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Internacional Escribe: John Dinges | El caso Letelier: Una investigación poco probable que cambió la historia.

La Explosión que le Reventó en la Cara a Pinochet

Orlando Letelier

El 21 de septiembre de 1976, una explosión destrozó el auto en el que viajaba el excanciller de Chile, Orlando Letelier.

La investigación que llegó a las entrañas de las dictaduras militares en el Cono Sur empezó hace 40 años esta semana, justo el 21 de septiembre de 1976. Fue una mañana con llovizna en Washington DC, con un flujo tupido de tráfico por la avenida Massachusetts, cuando explotó una bomba bajo un auto que entraba en el Circulo Sheridan, casi en frente de la embajada chilena.

Fue el primer acto de terrorismo internacional en la capital de Estados Unidos. La victima, Orlando Letelier, había vivido en la cercana embajada como embajador representando el gobierno socialista del presidente Salvador Allende frente al gobierno poco amistoso de EE.UU. Letelier fue también canciller y ministro de defensa.

Minutos después llegó al Circulo el agente especial de la FBI, Carter Cornick, para hacerse cargo de más de 100 policías y oficiales de varias agencias tratando de controlar el sitio caótico del crimen.
Cornick, en una entrevista, describió el escenario:

“Vi a un número de personas .Vi un carro. Obviamente había ocurrido una explosión. Había un hombre fuera del auto, gritando, cubriéndose los oídos. Había una mujer tirada en el césped; y luego vi, por cierto, el torso de Letelier mientras era retirado del auto por varios oficiales de la policía”.

Al cuerpo sin vida de Letelier le faltaban ambas piernas. La mujer estirada en el pasto era Ronni Moffitt, también muerta, alcanzada por una astilla de metal en la arteria en su cuello. Viajaba en el auto con su marido Michael Moffitt, ayudante de Letelier. Moffitt, solo levemente herido, gritaba, “DINA lo hizo. DINA, DINA lo hizo.”

Cornick aprenderá muy rápidamente el significado de “DINA”—la sigla de la Dirección de Inteligencia Nacional, la temida agencia secreta del General Augusto Pinochet de Chile, líder del golpe militar que había derrocado el régimen democráticamente elegido de Allende.

“Bueno, lo que descubrimos pronto era que el caso tenía potenciales ramificaciones políticas tanto en EE.UU. como en el exterior”, dijo Cornick. “El fantasma de tener un diplomático extranjero asesinado en el corazón de Washington era simplemente inaceptable para cualquier gobierno y, por lo tanto, se convirtió en un caso de la más alta prioridad para el FBI en ese momento … A medida que el caso avanzaba, casi inmediatamente el potencial de tener un gobierno extranjero –específicamente el gobierno chileno– bajo sospecha criminal también hizo el caso mucho más complicado”.

Pinochet

Pinochet perdió el apoyo de la CIA.

Muy, muy complicado. En el momento del acto terrorista en Washington, Estados Unidos era el mejor aliado y defensor internacional tanto de la dictadura de Pinochet, como de todos los gobiernos militares del Cono Sur. La CIA—la agencia central de inteligencia—mantenía estrechas relaciones con DINA. Se consideraba su jefe, el Coronel Manuel Contreras, colaborador; la CIA había prestado entrenamiento en operaciones internacionales a DINA, y se le había pagado a Contreras una mensualidad de alrededor de US$ 5000 por su colaboración.

Es más. En los días y semanas después de la muerte de Letelier, fuentes anónimas de la CIA filtraron a la prensa norteamericana una información falsa que Letelier había sido asesinado por sus propios camaradas de izquierda para desacreditar a Chile y crear un mártir.

Habría que mencionar también que Cornick y su equipo de investigadores compartían el anticomunismo prevaleciente en la FBI, que había gastado –y seguía gastando– inmensos recursos en la investigación de los movimientos de izquierda y de oposición a la guerra en Vietnam.

Todas las probabilidades iban en contra de una investigación auténtica de parte de EE.UU. contra su aliado Chile, el sospechoso más importante. Sin embargo, contra toda predicción, la investigación de la FBI superó todo obstáculo político. Por primera vez, una investigación logró penetrar en las entrañas del sistema de represión militar de Chile para solucionar el crimen, apuntando con lujo de detalles a la culpabilidad de DINA y sus agentes como autores y hechores de asesinato.

Fuentes importantes de Argentina, Paraguay y Venezuela, entrevistados por la FBI, aportaron datos importantísimos que revelaron las operaciones secretas relacionadas con el asesinato de Letelier. Un coronel argentino, del servicio de inteligencia SIM, contó al agente del FBI, Robert Scherrer, que había estado en Santiago el 21 de septiembre—el día del asesinato, trabajando con sus pares chilenos. En un almuerzo con Scherrer, el oficial confidenció que consideraba probable que el asesinato fue organizado por DINA de Chile dentro del marco de un sistema de inteligencia internacional con el nombre “Operación Cóndor.”

En Paraguay, la FBI consiguió copias de telegramas cifrados mostrando el intento de Chile de obtener pasaportes falsos para su equipo de asesinos. En Estados Unidos, los investigadores aprovecharon sus relaciones con grupos cubanos de extrema derecha, logrando comprobar la participación de varios cubanos anti-Castro en la fabricación de la bomba de control remoto y de su colocación bajo el auto de Letelier. La pieza mas productiva del trabajo investigativo fue la identificación del principal asesino, un norteamericano colaborador con DINA, Michael Townley, quien una vez apresado en Estados Unidos, se convirtió en testigo no solo para el caso Letelier, sino también para otros asesinatos, como el del ex comandante en jefe del ejército chileno, Carlos Prats, en Buenos Aires y otros atentados en países europeos y de América Latina.

La voluminosa documentación creada por el FBI en el caso Letelier formó la base de las investigaciones judiciales más importantes –hasta el día de hoy– contra los crímenes de derechos humanos de militares de varios países, especialmente los del Cono Sur, miembros de la alianza Operación Cóndor, pero también en Francia, España y Italia.

Es el legado más significativo de un caso de tragedia transformado en una justicia siempre incompleta pero que se puede llamar la verdad histórica.

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