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Se cumplen 50 años del Instituto Raúl Porras Barrenechea. Aquí, la herencia del intelectual.

Porras Barrenechea: El Internacionalista

6 imágenes disponibles FOTOS 

Porras Barnechea

La vocación y pasión de Porras Barrenechea fue el Perú.

Escribe: Embajador Óscar Maúrtua de Romaña*

Raúl Porras Barrenechea es, sin lugar a dudas, uno de los intelectuales peruanos más lúcidos del siglo XX. Historiador, catedrático, diplomático, ensayista y político, llegando a ser presidente del Senado y Canciller de la República.

Para poder entender el pensamiento de Porras Barrenechea debemos remontarnos a la época en la que se forjó intelectualmente. A principios del siglo XX, la República Aristocrática llegaba a su fin y comenzaba el Oncenio de Leguía. En esta etapa de nuestra vida republicana florecieron nuevas ideas políticas, se formaron nuevos partidos, surgieron nuevos movimientos que exigían reivindicaciones sociales y la naciente clase media peruana reclamaba una mayor participación en los asuntos del estado.

Como alumno y dirigente estudiantil de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, estuvo muy involucrado con las ideas que planteaba la Reforma Universitaria de Córdoba. Organizó el Conversatorio Universitario, en donde participaron estudiantes en una serie de conferencias y debates públicos, en los que se trató el ambiente que precedió y rodeó a la independencia.

Porras formó parte de la Generación del Centenario, al conmemorarse los primeros cien años de nuestra república, que agrupó a personalidades ilustres como Jorge Basadre, César Vallejo, Luis Alberto Sánchez, José Carlos Mariátegui, Víctor Raúl Haya de la Torre, entre otros. Esta nueva generación de pensadores tuvo como característica común una prodigiosa dedicación intelectual, la cual se vio reflejada en el afán por entender al Perú desde todos sus aspectos.

Instituto Raúl Porras Barrenechea

En esta casona miraflorina funciona el Instituto Raúl Porras Barrenechea. Galería de Fotos

La trayectoria intelectual de Porras, lo llevó a trascender su rol como intelectual. Su gran capacidad de trabajo lo motivó a repartir su tiempo entre la cátedra universitaria, la enseñanza en las aulas escolares, la investigación académica y la participación en la política.

Una de las obras más importante de Porras fue “El Inca Garcilaso en Montilla”, en donde, gracias a su estancia en España como embajador del Perú, aportó una valiosa información documental para esclarecer un extenso lapso de la vida del autor de Los Comentarios Reales.

La bibliografía dejada por Porras es una muestra de su profundo interés por comprender nuestra herencia hispánica (sus estudios sobre la vida de Francisco Pizarro, la Conquista, los cronistas, y la sociedad virreinal), así como la andina (sus ensayos sobre el Tahuantinsuyo o del cronista indio Felipe Guamán Poma y Ayala). Incluso escribió un texto sobre el origen del nombre del Perú. Sin duda, que su verdadera vocación y pasión fue el Perú.

El legado de Porras a la historiografía del Perú también comprende la investigación que hizo sobre la historia de nuestros límites fronterizos. Para esa titánica tarea, enmarcada en los asuntos pendientes con los países vecinos, tuvo que recurrir a documentos de larga data que se remontan a los años de la conquista española. Los derechos territoriales del Perú, especialmente el tema de las provincias cautivas de Tacna y Arica, fue algo que lo cautivó y lo llevó no sólo a la investigación académica sino a la vida diplomática.

Su ingreso como bibliotecario en el Ministerio de Relaciones Exteriores en 1922, marca el inicio de su carrera en la diplomacia. En la cuestión de Leticia con Colombia, Porras fungió como asesor de los delegados peruanos que discutieron en Río de Janeiro los términos de un arreglo que no soslayara importantes aspectos históricos del litigio.

Durante las acciones militares de 1941 en la frontera con el Ecuador, la oficina de Porras, en la Cancillería, centralizó los despachos del frente y mandó a la prensa los comentarios y aclaraciones pertinentes para así poder ilustrar a los lectores y de paso contrarrestar los infundios de la campaña ecuatoriana.

En la cúspide de su quehacer intelectual, a fines de los años cincuenta, fue nombrado Canciller de la República por el presidente Manuel Prado. Coincidió con una coyuntura internacional muy crítica: el triunfo de la Revolución Cubana y los intentos de los Estados Unidos por condenar el hecho y decretar el bloqueo a dicha nación.

Como historiador, Porras era gran conocedor del pensamiento de los precursores y libertadores americanos (Viscardo y Guzmán, Bolívar, Miranda, entre otros) y no podía claudicar de las ideas de integración y solidaridad continental. Por ello, cuando representaba al Perú en una reunión de cancilleres convocada por la OEA, en la que Estados Unidos presionó para que todos los países del Hemisferio condenaran a Cuba, él, luego de un brillante discurso, votó en contra.

Sus argumentos fueron sustentados con una revisión histórica de lo actuado por la diplomacia peruana desde el siglo XIX, siguiendo una “adhesión invariable al principio de no intervención venga ésta de donde viniere, su respeto a la personalidad del Estado como base del orden internacional y a la libre determinación de los pueblos”.

Para Porras el principio de no intervención era “el más seguro amparo de las pequeñas naciones, la base más firme de la paz continental y el mejor recaudo de la seguridad común” y que este, a su vez no admitía “interpretaciones parciales y que no funciona en un sentido unilateral sino multilateralmente”.

La brillantez en aquel memorable discurso también la podemos encontrar en cada página que escribió. En sus libros no solo se aprecia el rigor científico sino también una de las prosas más impecables del siglo XX peruano. Además, a la pulcritud del idioma le añadió la solidez en el manejo de las fuentes y sus agudos comentarios.

Durante los años cuarenta y cincuenta, con toda seguridad, era el que más conocía nuestro pasado, desde los tiempos prehispánicos hasta la dura experiencia republicana. Su compromiso académico, además, queda consolidado al ver cuántos intelectuales de primera importancia en nuestro país se consideran discípulos del maestro Porras.

Al cumplirse el primer cincuentenario de la fundación del Instituto Raúl Porras Barrenechea que constituye el Centro de Altos Estudios e Investigaciones de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, que tiene como sede institucional su casa, la que donó generosamente como herencia a la Primera Universidad de las Américas, se vienen preparando numerosas actividades académicas, que – estamos persuadidos - reflejarán y coincidirán con el amor que Porras Barrenechea identificó al Perú y el Panamericanismo coherente con su pensamiento democrático, de liberalidad y de unidad.

*Ex–Canciller de la Republica y Director de la Escuela de Relaciones Internacionales de la UTP.

 


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