miércoles 26 de julio de 2017
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 2218

09/Feb/2012
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Acceso libre SeguridadVER
Acceso libre ActualidadVER
Acceso libre InternacionalVER
Acceso libre MediosVER
Acceso libre CorrupciónVER
Acceso libre MineríaVER
Acceso libre BicentenarioVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Acceso libre CulturaVER
Sólo para usuarios suscritos Justicia
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Acceso libre Conc. CanallaVER
Sólo para usuarios suscritos Quino
Acceso libre MúsicaVER
Columnistas
Acceso libre Gustavo GorritiVER
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos Luis E. Lama
Sólo para usuarios suscritos Nicholas Asheshov
Suplementos
Acceso libre La MolinaVER
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2460
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Debate ¿Si la cultura no sirve para buscar la inclusión, para qué sirve? Argumentos a favor del maridaje entre letras y platos. Ivan Thays, nobleza obliga, se pronuncia.

Thays, Gastón y Las 1000 Palabras

2218-thays-1-c

Thays fue jurado del Cuento de las Mil Palabras en el año 1999. En 2000 ganó el Premio Príncipe Claus por su contribución cultural.

En mayo de 2011, una escena del recordado mockumental de la Marca Perú resumió el legado de las letras peruanas en dos libros de exportación: un volumen con la obra poética de César Vallejo y un ejemplar del recetario de Nicolini ¿Qué cocinaré hoy? Aquella elección provocó un discreto rumor de indignación en las redes sociales. Viendo el episodio en retrospectiva, fue apenas el entremés del arroz que hoy se lanzan escritores y cocineros. Iván Thays no es el primer ni el último escritor peruano en criticar lo que González Prada llamó nuestra “furiosa rabia de comer”. Pero tan longeva como la tradición de cuestionar el ventralismo nacional es la de celebrar nuestro mestizaje culinario. Un ejemplo es el propio Ricardo Palma, contemporáneo del anarquista.

Lo realmente singular en este debate es que se da en un contexto de crecimiento macroeconómico que no ha implicado una mayor difusión de las industrias culturales nacionales. Se publican más libros, se filman más películas y se graba más música. Pero se lee poquísimo al respecto y se entiende aún menos. Ese cada vez más diminuto espacio cultural en prensa y televisión ha sido copado por reportajes gastronómicos, lo que no es culpa de los cocineros. El propio Thays solía tener un programa de difusión cultural llamado Vano Oficio, nada menos que en el canal del Estado.

Pero lo que debió ser un debate cultural no ha sobrevivido a los procaces y anónimos pullazos en las redes sociales. A estos se le han sumado pedidos de paso al costado, tanto para Acurio como para Thays.

Este es, en última instancia, un enfrentamiento equívoco entre dos tradiciones –la cocina y la literatura peruana– por arrogarse la representación cultural de un país (siendo la cultura la última rueda de una carcacha sin ruedas). Lejanos parecen los días en que ambas se sentaban a la mesa sin patearse por debajo. Uno podía leer ensayos de Antonio Cisneros sobre mestizaje gastronómico, sesudos textos de Max Hernández, crónicas históricas de Jorge Salazar o una semblanza sobre el escritor y cocinólogo catalán Xavier Domingo a cargo de Rodolfo Hinostroza en una de sus varias columnas en CARETAS (Todas las Salsas, La Verdad de la Milanesa). También se escribía sobre los almuerzos de Lezama Lima, los poemas de Rose y Vallejo (“La cena miserable”), y la cocina en boca de los franceses Talleyrand y Rabelais. Finalmente, se podía hojear suplementos y revistas como Pachamanka o La Buena Mesa. Y libros como El Diente del Parnaso (2000) o La Academia en la Olla (1995). Ojalá se repita ese plato. (Carlos Cabanillas).


