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Opinión “Ollanta Humala no tiene ni tuvo ninguna razón para ser un político de izquierda…”.

¿Quién Dijo Que era de Izquierda?

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LIMA, 19 DE DICIEMBRE DE 2011

Recuerda el periodista inglés Christopher Hitchens (Hitch) en sus memorias cómo su padre, un marino leal a su institución, escandalizado por lo que consideró una humillación a Gran Bretaña por la forma en que se ganó la segunda guerra, él y un grupo de colegas estaban decididos a devolver sus armas y uniformes. La decepción: la política, sobre todo la lealtad ciega e irracional que los conservadores (tories) demostraron ante los norteamericanos. Hitch padre se expresa con amarga sorpresa de un político en particular, en los términos siguientes: “Es tory pero no tiene ninguna razón para serlo”.

Ollanta Humala no tiene ni tuvo ninguna razón para ser un político de izquierda, nunca, ni cuando se levantó con su hermano en una pampa pelada de Tacna contra Fujimori, ni en su discurso en el mitin de cierre de la última campaña, ni al medio de ambos episodios. Pudo sí haber sostenido en público ideas próximas a un nebuloso pensamiento socialista, como la necesidad de fortalecer la presencia del Estado en la economía o la de crear una línea aérea de bandera para contrapesar la presencia en el Perú de otra, extranjera. Pero más allá de eso, nunca exhibió palabra ni papel alguno que hiciera pensar en una propuesta programática consistente con los principios post marxistas que dominan la escena de la izquierda mundial, hoy. Es decir, a Humala otros lo cargaron como a un ekeko de proyecciones y deseos que él hacía suyos hasta cierto punto, con mucha menor virulencia y entusiasmo que el demostrado por sus seguidores venidos de la izquierda tradicional.

Hay que decirlo, Humala no ha defraudado a nadie, toda esa historia confusa entre el Plan de Gobierno y la Hoja de Ruta fue una creación de los individuos que jaloneaban al candidato con mayor chance para, una vez en el poder, ver qué se hacía con él. Mientras tanto el candidato con mayor chance bailaba con cautela al son que le iban tocando pero en realidad, jamás dejó de hacerlo con su propio pañuelo, y en pareja con Nadine. El resto, los integrantes de una comparsa que les armaban la ronda con guapeos y aplausos pensando que así se quedarían con la autoría de la fiesta.

No puedo dejar de recordar los años 75 y 76, momentos tensos para el gobierno de Velasco, pues las pujas entre los militares progres y nacionalistas con los marinos ultraconservadores nos tenían a buena parte del país en una especie de angustiosa pindinga, como observadores de una lid que nos era ajena. Entre un general Fernández Maldonado de la cría del tercermundismo y un almirante Vargas Caballero de la estirpe de Videla, quienes andábamos pendientes de la política temíamos algunos lo peor y otros lo mejor, según cada compás de cada día y cada color de cada cristal con que se veía. Y cuando al fin Morales Bermúdez redefinió el cauce de las cosas, una sensación de derrota se extendió como un manto sobre gran parte de la izquierda: “te nos caíste, militar peruano de los nuestros”, podría haber sido el lamento que salía de sus canteras.

Humala no ha desilusionado, quien está sufriendo la mayor decepción es aquel que puso en el actual castrense presidente expectativas que este apenas deslizó y que sin querer queriendo se convirtieron en eficaces señuelos para gente de tan vieja militancia en la política que resultó siendo impecablemente incauta, si es que no irresponsable. Cuando se levanta un ídolo y este comienza a tambalearse, antes que investigar en los cimientos del tótem conviene conocer las confusiones de su constructor. (Escribe: Rafo León)

 


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