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05/Ago/2004
 
 
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Artículo Alvaro y Jaime Quijandría celebraron el 97º cumpleaños de su madre, doña Lola Salmón de Quijandría. Familia de longevos, augura larga vida a los ministros hermanos.

Estirpe Ministerial

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Alvaro (64) y Jaime (62), con doña Lola y sus espléndidos 97 años. “Ella vive para nosotros, nos sigue, le interesa
todo lo que hacemos”.

Todos los días, el ministro Jaime Quijandría sale de su casa sanisidrina, cruza la calle con los diarios del día bajo el brazo y se los deja a su mamá que vive justo al frente. La señora los revisa con detenimiento, recorta cuidadosamente las noticias relacionadas con sus hijos y las pega en un gran álbum. Está orgullosa de ellos, los primeros hermanos ministros en la historia del Perú, y sigue su trayectoria con amorosa admiración.

Y como los Quijandría también están pendientes de su madre, el pasado 25 de julio que cumplió 97, tiraron literalmente la casa por la ventana. Poco a poco se fueron reuniendo hermanos, primos, sobrinos, nietos y bisnietos para festejar a doña Lola. Solo faltó Benjamín, el mayor de los Quijandría Salmón, que vive en Estados Unidos. Si bien el papá de los Quijandría murió relativamente joven, a los 63 años, es sorprendente la longevidad de los integrantes de esta familia por ambos lados, por el de los Quijandría y por el de los Salmón. Presentes en el cumpleaños y bien parados por cierto, estuvieron los hermanos de doña Lola, Pablo de 99 (padre de Jorge Salmón, alcalde de San Isidro) y Federico de 93. Desafortunadamente no llegó a la celebración Luzmila Quijandría. “Era hermana de mi padre y murió hace dos meses, a los 104 años”, dice el ministro de Energía y Minas.

“Mi mamá –señala por su parte el ministro de Agricultura– siempre ha vivido para nosotros, hasta ahora. Y mis tíos Salmón son muy unidos. Todas las semanas se juntan y hablan de sus recuerdos”.

Benjamín, Alvaro y Jaime Quijandría nacieron en Lima pero como su padre era iqueño, pasaban las vacaciones en la casa/hacienda que aún tienen en ese lugar. “Desde chicos estuvimos muy marcados por la profesión de mi papá, la agronomía, tanto que los tres estudiamos en la Agraria”, afirma Alvaro.

estirpe ministerial ica

Circa 1947, Lola y Benjamín Quijandría con Alvaro, Jaime y Benjamín. Disfrutando del calor iqueño.

Luego de culminar en el colegio Maristas de San Isidro, los tres “bien chancones” según ellos mismos y cuyas edades actuales oscilan entre los 65 y 62 años ingresaron a la Universidad Agraria. Benjamín a Zootecnia, Alvaro a Agronomía y Jaime a Economía. Alvaro fue el único que al terminar los estudios se fue a trabajar en las chacras de Ica. Benjamín, antes de irse a Estados Unidos, tuvo el mismo cargo que alguna vez ocupó su padre en el Ministerio de Agricultura: director del servicio de investigación y extensión agropecuaria.

“Yo fui el más mataperro –asegura Jaime– y desde muy joven me metí en política. Soy democristiano”.

Cuando el presidente Alejandro Toledo les ofreció a Jaime y a Alvaro sendas carteras en su gabinete, el más sorprendido fue Jaime. “Alvaro –cuenta– ya había sido candidato al Congreso dos veces por la lista de Perú Posible y había colaborado en la campaña de Toledo –“ojo, no soy peruposibilista”, advierte Alvaro–, pero yo no había tenido ninguna relación con él. Lo trato de usted y así lo haré hasta el final. Nuestra relación es absolutamente profesional y técnica, jamás hablamos de política. Además, no conozco a nadie de Perú Posible y prefiero no hacerlo”.

El hecho es que, antes que los Quijandría aceptaran, tuvieron que esperar la consulta que le había hecho Alejandro Toledo al entonces ministro de Justicia, Diego García Sayán, a fin de saber si era factible que dos hermanos sean ministros. Y sí, era posible.

Alvaro y Jaime, que de niños jugaban fútbol, por el Golf de San Isidro, donde quedaba el aeropuerto de Faucett –“jugábamos al final de la pista y cuando llegaba el avión parábamos, una vez que aterrizaba, seguíamos”–, ahora tratan de mantenerse en forma, el primero jugando tenis y el segundo trotando. El ejercicio más fuerte que hace, Jaime por lo menos, es contra la depresión. Porque motivos para deprimirse, los encuentra todos los días. Larga vida para ellos. (T.M.N.)

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