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Personajes Semblanza del poeta que hace 100 años ganó los Juegos Florales de 1913 con Canto a Barranco. Hoy nuevo concurso auspiciado por CARETAS lo honra.

Juan Parra Del Riego: El Poeta Futurista

3 imágenes disponibles FOTOS 

Juan Parra del Riego

Parra del Riego tenía 18 años al ganar el premio. Las bases de los Juegos Florales de Barranco, convocados por la Municipalidad de Barranco en coordinación con el Centro Cultural Juan Parra del Riego y CARETAS, se pueden encontrar en http://tinyurl.com/lcvgh6h

El poeta Juan Parra del Riego se hizo conocido a los 18 años, hace exactamente un siglo, esto es en 1913, al ganar con su “Canto a Barranco” los Juegos Florales convocados por la municipalidad de Surco, al que antes pertenecía este distrito.

Uno de aquellos sonetos, “El Puente de los Suspiros”, que se ha grabado en una placa de mármol en lo bajo de este tradicional puente barranquino, dice así:

Yo he sentido al pasar por este puente
Silencioso, propicio, ensoñador,
Cual si fuera pasando lentamente
La página de un libro evocador.

Muchas cosas de ensueño me ha contado
En un mudo lenguaje suspirante,
Me ha desenvuelto el lienzo del pasado,
De su pasado trágico y galante

Un día fue romántico paseo
Del dulce y femenino secreteo;
Otro fue la tragedia de un Don Juan

Y hoy que evoco sus penas y sus gozos
Contemplándolo siento que se van
Los suspiros haciéndose sollozos.

Hijo del coronel pierolista Domingo Parra y de Mercedes Gonzales del Riego, había nacido en Huancayo en 1894, y su familia recién se estableció en Barranco cuando él tenía 16 años, Martín Adán no había aún nacido y Eguren recién andaba por los 20 años. Quien dominaba la escena poética en el Perú era el posmodernista José Santos Chocano, cuya altisonante poética estaba ya pasando de moda, asediada por las nuevas corrientes artísticas provenientes del Viejo Continente. En 1909 Filippo Marinetti había lanzado en Italia el Futurismo, que cantaba los primeros logros de la Revolución Industrial en marcha sobre el mundo, pero le daba un contenido agresivo, machista, que a la larga iría a coincidir con el fascismo de Mussolini. Pero el Manifiesto ponía de relieve el mundo industrial, maquinista, en el que ya estábamos viviendo, y abría la posibilidad de expresar poéticamente a los trenes, a los rascacielos, a las motocicletas…

Nos estábamos alejando rápidamente del rancio sentimentalismo bucólico de los herederos del romanticismo, estábamos necesitando un nuevo lenguaje para expresar ese nuevo mundo que se nos venía encima, y Parra del Riego, a su corta edad y desde Lima, había optado por esa opción radical que se lo llevó, como un torbellino, por sendas y mares desconocidos, para convertirlo en el mejor poeta futurista de su época, superando desde luego al poco carismático Marinetti, y fue forjador de la vanguardia poética en lengua española, con Vallejo, Oquendo de Amat, Vicente Huidobro.

Parra del Riego conoció, en su primer viaje a Trujillo, a Vallejo y a Antenor Orrego, inaugurando lo que sería su corta vida trashumante, que luego lo llevaría a Santiago de Chile, Tucumán, Buenos Aires y Montevideo, huyendo de un miserable puesto burocrático en El Callao. Tenía 21 años y estaba determinado a ser un gran poeta.

En su poema “Mañana con el alba”, escrito en Buenos Aires, dice:

Mañana con el alba, yo me iré, madre mía
Mascando mi secreto de sangre y de ironía.
Sólo quiero partir, irme, no importa dónde….

Maquinista o acróbata, marinero o ladrón,
Yo partiré mañana…

Poeta de las máquinas, del sol y de la tierra,
Yo necesito todos mis nervios con su guerra.
Vivir es ir, pelear, vencer o destrozarse
Quien lleva más la luz es el que más la esparce….

Y el poeta se fue para siempre del Perú, con breves retornos puntuales, pero fijó su residencia en Montevideo, donde los colegas poetas lo habían recibido muy bien. Llegó a Uruguay en 1917, cuando toda Europa hervía por la Primera Guerra Mundial y la Revolución Soviética amenazaba con transformar el mundo. Desde el primer momento hizo amistad con poetas como Jules Supervielle, y más adelante con Gabriela Mistral, Delmira Agustini, Juana de Ibarborou, y otros menos conocidos como Carlos Sabat Ercasty. Es decir que se incorporó a la elite de la poesía de Río de la Plata, que le abrió las puertas a este joven poeta de intensa personalidad, de espíritu vibrante, de inmensa sed de vivir, que Montevideo reconocería póstumamente como poeta uruguayo, y hoy ostenta un monumento en la capital oriental, cosa que no tiene en Lima. Y esto es seguramente porque allí escribió sus mejores poemas, “Al motor maravilloso” “Loa del fútbol” y el inolvidable “Polirritmo dinámico a Gradín, jugador de futbol”, que es sin duda el mejor poema jamás escrito sobre el popular deporte.

Ágil
Fino,
Alado,
Eléctrico,
Repentino,
Delicado,
Fulminante,
Yo te vi en la tarde olímpica jugar…

Isabelino Gradín fue un extraordinario futbolista uruguayo que hacía delirar al público con su virtuoso juego, y el poema de Parra del Riego se hizo tan popular que sus fans se lo sabían de memoria y lo recitaban a grito pelado en el estadio, cuando este moreno jugaba… Las barras bravas no quemaban automóviles ni trucidaban a pacíficos viandantes, sino que ¡recitaban poesía! Y es que los “Polirritmos”, se jugaban sobre un tejido de ritmos envolventes, avasalladores, casi hipnóticos, que pocos poetas han logrado. En otro famoso “Polirritmo dinámico de la Motocicleta” dice:

Sesgada en el viento la cálida quilla del perfil tajante
Y suelto el espíritu al día como una cometa,
Yo todas las tardes me lanzo al tumulto de las avenidas
Sobre un trepidante caballo de hierro:
Mi motocicleta!


El Futurismo exalta la velocidad, el riesgo, la juventud, la salud física, pero por una de esas paradojas en que es pródiga la vida de los poetas, Parra del Riego había nacido con una salud muy frágil que no siempre lo acompañaba. En 1922 viajó a Brasil para asistir a las Olimpiadas de Río de Janeiro, y fue víctima de una afección intestinal que lo postró en un hospital. Ese mismo año viajó a París invitado por el poeta franco-uruguayo Jules Supervielle, y allí cayó enfermo de tuberculosis, mal que ya no lo abandonaría hasta su temprana muerte. Cuenta la leyenda que esto no le impidió raptarse a una hermosa chiquilla de un convento para casarse con ella, amadrinado nada menos que por Juana de Ibarbourou, en 1925. Ella era Blanca Luz Brum, la que luego de su muerte se haría legendaria por sus sonados romances con David Alfaro Siqueiros, el magnate Natalio Botana, el ingeniero Jorge Beeche y un largo etcétera entre el que se rumorea a César Miró. Ese mismo año falleció el poeta, antes de cumplir los 30 años. Cuando murió, Blanca Luz hacía apenas 6 días que había dado a luz a su primer hijo, al que el poeta no llegó a conocer.

Paz a sus huesos. (Rodolfo Hinostroza)

 


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