a la autoridad, hacen lo que les da la gana, pero fíjate cómo cruzan la frontera con Chile y de pronto son mansas palomas. Lo mismo se ve cuando un peruano maneja en Europa o Estados Unidos. El problema, entonces, está en el sistema y en la autoridad”, señala.

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Koechlin plantea una solución que a algunos podría parecer extrema: “El gobierno necesita aplicar mano dura. Ley marcial. Que nadie vaya a más de 50 kilómetros por hora. Los buses interprovinciales igual van a llegar a su destino –el exceso de velocidad es la principal razón por la que suceden los accidentes en el Perú, y otra es el error humano– y encima la máquina va a durar más”.

La Ruta a Seguir

Ya se ha señalado que Chile y Colombia, por citar dos ejemplos cercanos, han logrado reducir notablemente el número de muertes en accidentes viales luego de asumir el cambio como una política de Estado. Aquí también se han hecho grandes esfuerzos –canalizados especialmente en el trabajo del Touring Automóvil Club del Perú–; sin embargo, no se ha podido volver negativa la variación de muertes y accidentes. El aumento sigue siendo uno de los más rápidos de la región.

El camino hacia la civilización vial es largo y sinuoso. Pero será infinito si no se entiende una de las conclusiones básicas del estudio de la Cepal: “La seguridad vial debe asumirse como un tema transversal”. (Giomar Silva)

 


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