Alguna vez descalificaron a Vladímir Nabokov para una cátedra de literatura en una universidad norteamericana diciendo que “Un elefante no está capacitado para hablar de zoología”. Las clases de Nabokov, luego publicadas en libro, me parecen estupendas aunque quizá resulten arbitrarias para un académico. Cuando hice el programa Vano Oficio, en su última etapa, la producción y yo decidimos invitar escritores y académicos pero también personajes no vinculados a la literatura, para que todos hablaran de sus lecturas y así dejar en claro que el libro no es un objeto sagrado sino un instrumento de diálogo o reflexión que incluye a todos. Recuerdo la maravillosa experiencia que fue para mí tener a la fallecida Chelita, la mujer eternamente joven, en mi set, hablando de “El retrato de Dorián Gray”. Asimismo, puedo confirmar el aporte fundamental del cineasta Fernando León de Aranoa cuando fui jurado del premio Alfaguara Internacional de Novela (ese premio siempre invita a una personalidad que represente a los lectores de a pie, digamos).

Si Gastón Acurio se siente capacitado para leer cuentos y comentarlos, me parece un aporte significativo y una decisión excelente hacerlo miembro del 1,000 palabras de CARETAS; de modo alguno pienso que debe renunciar obligatoriamente. Al contrario, creo que todos los concursos literarios deberían tener lectores en sus comités, así como los festivales de cine suelen contar con espectadores incluso como presidentes del jurado. (Escribe: Ivan Thays)

Palabra de Jurado

2218-thays-2-c

Patricia del Río, miembro del jurado, es lingüista y periodista.

¿Por qué Gastón Acurio sí debe ser parte del jurado del Cuento de las Mil Palabras de la Revista CARETAS?

1. Porque no solo leen y disfrutan de las obras literarias los especialistas y críticos. También los lectores comunes y corrientes que no son pasivos frente a los textos; tienen opiniones y valoraciones que deben ser tomadas en cuenta. La inclusión de Gastón Acurio en el Jurado es la manera como CARETAS les da espacio a todos los que disfrutan de la literatura sin ser especialistas. La historia está repleta de autores que la critica ninguneó y el público, con sabiduría menos mezquina, quizás, le otorgó reconocimiento.

2. Porque en la apuesta por un jurado plural se asegura una evaluación que tome en cuenta diversos puntos de vista. Conformamos el jurado del Concurso del Cuento de las Mil Palabras en esta oportunidad Patricia del Río (lingüista y periodista) Abelardo Sánchez León (escritor y periodista), Antonio Cisneros (poeta, cronista), Jaime Bedoya (periodista); y para los cuatro es un honor y un gusto compartir la experiencia con Gastón Acurio (cocinero), quien sumará a la mirada de los especialistas la del lector cómplice, del que evalúa sin tanto rollo, del que disfruta un libro sin tanta teoría.

3. Porque nombrar a alguien jurado de un concurso no solo es otorgarle una responsabilidad sino un reconocimiento a que la labor que realiza ha trascendido el ámbito de su especialización. Acurio hace tiempo que demostró que su apuesta es construir un país con futuro y con identidad, y por eso su ímpetu, su preparación y su criterio tienen que ser puestos al servicio de un jugoso lomo saltado (papas aparte), pero también de los creaciones literarias de nuestros escritores.

4. Porque esa secretaria que lleva escondidos sus cuentos hace años, ese adolescente que pasa horas tratando de terminar su último relato sobre zombies, ese jubilado que ha contado la historia de amor de su vida en 42 versiones distintas pueden ver en Acurio la invitación a desechar sus temores: este no es un concurso de especialistas para especialistas, es de todos y para todos; y siempre lo ha sido.

5. Porque si aceptamos la renuncia de Gastón habrá ganado ese Perú al que le jode el éxito ajeno, que construye su identidad sobre la base de la exclusión y de volver la cultura elitista para convertirla en un elemento que enfatiza la discriminación.

6. Porque los demás miembros del jurado debemos admitir que hemos participado como jueces en concursos del mejor suspiro a la limeña del barrio, de cine, de periodismo, de disfraces, de poesía, hasta de tango sin que hayamos reunido las cualidades de especialista que hoy se le reclaman al cocinero.

7. Por último, y lo tenemos que confesar, porque el susodicho ha prometido que la deliberación del jurado será en una mesa rodeados de sabrosa comida peruana de leve digestión y mejor recuerdo. (Escribe: Patricia Del Río)

 


anterior

enviar

imprimir

siguiente
Búsqueda | Mensaje | Revista