martes 16 de julio de 2019
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 2212

22/Dic/2011
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Acceso libre ActualidadVER
Acceso libre MediosVER
Acceso libre Opinión VER
Acceso libre Resistencia 2010VER
Acceso libre LibroVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Acceso libre CulturaVER
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos Disco Duro
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Acceso libre Conc. CanallaVER
Sólo para usuarios suscritos Quino
Acceso libre ArteVER
Acceso libre Fe de ErratasVER
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Raúl Vargas
Acceso libre Gustavo GorritiVER
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos China Tudela
Acceso libre Luis E. LamaVER
Suplementos
Acceso libre La Copa IlustradaVER
Acceso libre Región LimaVER
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2460
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

La Flor y el Garrote

2212-gorriti-1-c
Jaime Bayly, Patria Roja, Gregorio Santos, el Estado de Emergencia y las reacciones del presidente Humala ante las alteraciones del orden público. Por Gustavo Gorriti.

A estas alturas, ya sabemos muchas de las razones por las que cayó el efímero y dialéctico gabinete Lerner. Era, en suma, un gabinete interesante de primerizos que interactuó con un presidente igualmente inexperto, pero sobre quien la alquimia de Palacio producía, en pocos meses, efectos especiales.

Cuando Siomi Lerner viajó hacia lo que sería su última gestión en Cajamarca, era evidente que los preparativos para declarar el Estado de Emergencia en la región estaban listos para ponerse en práctica. Menos evidente era la historia de cercanías y animosidades entre los protagonistas principales de este conflicto.

Un primer capítulo en esta historia empezó hace algo más de un año, el 6 de diciembre de 2010. Jaime Bayly publicó ese día una columna en Perú.21, con una cita de cuatro palabras que logró celebridad instantánea y perdurable, además de vida propia en varios saberes, desde la economía hasta la taumaturgia: “la plata llega sola”.

¿Recuerdan? Es Alan García explicando, según Bayly, cómo son los ingresos de un Presidente de la República.

En párrafo siguiente de esa cita, había otra revelación no menos importante. En palabras de Bayly: “Luego García dijo algo que me pareció gravísimo: que si el señor Humala gana las elecciones, él propiciará un golpe de Estado e impedirá, quebrantando la ley, que Ollanta Humala sea presidente. ‘Aunque me metan preso, Humala no será presidente’, se pavoneó García”.

Un año después, Humala es presidente, García ni hizo golpe, ni lo intentó, ni está preso. Y de ese grupo de contertulios, fue Bayly más bien el eventualmente contratado en una campaña televisiva para impedir el triunfo de Humala, que terminó en fracaso.

Pero entonces, en diciembre de 2010, hubo quienes tomaron muy en serio las aparentes palabras de García (por más que este negó haber dicho lo que Bayly le atribuyó).

Los dirigentes de Patria Roja llevaban largas conversaciones con Gana Perú, el partido de Ollanta Humala, para apoyar a éste en las elecciones de 2011. En un artículo reciente sobre el conflicto en Cajamarca, Ricardo Uceda afirma que “Ollanta Humala y Alberto Moreno, el secretario general de Patria Roja, se han reunido unas veinte veces –siempre con presencia de Nadine Heredia– y nunca establecieron una alianza”.

Uceda añade que “según fuentes de Patria Roja, una vez, al regreso de un viaje a Cuba, Humala le dijo a Moreno: ‘En una mano tengo una flor y en la otra un garrote. Tienen que escoger’”. Algo más poético el comandante que los gringos del palo y la zanahoria, pero el mismo significado al final.

El problema es que entre el 6 y el 10 de diciembre de 2010, los de Patria Roja llegaron a la conclusión, luego de leer el artículo de Bayly, que Humala se había quedado sin flor y sin garrote.

Según algunos miembros importantes de la entonces campaña presidencial de Humala, la gente de Patria Roja llegó a la conclusión de que Humala estaba “vetado”, que no tenía “ninguna posibilidad” y le retiraron el apoyo que, según esas fuentes, había sido prometido.

En pocos días, Patria Roja no solo abandonó a Humala sino se unió a la candidatura de Manuel Rodríguez Cuadros. Un estricto análisis marxista de las condiciones objetivas y las subjetivas los convenció de que la postulación de Rodríguez Cuadros tenía futuro y que la de Humala apenas tenía pasado y estaba condenada al fracaso.

Luego, a través de un intermediario, le pidieron a Humala que se retire y endose sus votos a Rodríguez Cuadros.

