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Historias de fantasmas, suicidios y transformaciones sobrenaturales varias poblaron la XXVI edición de El Cuento de las 1,000 Palabras. Aquí los ganadores.

Letras con Filo

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Sin Danny Trejo

Primer Premio.- Sin Danny Trejo, pero con machete. Fernando Salinas Velarde ganó con “La sed”, una historia de miedo en los Andes.

Calificado por el jurado como “una reivindicación de lo andino en la literatura peruana”, esta vez el relato ganador de El Cuento de las 1,000 Palabras recayó en manos de Fernando Salinas Velarde. Antes, el autor ya había tanteado el triunfo en 2009, cuando obtuvo el tercer puesto en este mismo concurso con su cuento “Muerte en Venecia”. Ahora, su relato “La Sed” lo hizo acreedor de la codiciada máscara del primer premio así como jugosos 2,500 dólares. Lo siguieron Stuart Flores, quien alcanzó el segundo lugar con “El oficinista”, y Gastón del Solar Zuzunaga, quien obtuvo el tercer puesto con “Vidas paralelas”.

El comentario de Santiago Roncagliolo llegó por mail desde Barcelona, y resultó decisivo a la hora de elegir al ganador: “A menudo las tradiciones andinas pecan por ser demasiado didácticas o, al contrario, muy oscuras. Esta, en cambio, funciona como un reloj. Se lee como un clásico de la narrativa fantástica”. El maestro Oswaldo Reynoso dio la venia definitiva, y el relato “La sed”, presentado por Fernando Salinas, bajo el seudónimo de “Katari”, resultó vencedor. Melómano y ajedrecista impenitente, Salinas se hacía así del primer premio con una historia fantasmal ambientada en los Andes, en la que todo un pueblo deberá espantar a aquel hombre que, machete en mano, se interpone entre ellos y su pozo de agua.

El segundo puesto cayó en manos de Stuart Flores, periodista nacido en Huancayo que bajo el seudónimo de Petrus Borel presentó un relato de ánimo kafkiano: un oficinista hastiado de una vida hecha de pendientes, sellos y torres de papel, que sueña con la liberación final de un agujero en la sien. Ganador por partida doble, también se hizo de una mención honrosa por su cuento “La novia de Schrödinger”.

Finalmente, el tercer puesto recayó en Gastón del Solar Zuzunaga, quien bajo el seudónimo de “Octopus” participó con “Vidas paralelas”: un cuento ambientado, también, en los Andes peruanos, que lleva al protagonista a sus años de infancia, a un Cusco bucólico y a una relación tormentosa con la figura paterna. En suma, machete, balazo y añoranzas de infancia que se erigieron como elogios certeros de la brevedad, provocando recordar aquellos versos de Mario Montalbetti en su poema “Disculpe ¿es aquí la tabaquería?”: “Decir poquísimo, decir lo mínimo/que uno puede decir,/eso es lo que nos permite decir algo”. (Maribel De Paz)

Menciones Honrosas


La pelea por los primeros puestos fue reñida. De entre las más de mil historias recibidas en la redacción, las siguientes siete recibieron merecidas menciones honrosas.

“La lágrima de Gabriela”,
de Alexis Castro.

“La novia de Schrödinger”,
de Stuart Flores.

“El canal 81”,
de Carlos Fuller.

“Dos escritores”,
de Carlos Torres Astocóndor.

“Meta-morfosis”,
de Regina Contreras.

“Autopsias de un arpegio”,
de Miguel Ángel Malpica.

“Quiero ver al Nobel”,
de Lenin Solano.

 


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