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El cebiche a punto de convertirse en un plato de lujo gracias a la depredación.

Se Va Se Va la Mar

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No se volverán a ver pulpos como estos mientras se siga burlando la veda.

Los peces están desapareciendo de nuestro otrora pródigo mar y en unos cuantos años comer cebiche podría ser un verdadero lujo. Precisemos. Lo que está extinguiéndose son las especies sobreexplotadas por una pesca irracional y un consumo irresponsable. En nuestras costas se encuentran registradas 1,070 especies de pescados, mil cien de moluscos y cuatrocientas de crustáceos. De ellas, el 14% tiene gran potencial gastronómico (www.gastronomiasostenible.pe). Sin embargo, como no hemos sido educados en la cultura de la biodiversidad y, en general, pensamos que los recursos del mar son inagotables, nuestro consumo se ha concentrado en un puñado de variedades cada vez más difíciles de encontrar: chita, lenguado, corvina, conchas negras, pulpos, erizos o palabritas.

Muchas son las voces de alerta que se están dando desde la sociedad civil aunque el Estado todavía sigue sordo que no distraído frente al estropicio. Alfonso Chávez, empresario farmacéutico y buzo de larga data, es testigo de décadas de deterioro y reducción inmisericorde de los stocks de especies marinas. “La explotación se ha concentrado en la pesca de anchoveta, que tiene una biomasa enorme y genera mayores ingresos con menor esfuerzo”, dice.

La falta de reglamentación y control por parte de las entidades responsables (Produce y Dicapi) impide que la protección de las especies en peligro de extinción (como la chita, por ejemplo) sea eficiente. No existe un listado completo por especies, tallas y temporadas, ni data técnica sobre épocas de desove. En fin, al no haber información adecuada no hay sanción oportuna. “La pesca artesanal se ha deformado por la dificultad cada vez mayor de encontrar especies ‘cotizadas’, y los pescadores se involucran en prácticas depredadoras como el traqueo (redes con las que cercan un espacio y, ayudados por compresoras de aire, absorben todo lo que pueden sin distinguir tamaño ni especie)”.

Hay situaciones tan ridículas que podrían sonar a burla si no fuera por el dramatismo que encierran. La Dicapi (Dirección de Capitanías y Guardacostas del Perú), encargada del control y vigilancia en el mar, tiene enormes barcos anclados en puertos grandes, costosos a la hora de moverse, y totalmente ineficientes para vigilar cientos de caletas pesqueras que hay en nuestro litoral, donde lo más funcional sería contar con pequeñas embarcaciones de mejor maniobrabilidad. Produce (Viceministerio de Pesquería) se encarga del control en tierra, pero lo hace con tanta desidia o con tan poca imaginación que no se le ocurre inspeccionar mercados mayoristas o establecer alianzas con la Policía y los municipios que podrían ser eficientes vigías para que expendedores y restaurantes respeten vedas y estándares de talla establecidos. La verdad es que si las vedas están funcionando es gracias al compromiso de algunos cocineros, no al control del Estado. ¿Tenemos el mar más pródigo del mundo? El biólogo Yuri Hooker y funcionario de SERNANP rompe mitos: el Pacífico no es el océano más rico sino el más productivo en biomasa (no se refiere a peces sino a fitoplancton) y esta biomasa se encuentra solo hasta los 50 metros de profundidad. Es decir, un área relativamente pequeña para extraer pescados de consumo, ya que ahí abunda una sola especie: la anchoveta, y está sobreexplotada.

Y otra más que parece de Ripley: el Perú es el único país del mundo donde los pescados no son considerados fauna silvestre porque al vivir dentro del agua no pueden estar en la lista de especies amenazadas. Plop. Ya la macha se perdió genéticamente en nuestras costas, aunque vive saludable en las de Chile. No dejemos que otras especies sigan el mismo derrotero.

En medio de este tormentoso panorama cabe resaltar el papel de SERNANP, que está formando cuerpos de guardabosques voluntarios, previo diálogo y capacitación. Son 22 islas y 11 puertos guaneros a lo largo del litoral en donde trabajan bajo este concepto, concretando alianzas estratégicas con la población civil, y convenciendo a los pescadores sobre los beneficios de la conservación. Si bien son planes focalizados, los resultados que muestran son alentadores: en los puertos guaneros de Chimbote se ha duplicado el cultivo per cápita en un lapso de seis meses, gracias al resguardo de los guardacostas contra la pesca ilegal.

Es cierto que el Estado tiene la responsabilidad de proteger nuestro mar, pero no es exagerado pensar que los consumidores también tenemos la capacidad de cambiar el destino de nuestras especies marinas consumiendo otras especies y oyendo a los restaurantes que ofrecen “pesca del día”, es decir, pescado fresco, de especies en temporada, que representan una biodiversidad que tenemos la obligación de proteger. (Por: María Elena Cornejo)

 


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