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24/Nov/2005
 
 
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La princesa Sayako perdió todos sus privilegios al casarse con un plebeyo. Ahora es una ama de casa japonesa, como cualquier otra.

Adiós Princesa

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Discreta en su íntima boda. Sus padres y hermanos la acompañaron durante la ceremonia.

¿Princesa o esposa? ¿Esposa o princesa? Qué difícil elección. Pero como bien dicen, ‘el amor lo puede todo’, incluso desheredar a la princesa del Imperio Japonés. Así es, la princesa Sayako –única hija del emperador japonés Akihito y la emperatriz Michiko– optó por el amor verdadero, lo que le valió la destitución de sus privilegios y títulos imperiales al casarse el pasado 15 de noviembre con Yoshiki Kuroda, un plebeyo de 40 años sin gota alguna de sangre azul. La pareja se comprometió en marzo de este año, luego de dos años de noviazgo. Para prepararse para su nuevo estilo de vida, Nori –como la llaman con cariño en Japón–, dio clases de conducir como símbolo de la libertad que su nuevo estatus como plebeya le confiere. Otras de las modificaciones que pasará Sayako –además de abandonar sus privilegios y el Palacio Imperial–, serán el cambio de apellido (ahora es Sayako Kuroda), tendrá el derecho de votar como cualquier otra ciudadana y previsiblemente dejará su trabajo en un centro de ornitología (estudio de las aves) para dedicarse a las tareas del hogar.

Amor del Bueno

Sin lugar a dudas, el romance de Sayako y Yoshiki parece de novela. Ellos se conocieron de niños porque Yoshiki estudiaba en la escuela (y posteriormente en la universidad) con Akishinko, el hermano mayor de la ex princesa. En enero del 2003, se reencontraron, se enamoraron y luego de dos años se comprometieron. Yoshiki pidió la mano de Nori el pasado 19 de marzo en una ceremonia llamada Kokki no Gi, en el Palacio Imperial de Tokio. Los preparativos, a partir de ese momento, no cesaron y los nervios y emoción de los participantes, creció. El sábado 12 de noviembre (3 días antes del matrimonio) Sayako, se despidió de su familia en el último ritual antes de su boda. Según informó la televisión pública NHK, la ex princesa japonesa oró desde muy temprano en la mañana en el templo del Palacio Imperial, donde se veneran las almas de sus antepasados. Para ese momento especial Nori vistió un junihitoe o kimono de 12 capas. Por la tarde, cambió su atuendo por un vestido blanco y largo y se despidió de sus padres, Akihito y Michiko, con quienes compartió un vaso de sake (licor de arroz). La emperatriz Michiko por su parte, expresó públicamente la tristeza que siente por tener que separarse de su hija, a la que considera un ser muy especial y con la que siempre ha sido muy unida. La ha descrito como una mujer sensible y capaz de buscar soluciones a los problemas. La ceremonia religiosa –celebrada en el Hotel Imperial el 15 de noviembre– fue íntima y se caracterizó por la ausencia de rituales protocolares. Sayako y Kuroda intercambiaron sus consentimientos ante un sacerdote sintoísta con la ofrenda mutua de copas de sake, un rito llamado ‘sansakudo’. Asistieron unas 30 personas entre los que destacaron el emperador Akihito y la emperatriz Michiko, así como los dos hermanos de la novia, el príncipe heredero Naruhito y el príncipe Akishino. La novia vestía un traje occidental de color blanco, guantes, un abanico y un collar de perlas. Con la ceremonia, el vestido y con la decisión de dejar sus beneficios imperiales, la ex princesa, demostró una vez más su sencillez y carisma, tal y como lo hizo ante nosotros cuando visitó el Perú en 1999.

Más Polémica

La boda de Sayako y Yoshiki no solo ha causado controversia por ser un matrimonio en que la mujer adinerada e importante lo deja todo (en cuanto a bienes materiales y reconocimiento se refiere) por el hombre que quiere. Sayako, de 36 años de edad, es la primera princesa de la historia moderna del Japón que se casa después de los 30, lo que refleja la tendencia general japonesa y los cambios en las últimas décadas. “Las japonesas se casan cada vez más tarde porque cada vez son más las que trabajan”, explicó Yoko Morita, especialista en economía del trabajo de la Universidad de Nagoya. Se sabe, de otro lado, que la preocupación de la familia imperial es enorme: no cuentan con un heredero varón. Naruhito y Masako son padres de una niña, la princesa Aiko. Akishinko no tiene hijos y bueno, los hijos de la ex princesa Sayako no podrán acceder al trono. Por otro lado, la boda de los Kuroda ha generado otro tipo de polémica en cuanto a las distinciones entre los miembros masculinos y femeninos dentro de la Corte nipona. El hermano mayor de Sayako, Naruhito, conserva los derechos al trono a pesar de haberse casado con Masako, una mujer que no pertenecía a la Corte. Él sigue siendo heredero y ella se convirtió en princesa, mientras Nori tuvo que abandonarlo todo.

Mejores días

Nori visitó nuestro país a fines de mayo de 1999, para participar en las celebraciones por el Centenario de la Inmigración Japonesa al Perú. Durante su estadía en aquellos años, la ex princesa viajó a Cusco y Puno. En Lima visitó algunos lugares como el Centro Cultural Peruano Japonés (CCPJ), donde mostró sencillez y buena disposición. Durante casi una hora recorrió la platea para conversar con los “issei” (japoneses que vinieron al Perú y que conforman la primera comunidad nikkei). La escena fue muy emotiva para todos los presentes. La princesa Nori también plantó un pino para recordar su visita al país y dio un discurso donde expresó su deseo de que “El Perú y Japón, independientemente de lo que les toque vivir, sigan reforzando eternamente en paz sus relaciones de amistad”. Qué ironía. Luego de los actos realizados en Lima, Sayako partió hacia Cusco donde visitó Machu Picchu, Sacsayhuamán y el templo incaico del Koricancha. Luego partió a Puno para visitar la isla de los Uros, en el Lago Titicaca. Adiós, Princesa.(Sheela Sharma)

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