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Local La resurrección de La Herradura llega como regalo por Navidad: la playa soñada que tendrán los limeños.

Idilio Playero

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La nueva Herradura contempla un amplio boulevard, 230 estacionamientos y una orilla nuevamente enarenada.

En la playa La Herradura existen olas diferenciadas. La primera es la histórica, la que se añora y la que busca volver con la resurrección que la alcaldesa de Lima, Susana Villarán, está terminando de esbozar para este verano, luego que otra ola, una de llanto, terminase por arruinar el balneario. Era 1984 cuando el ex alcalde chorrillano, Pablo Gutiérrez Weselby, truncó una tradición de 74 años al ponerle dinamita al cerro circundante para hacer una pista hasta La Chira: no la concluyó, pero sí mandó al olvido a La Herradura. Hoy, por suerte, el balneario está por renacer.

A casi un año del anuncio de recuperación de Villarán, la playa, cuyo rediseño es obra del arquitecto Augusto Ortiz de Zevallos y que ha costado alrededor de S/. 8’000,000, será entregada en fechas navideñas. Y con la inercia renovadora, los locales del área, como El Suizo, también se están poniendo pintones para no desentonar con el nuevo balneario.

Entonces, desde lo alto, a espaldas de la urbe chorrillana, baste la siguiente visualización de oeste a este: el panorama de mar y arena (sí, arena, nuevamente, y ya no piedrones), que por las noches gozará de iluminación directa de modernos postes de luz blanca, se hermana con un paseo de malecón de tonos azulinos y verdosos; parejas paseando por un boulevard reverdecido, surfistas corriendo hacia el mar, etc.; y luego, las tres entradas de escaleras que permiten el acceso al paraíso veraniego gozando de un techo de buganvillas, jazmines y madreselvas. Ya-no-ya.

“La Herradura es la playa idílica para Lima”, define de partida Ortiz de Zevallos: “Esta no es una playa pituca ni un proyecto elitista: es una playa pública y será un lujo para todos los limeños”.

OLEAJE RENOVADO

Así, el arquitecto abre el horizonte y va enumerando los nuevos conceptos del balneario: “Lo primero es que estamos terminando de verter 2,000 m3 de arena de Lomo de Corvina sobre los piedrones para este verano”, indica. “Y, a partir de abril, empezará una segunda etapa para arenarla ganando terreno al mar, como era antes”. A ello, obviamente, se suman 230 estacionamientos y la idea de aprovechar algunos de los buses aún no utilizados del Metropolitano para que efectúen un servicio de Bus Costanero que recorra toda la Costa Verde. Y, claro, para reforzar el concepto de acceso público, por si las moscas, junto a modernos baños y seguridad de Serenazgo en bicicletas, como para que no retornen los malos hábitos de ebrios inconscientes decorando la playa en las mañanas. Y tardes. Etcétera.

“Los andenes que hoy están erosionados, además, van a ser restaurados y sembrados con plantas xerófilas para impedir más desmoronamientos”, apunta Ortiz de Zevallos. “Y existirá un espacio para hacer conciertos al costado de la playa, alejando la bulla de la ciudad”.

Así, para la playa, que supo ser objeto del deseo de ilustres como Carlos Iván Degregori, Julio Ramón Ribeyro y Doris Gibson, entre otros, no solo se trata de ganar vida durante el día y verano, sino las 24 horas durante todo el año. Y esas son olas diferenciadas. (Thor Morante)

 


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