La sugerencia fue expeditivamente rechazada. Humala y los dirigentes de la campaña de Gana Perú sintieron el cambio de bando de Patria Roja como una traición.

De todos modos, el acercamiento entre Patria Roja y Fuerza Social duró poco. Como poco duró la candidatura de Rodríguez Cuadros.

Seis meses de incesante suspenso después, maniobrando al borde del abismo, bendecido por la oportunidad, el destino y una excelente campaña, Humala fue elegido presidente de la República con un discurso de harta flor y poco garrote.

En Cajamarca, el presidente regional ya elegido era Gregorio Santos, dirigente de Patria Roja.

Fuentes vinculadas con el Gobierno coinciden en que dentro del complejo escenario de conflicto por el proyecto Conga, en Cajamarca, la actitud de Humala hacia el gobierno regional de Cajamarca y hacia Santos en especial, fue de desconfianza, sospecha, controlada hostilidad.

De acuerdo con el testimonio concordante de estas fuentes, fue el propio Humala quien más insistió en la declaratoria del Estado de Emergencia y coordinó buena parte de las medidas en forma directa con el ahora premier Óscar Valdés y, en Lima, con el ministro de Economía Luis Miguel Castilla.

No fue la primera vez que Humala se inclinó por declarar el Estado de Emergencia. Durante los desórdenes en Andahuaylas, en noviembre, el Presidente, que se encontraba en la reunión de la APEC, recomendó al Gabinete que se declarara dicho Estado, pero en esa ocasión ni el entonces ministro del Interior, Óscar Valdés, ni el premier Siomi Lerner, estuvieron de acuerdo.

Quienes conversaron con el Presidente sobre ese tema, lo encontraron mucho más dispuesto al garrote que a la flor. Lo mismo ocurrió, solo que más acentuado por la desconfianza que le inspira Patria Roja, en el caso de Cajamarca.

Una de las cosas que define más el estilo y el carácter de un presidente es cómo reacciona y actúa frente a alteraciones (reales o percibidas) del orden público. En estos meses de aprendizaje en el cargo, el presidente tuvo una primea reacción similar en los dos conflictos regionales sucesivos: Apurímac y Cajamarca. En ambos, su primer impulso fue imponer el Estado de Emergencia. Eso quiere decir que él no es de los que consideran que la mejor manera de restablecer el orden sea el diálogo sino de los que piensan que la mejor forma de restablecer el diálogo es el orden.

Humala ha cambiado mucho en estos años, en estos meses y hasta en estas semanas. Y como sigue en un proceso de aprendizaje en el trabajo, creo que lo veremos cambiar todavía más, en la medida que experimente con nuevas estrategias, nuevas tácticas frente a los para él totalmente novedosos problemas que enfrenta.

Se dirá que todos los políticos y, en especial, los presidentes, han cambiado en forma notable de un período al otro, de un año al siguiente y, en especial, de la campaña a la elección. Los cambios de García son quizá los más dramáticos puesto que son articuladamente contradictorios; dogmas opuestos defendidos en tiempos sucesivos por el mismo sacerdote. El García de la patadita hablaba con tanta convicción sobre los derechos de los trabajadores como escribía el García de la CONFIEP sobre el perro del hortelano.

Toledo cambió menos, porque una buena parte de su discurso está en perpetua adaptación, sólido en algunos aspectos centrales, pero incierto y resbaloso en otros.

Después del fallido experimento de su primer gabinete, Humala parece proseguir en la búsqueda pragmática de un centro de gravedad político. En ese proceso, sus instintos y reacciones reflejas van a seguir ciertos patrones. Ha luchado por el poder y ahora quiere ejercerlo. Y para él, el poder es, entre otras cosas, la capacidad de dar órdenes y ser prontamente obedecido; y también, no en forma predominante pero tampoco prescindible, de recordar ciertos agravios, ciertos enojos, ciertas ayudas y favores del pasado, para darles una puntada más con el hilo de Palacio.

Sin ser frecuentemente irracional, Humala tenderá a contestar un desafío hostil con una respuesta dura. Podrá ser terminante y hasta violento en el proceso, aunque no creo que descontrolado. Por eso, le conviene tener a su lado a gente eficiente, disciplinada pero con el temple suficiente como para discutirle y hasta saber decirle que no, que no se puede. (Gustavo Gorriti)

 


anterior

enviar

imprimir

siguiente
Búsqueda | Mensaje | Revista