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Cultural La visión del irreverente periodista y escritor.

5 Años de CARETAS y en CARETAS

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Federico More fue un artista de la palabra que sabía valorar la actualidad y avizorar lo futuro.

En realidad, no colaboro en CARETAS desde su aparición, o sea desde su primer número. Creo que empecé en el tercero. No me sería difícil revisar mi colección, que la tengo a la vista y a la mano; pero me cargan los datos históricos y encuentro que no hay nada más aburrido que la documentación. CARETAS es, a mi juicio, el mayor esfuerzo editorial que, en el orden periodístico, se haya hecho, hasta ahora, en el Perú. Luego voy a explicarme. En realidad, empecé mi carrera, oficio o profesión, de periodista hace cincuentitrés años, en Puno, en el Colegio de San Carlos. Corría 1901. Publiqué “El Foete”. Era una hoja manuscrita. Hasta ahora deben acordarse de aquella aventura mis queridos condiscípulos José Frisancho y José Antonio Encinas. Creo que ellos y yo somos los últimos que quedamos de aquella hornada. Más tarde, en 1905, publiqué el periódico “El Sable”, en la Escuela Militar. Los autores del desaguisado fuimos tres: José Antonio Docarmo, que, después, se dedicó a la Magistratura y llegó a Vocal; Julio Alfonso Hernández, poeta y periodista que, hoy, dirige “El Tiempo”, de Chiclayo, y yo. Era, “El Sable”, también manuscrito. El primer número fue muy elogiado por nuestros Jefes. En el segundo número no se qué despropósitos dijimos. Resultado: calabozazo y clausura del periódico. Entonces conocí el primer atentado contra la libertad de pensamiento. Figúrense ustedes si no estaré acostumbrado. He sido siempre amigo de la revista. El diarismo me gusta poco. Y ser jefe de algo en un diario, me horroriza. Me parezco mucho a mi hermano el gato: el paso de una mosca me distrae y ya no pienso en lo que debo pensar. Si en esto se agita una cortina, me olvido de la mosca. Sin embargo, he trabajado bastante en diarios. He sido director, jefe de redacción, jefe de sección. Nunca me sentí bien. Me acuerdo de que, siendo yo jefe de la Sección Policía en “La Razón” de Buenos Aires, unos fulanos robaron no se qué cantidad de joyas en la Iglesia de Nueva Pompeya. La información salió bien; pero pasé dos días horribles. Mi inolvidable y nunca olvidado Director, el señor doctor don Ángel Sojo, me llamó para decirme:

-La información no ha estado mala; pero el comentario muy bueno.

En realidad, aquel robo me pareció un sacrilegio: pero me importaba muy poco saber quiénes habían sido los ladrones. He colaborado en “Variedades”, en “Mundial” y en “Lléveme Usted”, revistas limeñas. Y, en Lima, también, fundé, en compañía de Abra-harri Valdelomar y de otros facinerosos, “Colónida”. En Arequipa, fundé, al lado de mi querido maestro Don Francisco Mostajo, la revista “Prisma”. He colaborado en “Sucesos”, de Santiago de Chile, y, en Buenos Aires, en “Caras y Caretas”, en “El Hogar”, en “Mundo Argentino”, en “Don Goyo”. Y bien: en toda mi vida, de hombre de revistas, he visto siempre que las revistas se fundaban con un apreciable respaldo financiero y con la dirección de algún escritor de nota. Un ejemplo: “Variedades”, que se funda con el apoyo económico de don Manuel Moral y con la dirección de Clemente Palma, sin duda la primera figura literaria de aquella época. Las revistas que no han sido fundadas así, han muerto. Dos casos: “El Foete” y “El Sable”. En Caretas tenemos el primer caso de una revista que se funda sin un real y sin una dirección de alta nombradía literaria. Francisco Igartua es sin duda, un periodista a la de verdad; pero cuando se lanzó a la aventura de Caretas, no era famoso ni mucho menos. Tiene la audacia prudente del verdadero periodista. Lo que llamaríamos la osadía medida. Sabe escoger sus temas y sabe enfocarlos. Y, además, tiene amor a las letras y como, aunque peruano, es español puro por el concurso de la sangre, aporta la cultura hereditaria. En cuanto a su socia y colaboradora, Doris Gibson, el asunto es más complejo. Doris pertenece a una familia de comerciantes; pero está injertada en una familia de literatos. Su padre, Percy, es una de nuestras mejores figuras poéticas. Tiene dos tíos carnales: Juan y Carlos Parra del Riego. Juan poeta exquisito y a veces milagroso, como en su polirritmo futbolístico; Carlos, cuentista y novelador depuradísimo. Además, Doris contó con otro tío carnal: Carlos Gibson, hombre de cultura y de libros, verdadero maestro en el mejor sentido platónico. Pero también Doris es sobrina carnal de Juan Gibson, temible hombre de negocios y es nieta de don Enrique W. Gibson, auténtico amasador de fortuna. Don Enrique era Enrique W. Su hijo Percy decía, recordando la sordera de su progenitor, por qué don Enrique era sordo:

-Vean ustedes si mi padre no será buen hombre de negocios: no oye, pero ve doble.

Doris, a la cual puedo decirle que la he visto nacer, tiene, pues, por las letras, la devoción que le han dejado tres tíos carnales; pero tiene la sangre mercantil de los Gibson. Por eso es Gerente de CARETAS. Ella, por amor a las letras y con su empuje de mujer de negocios, ha hecho CARETAS. Paco Igartua ha puesto su imaginación y su actividad. Y he aquí que CARETAS ya tiene un lustro de vida, con una que otra peripecia que, acaso, le han sido necesarias. Lo cual prueba que el destino es benévolo. Ya lo dijo Víctor Maúrtua: En la escala de los valores, el imperativo ideal es la vida. Lo que quiere decir que, con el hecho de vivir, CARETAS cumple con el deber supremo de todo organismo. Hoy es, sin duda, la primera revista peruana. En mi ya larguita carrera revisteril, CARETAS es uno de mis momentos más agradables. Y, sobre todo, me maravilla que viva y que prospere. En esto, debemos ayudar todos los que escribimos. Siempre he oído quejarse de que no tenemos una revista. Y bien, ya la tenemos. ¿Y ahora? Escribe: Federico More (Artículo publicado originalmente en octubre de 1954)

 


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