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Actualidad El vicepresidente se enreda en una cena que puede provocarle al gobierno su primer gran empacho político.

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Martes 18. Vicepresidente Omar Chehade niega enérgicamente el testimonio del general Arteta y lo tilda de “mentiroso”. La Fiscalía le abrió investigación de oficio.

Omar Chehade vive su halloween con unos días de adelanto. O podría decirse que, dadas las circunstancias, lo que quiso celebrar en el restaurante Brujas de Cachiche fue su Día de la Canción Criolla. Lo que queda claro es que al congresista y segundo vicepresidente de la República le ha tomado un tiempo récord, 90 días de gobierno, para quedar embrujado y en serios problemas.

El ex procurador se sumó a la fórmula de Ollanta Humala como argumento de la lucha contra la corrupción. Tanto que en su escritorio destaca la llamativa figura de un cruzado medieval y era carta fija en la comisión para investigar al gobierno de Alan García. Pero pronto demostró que su estilo le granjearía broncas y líos.

Apenas celebrada la segunda vuelta planteó la posibilidad de enviar a Alberto Fujimori a un penal común, lo que dejó un gusto de innecesaria revancha contra quienes acababan de enfrentar a los nacionalistas en las urnas. Pocos días después declaró que Antauro Humala no asesinó a los policías del ‘Andahuaylazo’ del 2005 y ayudó a poner en el mapa el inaceptable tema del indulto impulsado por el propio hermano del Presidente.

Más recientemente sostuvo sobre los compromisos previamente pactados de la ministra Susana Baca que “si de repente canta, será en Palacio de Gobierno”. La titular de Cultura fue respaldada por el Presidente y, como en las anteriores ocasiones, Chehade debió rectificarse.

Distinto ocurrió la semana pasada, durante un foro en el Congreso en el que se debatió la despenalización de los delitos de prensa. El vicepresidente consideró que el Código Penal debe quedarse como está y un sector de la prensa, tergiversándolo, lo acusó de mostrarse a favor de una “ley mordaza”.

Cierto es que luego de la primera vuelta el ex abogado del Presidente declaraba su interés en una “cruzada nacional anticorrupción de valores éticos, sociales y cívicos” en la cual “los medios nos tendrán que apoyar y serán declarados aliados estratégicos” (CARETAS 2202). Su objetivo era “introducir dentro de los programas mensajes a la nación que no sean populacheros sino que logren cambiar el espíritu valorativo”.

Lo visto en estos días sugiere, lamentablemente, un mensaje muy distinto.

chehade

Congreso formaliza acusación constitucional contra Omar Chehade.

UNA CENA DE CONSECUENCIAS

El sábado 15 el portal IDL-Reporteros, que dirige Gustavo Gorriti, publicó un informe con la versión off the record del general PNP (r) Guillermo Arteta. El policía confirmó luego que esa era efectivamente su descripción.

Arteta dice haberse reunido con Chehade, su hermano, un amigo y 2 generales de la PNP en el restaurante miraflorino Brujas de Cachiche, donde se le habría pedido apoyar al Grupo Wong en el desalojo de la azucarera Andahuasi, ocupada por trabajadores.

El lunes 17, la Fiscalía abrió una investigación de oficio por presunto tráfico de influencias y en el Congreso se preparan mociones para investigar a Chehade.

¿Qué se cocinó en las Brujas la noche del miércoles 5?

Arteta, entonces jefe de la Dirección Territorial Lima Norte, asegura que esa mañana recibió una llamada telefónica del general PNP Raúl Salazar, hoy director de la Policía, invitándolo a una cena en dicho local.

Llegó al lugar vestido de civil a las 8 de la noche y encontró en el bar a Salazar y al general PNP Abel Gamarra, jefe de la Policía en Tumbes. Ambos conversaban con el vicepresidente, su hermano Miguel y un amigo de ambos, Miguel León Barandiarán Hart.

Arteta no conocía a los Chehade. Los saludó y luego el grupo pasó a la cava del restaurante, en un ambiente más privado.

A partir de este punto, las historias difieren de modo crucial.

Arteta dice que conversaron durante 45 minutos, aproximadamente, sobre diversos temas, y luego afirma que el vicepresidente se marchó dejando a su hermano y a su amigo con los 3 generales.

Ni bien se fue Chehade, recuerda Arteta, su hermano Miguel y León Barandiarán les dijeron que querían coordinar un operativo de desalojo en Andahuasi para que el Grupo Wong tome el control de la azucarera (ver recuadro). Arteta, que inicialmente no entendía qué hacía allí, dice haber comprendido entonces el motivo de la cena: el ingenio de 12 mil hectáreas, el más importante del norte chico, se ubica en Huaura, a 10 minutos de Huacho. Estaba bajo su jurisdicción y cualquier operativo en el lugar era de su responsabilidad. Salazar era su superior inmediato y el general Gamarra era su predecesor, pues estuvo en el cargo hasta julio último y conocía el conflictivo muy bien. Arteta supo que Gamarra había llegado de Tumbes esa misma noche solo para la cena. El viernes 7 retornó al norte.

Según Arteta, Miguel Chehade le preguntó cuántos policías se necesitaban para participar en el desalojo, a lo que el general respondió que, primero, había que tener una resolución judicial para, luego, elaborar una apreciación de inteligencia y un diagnóstico de la situación.

