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Nacional Documento de índole militar ofrece a CARETAS primera pista sobre el paradero de los restos del guerrillero, perdidos desde 1965.

ENCONTRADO: Luis de la Puente Uceda 40 Años Después

8 imágenes disponibles FOTOS  PDF 

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Luis de la Puente Uceda en Mesa Pelada, La convención, Cusco, anunciando el inicio de las guerrillas del MIR.

Las guerrillas del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) comenzaron y terminaron en 1965, cuando se anunció ese octubre la muerte en combate de su líder máximo, el otrora aprista Luis de la Puente Uceda. Pero su cadáver nunca apareció. Incluso en noviembre del 2003 el presidente de la región La Libertad, Homero Burgos Oliveros, dijo que “seguiremos luchando para que los restos históricos se nos entreguen” y en esa ceremonia de homenaje en Trujillo estaba la hija del guerrillero, María Eugenia, quien como el resto de su familia tampoco ha sabido durante estas cuatro décadas del paradero de los restos. Entonces, hace dos semanas, una fuente no identificable proporcionó a CARETAS el documento que publicamos en la página anterior y el croquis de la izquierda. A la zona de Amaybamba viajaron Patricia Caycho y Javier Zapata, de la revista, para realizar lo que creíamos sería una primera indagación. Pero en las circunstancias que se describen en las próximas páginas, y gracias al nombre ‘Maricnilloc’ que aparece en el croquis, llegaron a lo que todo indica es el sepulcro mismo de Luis de la Puente Uceda. Los símbolos políticos presentes demuestran que no fuimos los primeros.

"Yo lo conocí dice don David"

Aquí está enterrado Luis de la Puente Uceda. Yo lo conocí. Aquí mismo lo acorralaron y mataron, como corderito”, dice David Marín con la sencillez y naturalidad de quien ha vivido 79 años en el campo.

Luego señala con su hoz un cúmulo de piedras ubicadas al borde de la quebrada de Choquellohuanca, en el pueblo de Amaybamba, provincia de La Convención, Cusco.

“Si no hubiera muerto, habría sido hasta presidente”, dice con no poca admiración pese a que, según cuenta, De la Puente quería matar a su padre, el hacendado Ramón Marín.

Don David comienza a cortar la maleza que ha crecido entre las piedras de la ‘tumba’ del otrora líder de la guerrilla castrista del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Tiene la misma edad que hubiera cumplido De la Puente Uceda.

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Desde su muerte en 1965, ocurrida durante un enfrentamiento en las estribaciones de Mesa Pelada, La Convención, y en la zona de Amaybamba, el paradero de sus restos era un misterio, incluso para la propia familia.

Sin embargo, para algunos mayores de Amaybamba, la ubicación del entierro es casi una conversación de sobremesa. El recuerdo de aquel guerrillero de cabello castaño largo está tan vivo como hace 40 años, cuando junto a una docena de miembros uniformados del MIR establecieron en las alturas de Mesa Pelada, con no poco despliegue publicitario, el llamado ‘Frente Pachacútec’.

El pasado sábado 27 fue gracias a dos de esos agricultores de piel curtida, David Marín y Jesús Cornejo, que CARETAS pudo llegar a la tumba de Luis de la Puente Uceda y la de otros de su grupo.

El Primer Entierro

Las pocas pistas con las que se contaban (ver documento y mapa) indicaban que el entierro estaba ubicado en Amaybamba, en una zona llamada Maricnilloc. Amaybamba es desde los tiempos de Velasco una cooperativa agraria y ahora un pueblo de 306 habitantes, de los cuales 75 son analfabetos, ubicado ya en la ceja de selva, sobre la carretera a Quillabamba. La mayoría de sus pobladores se dedica al cultivo del té debido a la cercanía de la fábrica de Té Huyro. Allí se pagan unos 45 céntimos el kilo de esa hoja, pero esta no es época de lluvia. Las chacras están secas.

Buscamos un lugar identificado como Maricnilloc en nuestro crudo mapa y unos campesinos nos dicen que en quechua ‘maricnilloc’ significa algo así como “el lugar de los Marín”.

Luego nos indican que a quince minutos se encuentra la casa hacienda El Triunfo del señor Renato Marín, octogenario hijo del antiguo hacendado Ramón Marín, quien antes de la reforma agraria era dueño de todo Amaybamba.

El Triunfo luce como una propiedad que ha dejado atrás sus mejores años. Si bien todavía se cultiva allí café, té, naranjas, toronjas, yucas y maíz, luce algo abandonada. La mayor parte de los terrenos ha sido ganada por la vegetación.

El guardián de la hacienda, Gregorio, hombre de unos cuarenta años y de sonrisa fácil, dice que el señor Marín vive ahora en la ciudad de Cusco, pero ante nuestro pedido se ofrece a llevarnos hasta “un cementerio que hay al fondo”.

