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Cultural La historia peruana y la literatura según el empresario Diego de la Torre.

El Canon De la Torre

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“Paco Yunque es mi obsesión”, confiesa mientras abraza el retrato de César Vallejo hecho por su abuelo, Macedonio de la Torre.

A Diego de la Torre de la Piedra le dieron duro. Son testigos quienes leyeron la avalancha de insultos que recibió en las redes sociales. Su hija, que le sugirió no revisar el Twitter ni mucho menos el hashtag #CulpaDeVallejo. Sus amigos, que se toparon con su nombre en el vertedero del Facebook. La Fuenteovejuna digital duró cuatro días. Cuatro sesiones de apanado mediático que empezaron el día de la publicación de su columna Vallejo, Ribeyro y Montaigne en el diario El Comercio. Aquel martes 13 de marzo del 2012, De la Torre señaló la influencia negativa de César Vallejo y Julio Ramón Ribeyro. Subrayó el endémico pesimismo y la sublimación del fracaso que significaban sus respectivas obras, reduciendo décadas de literatura peruana a dos lugares comunes. En su esquema ideológico, ambos estaban en un mismo saco con Stalin, Mao y Pol Pot. El debate creció hasta el viernes 16: el día de los 120 años del poeta.

De la Torre respondió. El martes 10 de abril publicó otra columna en el mismo diario. En ella, el empresario vaticinó que el Perú será un país del primer mundo en 25 años. Celebró que “los nietos del triste y pusilánime Paco Yunque no quieren ser como el Che Guevara o ‘Artemio’”, sino como “Máximo San Román o Gastón Acurio”. Además, dijo que los hijos y sobrinos de “la frívola e indiferente China Tudela” han superado “el hedonismo vacío e irresponsable de su madre”. Finalizó con un reto: “no dejemos que intelectuales, analistas y periodistas asimétricamente tanáticos o enjaulados ideológicamente nos digan que los peruanos estamos condenados al fracaso”.

–¿Ha sido el Perú un país derrotista?
–El imperio incaico fue una gran historia de éxito. Falta que se muestre al mundo. Imagina una épica andina tipo Braveheart sobre el amor entre un inca y una española. O algo sobre Machu Picchu en Disney. O un Deepak Chopra andino. El Inca Garcilaso fue el primer cholo power, y en el Perú se están clonando los cholo powers. Se quieren comer el mundo.

-¿Qué piensa de la herencia colonial?
-Creo que la república nos fregó más. También fue nocivo Velasco. Mi primera manifestación fue decir ¡Viva Papa Noel!

-¿Encarna la alianza APRA-UNO?
-Eso lo dicen porque soy nieto de Julio de la Piedra y Haya de la Torre fue mi tío abuelo. No estaría mal: eficiencia con sensibilidad social.

–¿Qué otro autor lo deprime?
La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada (1972) es genial, pero monstruosa. Caricaturiza al capitalismo como la abuela que prostituye a su nieta. El mensaje subliminal es que el lucro es malo. Lees El Tungsteno (1931) y, a pesar de su belleza, te deja mal. Vargas Llosa es positivo.

–¿Lo dice por Conversación en La Catedral (1969)?
–La leí, pero no me pareció derrotista. Había vitalidad en el protagonista. Mira La tía Julia y el escribidor (1977). El tipo conquistó a la tía guapísima, viajó a París y ganó un premio. ¡El pata es un ganador! Ése es un peruano que la hizo.

–¿Qué pensó cuando Vargas Llosa se inclinó por Ollanta Humala?
–Yo no voté por Humala, pero ha resultado ser una grata sorpresa.

–¿Qué le parece Kafka?
–Kafka ya no sería un escritor costumbrista aquí. Hemos mejorado como país.

–¿Le gusta Ciro Alegría? Su hijo Alonso defendió su columna.
–Me encanta El Mundo es Ancho y Ajeno (1941). Pero Ciro Alegría también es depresivo, como Arguedas. ¡Qué bueno que no me hicieron hablar de Arguedas! (Escribe: Carlos Cabanillas)

 


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