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Historia Combativa cañonera cumple 100 años. Hoy es buque museo.

La Cañonera América

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La Cañonera América defendió la Amazonía a lo largo de un siglo. Su último servicio activo ocurrió cuando estalló el conflicto de 1981. Es una de las más antiguas del mundo.

Hace un siglo la Armada Peruana incorporó a sus filas a la cañonera fluvial América, construida en Liverpool por encargo de la Prefectura de Loreto. La nave, de 135 pies de eslora y 182 toneladas, era propulsada por dos máquinas alternativas de triple expansión que le permitían alcanzar una velocidad máxima de 15 nudos.

Había arribado a Iquitos el 11 de mayo de 1905, siendo inmediatamente sometida a una serie de trabajos para subsanar las deficiencias que se habían detectado durante el cruce del Atlántico. Los trabajos fueron llevados a cabo por la factoría Wesche y el 12 de agosto, una vez concluidos, asumió el mando efectivo de la nave el capitán de corbeta Carlos Donayre. Iniciaba así una larga carrera que la llevaría a participar en más de un conflicto en defensa de nuestra soberanía en la vasta Amazonía.

A principios de 1906, luego de cumplir una comisión en el Alto Marañón, se le instalaron dos cañones Armstrong Whiteworth de 37 mm. y se le montó una vieja ametralladora Madsen, volviendo a zarpar en mayo con destino a las guarniciones en el río Putumayo.

Ese río y sus afluyentes eran una importante zona cauchera, explotada por la Casa Arana, de Iquitos, pero la demanda de este producto había atraído a la región a un creciente número de colombianos, generándose una serie de incidentes por la indefinición de límites en una zona donde tanto Perú como Ecuador y Colombia proclamaban su soberanía. En 1905 Perú y Colombia habían reconocido al Putumayo como línea divisoria provisional, pero dos años más tarde dicho acuerdo llegó a un abrupto fin luego que Ecuador y Colombia suscribieran un convenio de límites en el que se reconocían mutuamente territorios que ambos países disputaban al Perú. Ante esto, el Perú retornó a la posición previa a 1905, fijando su límite con Colombia en el río Caquetá.

La situación se tornó más tensa a partir de 1908, cuando llegaron rumores a Iquitos de que tropas colombianas habían ocupado la margen derecha de dicho río y que se aproximaban al Putumayo con ánimo de reivindicar para su país ese territorio. Con tal motivo, la América y otras naves de la Flotilla de Loreto patrullaron durante varios meses el Putumayo.

En abril de 1910, luego de cumplir diversas comisiones en los ríos Marañón, Napo, Tigre, Pastaza, Ucayali y Pachitea, la América y otras naves de la flotilla zarparon de Iquitos en son de batalla para reforzar la guarnición del Napo, en momentos en que parecía inminente un conflicto con Ecuador. Al mando del teniente primero Manuel Clavero, la cañonera permaneció en la zona comprendida entre el Curaray y la boca del Aguarico hasta fines de agosto, cuando el fantasma de la guerra se alejó gracias a la intervención argentina, brasileña y norteamericana.

Pero ese alejamiento fue momentáneo, pues en diciembre de ese mismo año el gobierno colombiano despachó una expedición militar para ocupar Córdoba y La Pedrera, dos puestos en la margen derecha del Caquetá, preparándose para enviar una segunda expedición a mediados del siguiente año. Presumiendo que estas expediciones estaban destinadas al Putumayo, a principios de 1911 el gobierno peruano dispuso que la América y las otras naves de la flotilla fluvial procedieran a defender la soberanía nacional en dicho río. Pasaron varios meses en la zona antes de retornar a Iquitos para preparar una nueva expedición, esta vez al Caquetá, llevando al Batallón de Infantería Nº 9, que al mando del teniente coronel Oscar R. Benavides había efectuado un notable desplazamiento desde Chiclayo.

La expedición, formada por tres lanchas y la América, zarpó de Iquitos en la noche del 28 de junio y a mediodía del 10 de julio se presentó de manera sorpresiva a la vista del campamento colombiano en La Pedrera. Luego que la guarnición colombiana se negara a abandonar la zona, se inició un combate que habría de prolongarse por tres días, ya que la única forma de atacar la posición enemiga era venciendo la fuerte correntada que se formaba delante de ella al estrecharse el canal del río. Tras varios intentos por vencer dicha correntada, en cada uno de las cuales las naves peruanas se veían prácticamente detenidas y eran fácil blanco de los tiros enemigos, la América logró surcarla el día 12, siendo seguida por otras dos naves nacionales. El desembarco de los soldados del batallón nº 9 era algo que los ciento cincuenta defensores colombianos no esperaban, viéndose obligados a abandonar la plaza luego de sufrir algunas bajas. Las fuerzas peruanas también habían sufrido varias bajas, que se multiplicarían en los meses siguientes debido al implacable paludismo. Una de las víctimas de esa enfermedad fue el joven comandante de la América, el teniente primero Manuel Clavero, quien falleció en Iquitos el 11 de agosto, poco después de retornar con su nave de la zona de operaciones.

Lejos estaban de saber Benavides, Clavero y los otros peruanos que habían vencido en La Pedrera, que su esfuerzo había sido inútil, pues apenas una semana después del combate ambos gobiernos habían acordado que se mantuviera la presencia colombiana en la margen derecha del Caquetá.

Pese a ello, las fricciones con Colombia continuaron, siendo así que en 1912 nuestra cañonera patrullaría durante largos meses el río Putumayo, sufriendo su tripulación nuevamente los estragos del paludismo.

La América volvería a tomar parte en un conflicto en 1932, cuando un indignado grupo de loretanos tomó posesión de la ciudad de Leticia, que había sido entregada a Colombia en agosto de 1930. Al día siguiente de estos hechos, el 2 de julio, la América fue enviada a Ramón Castilla, donde permanecería hasta el 26 de ese mes apoyando a los pobladores peruanos de Leticia. En dicha fecha dejó el puerto para dirigirse al Putumayo, escoltando a las tropas que iban a reforzar la posición de Puerto Arturo o Puca-Urco. Nuestra cañonera permaneció en dicho río hasta principios del siguiente año, en que retornó a Leticia con órdenes de defenderla ante cualquier intento de ataque. Las tropas colombianas que venían surcando el Amazonas se dirigieron al Putumayo, por lo que la América fue comisionada al Napo para prever cualquier posible intento enemigo de ingresar a dicho río por las trochas que llegan a Pantoja. Permaneció en ese lugar brindando diversos servicios, uno de los cuales fue el transportar al teniente segundo José Mosto Mosto con las seis minas de su fabricación que se utilizarían exitosamente contra la cañonera colombiana Magdalena cuando ésta intentó atacar Puca Urca.

La América continuó prestando sus servicios a la Marina de Guerra y a la Amazonía, desempeñando numerosas comisiones. No tomó parte en el conflicto con Ecuador de 1941, por hallarse sometida a reparaciones en el río Itaya, pero al estallar el conflicto de 1981 fue puesta nuevamente en servicio activo y, aun cuando de manera modesta, volvió a alejarse de su puerto base en son de batalla.

Hoy en día la América es un buque museo, siendo además una de las cañoneras fluviales más antiguas del mundo. Los impactos causados por los proyectiles colombianos en 1911 aún pueden observarse en su casco y superestructura, como un recuerdo permanente a los pobladores de Iquitos, y a todos los peruanos, de la férrea voluntad de sus tripulaciones por defender nuestra Amazonía a lo largo de un siglo. (Jorge Ortiz Sotelo)

 


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