Luego de una hora de caminata entre el enmarañado monte, llegamos al lugar. Las piedras que señalaban las tumbas estaban dispersas y casi tapadas por la vegetación.

“Estos muertos tienen más de treinta años. Antes tenían cruces encima”, dice. Ese dato, sumado a los otros con los que contamos, da a entender que ese era el primer lugar donde fueron enterrados De la Puente y los otros guerrilleros aludidos en el documento que CARETAS reproduce en estas páginas.

Cae la tarde y antes de emprender el camino de regreso a Cusco, al fotógrafo Javier Zapata se le ocurre seguir indagando.

Es así como llegamos hasta la casa de don Jesús Cornejo, ubicada al frente de la senda que conduce al El Triunfo.

–¿Usted se acuerda de los guerrilleros de mediados de los 60? –fue la pregunta.

–Claro, si Luis de la Puente Uceda está enterrado allá arriba, en Choquellohuanca.

Luego de esta sorpresiva precisión, cuenta: “Yo en esa época era técnico enfermero en la hacienda Huyro, del señor La Torre. Recuerdo cuando los soldados bombardearon Mesa Pelada, luego mataron a siete miristas en las alturas de Choquellohuanca. Cuando fui alcalde en 1980, me las arreglé para llegar a la tumba junto con el señor Quispe Ledesma. Él escarbó la tierra y encontró un brazo. Eran los guerrilleros”.

Pero el señor Cornejo no pudo hacer mucho. La presencia militar en la zona persuadió a los pobladores a no decir palabra alguna. “Hasta hace seis años había soldados custodiando el desvío que da a la trocha que conduce a las tumbas. Tenían orden de no dejar pasar a nadie”.

El amable agricultor concluye diciendo: “Yo los puedo ayudar a llegar ahí”. Y es así como derivamos a la chacra de David Marín, hermano de Renato, quien se ofreció de guía.

“Como Corderitos los Mataron”

A diez minutos pasando el pueblo de Amaybamba y a cinco antes de llegar a la hacienda El Triunfo, hay un desvío ubicado a la mano derecha. Este da a una trocha carrozable pero llena de piedras, huecos, charcos y maleza. Luego de una hora el camión se detiene. Es cuestión de seguir el camino a pie, monte abajo hasta la quebrada de Choquellohuanca, a dos mil metros sobre el nivel del mar.

“Por aquí anduvieron Luis de la Puente y su gente. Siguieron este mismo camino”, dice David Marín.

Después de aproximadamente una hora de accidentado caminar, la tumba queda a la vista. Pero alguien ha estado aquí antes, quizás hace pocos años o varios meses, para rendir un homenaje secreto pero bastante elaborado. Una cruz de fierro de construcción y una estrella rojas con una lista de nombres encabezada por Luis de la Puente Uceda indican que ahí, según todos los cruzados indicios, se encuentra enterrado el cuerpo del líder del MIR.

Cuarenta años después de su muerte, el secreto de la ubicación de la tumba de De la Puente queda develado.

“Mire, allá también están las tumbas de los demás”, dice don David. Efectivamente, varios montículos de piedras cubiertas de vegetación salpican la quebrada. En total, contando con la de De la Puente, hay nueve tumbas. “No fueron siete los guerrilleros muertos, fueron nueve”, agrega.

Nuestro guía cree que en octubre de 1965 Luis de la Puente Uceda con su contingente se encontraba en Lares, Calca, pero el Ejército los fue cercando hasta que llegaron a Amaybamba. Había, sin embargo, otro motivo por el cual incursionaban en el lugar. Según David Marín, De la Puente quería matar a su padre porque era el latifundista de la zona. Pertenecía al sistema que el MIR quería destruir y presumiblemente apoyaba a las fuerzas militares.

“Aquella vez bajó hasta la quebrada de Choquellohuanca. Mató a dos peones de mi padre y les puso dos granadas en el pecho. Cuando llegó otro peón con la comida, vio los cuerpos y avisó rápidamente a los soldados que estaban en el pueblo”.

Luego de algunas horas, un contingente militar se desplegó por la zona y dio fácilmente con el grupo rebelde. “Lo rodearon a eso de las 6:30 de la noche.

Tiempo después mi primo Roberto (Marín) me contó que, luego del enfrentamiento, los soldados le cortaron la cabeza a De la Puente. Se la llevaron como trofeo”.

Esa misma versión la contó Carlos Parreda, otro agricultor de Amaybamba. “En el pueblo todos saben eso”, dijo.

“Da pena el fracaso de este señor. No era poca cosa lo que hacía, pero se levantó como un venadito. Sin planificación se aventuró”, cavila David Marín mientras continúa la limpieza de la tumba con su hoz, y agrega: “Fue un político bueno, yo lo admiraba”. Luego deja una pequeña cruz que hizo con un par de ramas. Eran las diez de la mañana y el calor se hacía intenso. El largo camino de regreso al pueblo aguardaba. (Patricia Caycho)

 


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