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01/Set/2016
 
 
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Literatura Escribe: Ricardo González Vigil | Gálvez Ronceros, una de las voces más originales de la literatura peruana.

Delicias de Chincha

La Casa Apartada
La maestría artística de Antonio Gálvez Ronceros (Chincha, 1932) vuelve a encandilarnos con uno de los mejores volúmenes de cuentos de esta década: La casa apartada (Alfaguara, 2016, 110 pp.). Confirma los rasgos registrados por Hildebrando Pérez Grande: “Magia verbal, escritura primorosa, gozosa invención lingüística, rigor en el uso de la lengua, audacia en la recreación de la oralidad sobre la página en blanco”. Cabe añadir: vuelo poético (un poeta en su prosa narrativa, como Arguedas y Vargas Vicuña), gracia humorística y comunión con el pueblo explotado por un orden injusto.

Para aquilatar la valoración de Miguel Gutiérrez que lo encumbra dentro de una generación pródiga en cuentistas memorables (“después de Ribeyro, es el más notable cuentista de la Generación del 50”), conviene no reducirlo a la logradísima recreación de la población afroperuana que nos obsequió en Monólogo desde las tinieblas (1975). Cada uno de sus seis libros aporta una exploración verbal distinta, aunque el universo representado sea siempre Chincha, tanto la ciudad como la campiña y caseríos vecinos, con sus mestizos y afrodescendientes.

En La casa apartada, la oralidad no reelabora el habla afroperuana, sino los giros populares y las confusiones entre palabras similares (“Lecturas extravagantes” y el Juan-Guau del cuento que da título al volumen). El humor brota de las situaciones insólitas, las cuales se despliegan en un “crescendo” carnavalizador (mendigo fraudulento, hurto, sexo con animales, humanización del perro, etc.) que resquebraja las pautas y censuras imperantes. Su imaginería popular llega a quebrar el realismo respetado en los libros anteriores: el perro habla y el hombre corre horas sin sus verijas (“Un perro en la noche”) y la burra es camuflada como una mujer (“Jacinto y manfreda”).

 


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