El hermano del vicepresidente le respondió, en ese orden de ideas, que el fallo judicial no era problema y que podían conseguir una resolución sin fecha ni hora en poco tiempo.

Arteta replicó que el planeamiento operativo demoraría unas semanas, pero Gamarra intervino diciendo que quizá podía realizarse en poco tiempo con 5 mil efectivos. Entonces Miguel Chehade habría añadido que los Wong podían hacerse cargo de los costos de movilización de los efectivos, además de un incentivo para los oficiales a cargo de dirigir el operativo.

La cena terminó cerca de las 10 de la noche y los primeros en irse fueron Miguel Chehade y León Barandiarán, quienes le dijeron a Arteta que le llevarían a su oficina la resolución judicial. Esto ocurrió a los dos días. Según Arteta, ambos llegaron a su despacho del Cuartel El Potao del Rímac, el viernes 7, a la 1 pm. El general los recibió y éstos le entregaron una presunta resolución judicial que no tenía fecha, hora ni la firma de un juez. Arteta les pidió llevar el documento al general Salazar en su despacho de la avenida España. No los volvió a ver. El domingo 8, Arteta fue pasado al retiro junto a otros 28 generales. Salazar fue nombrado director de la Policía y el general Gamarra, jefe de la Dirección de Doctrina de la Policía.

CUADERNO CLAVE

Chehade ha negado la versión de Arteta. Sostiene que el motivo de la cena fue para tratar temas de inteligencia y seguridad ciudadana, pero admitió que el general Gamarra “contó que había estado en Yerbateros, Mesa Redonda, Santa Anita y Andahuasi”. Negó que se haya tratado el desalojo y acusó a Arteta de “mentiroso”.

El vicepresidente se preguntó por qué Arteta no denunció el hecho ante su Comando y con anterioridad a la poda del domingo 9, pero la verdad es que Arteta no ha formulado denuncia alguna. Su testimonio, hasta hoy, ha sido formulado con singular cautela.

“Yo solo digo la verdad. Fui convocado por el general Salazar y estuvo presente el general Gamarra, que tuvo que ver con el tema de Andahuasi. Al señor Chehade, a su hermano y al amigo recién los conocí allí. ¿Qué hacía en el lugar el general Gamarra, que trabajaba en Tumbes? ¿Qué hacía yo? Yo no he denunciado al señor Chehade, simplemente he hecho un comentario sobre lo que ocurrió aquella noche. No soy mentiroso, no acepto sus palabras”, dijo.

Hay dos elementos que complican la historia. El martes 18, IDL-Reporteros entrevistó a Miguel León Barandiarán, el amigo de los Chehade, y éste reconoció que en la cena sí se habló del caso Andahuasi y no de inteligencia.

Por otro lado, fuentes policiales confiables corroboraron a CARETAS que Miguel Chehade y León Barandiarán ingresaron, el viernes 7 a la 1 y 15 pm, a la sede del Cuartel El Potao, en el Rímac, sede del despacho del general Arteta. Existe un registro de ese ingreso que debería ser analizado por las autoridades.

Los generales Salazar y Gamarra han respondido por escrito al ministro del Interior, Óscar Valdés, pero sus versiones no se han hecho públicas hasta hoy. Miguel Chehade, administrador de empresas que labora en el estudio de abogados de Chehade, no ha salido al frente. No es la primera vez que es captado por el ojo público. En octubre del 2007 el entonces jefe de la Unidad de Extradiciones de la Procuraduría Anticorrupción denunció haber sido objeto de reglaje y víctima de amenazas de muerte. Según explicó, la noche del 8 de ese mes, cuatro sujetos a bordo de una camioneta intentaron ingresar a su casa. Allí había llegado Miguel en un vehículo registrado a nombre de su hermano, e hizo dos disparos para ahuyentar a los supuestos intrusos, que huyeron cuando además vieron la proximidad de un vehículo del serenazgo de Magdalena del Mar.

Por su parte, León Barandiarán, hijo de un reconocido jurista con varios trabajos menores en bufetes, registra un antecedente policial. En 1982 fue detenido con marihuana en Miraflores, según el atestado No 107-DIE-DITNA.

Los antecedentes de los personajes son fundamentales en este caso. Por un lado, Arteta es un general respetado y de una foja de servicios intachable. Es Código 1 (ex Guardia Civil) y pertenece a la Promoción 1977. En el 2005 potenció la Policía Comunitaria en el Callao y logró grandes avances en Seguridad Ciudadana. Replicó la experiencia en Trujillo con éxito, en el 2010. Sus compañeros lo califican como un general decente y profesional.

Ascendió en el 2009 y era voceado como seguro director de la Policía para el 2012. Con su destitución, la Policía Nacional pierde a uno de los oficiales que más conoce de Seguridad Ciudadana en el país.

Por su parte, el vicepresidente no registra investigaciones ni procesos judiciales. Ni siquiera tiene una papeleta por infracción de tránsito, pero sí registra torpezas que nada tienen que ver con su vehemencia.

EL CASO FEFER

En julio pasado, el programa de televisión Cuarto Poder difundió un resumen de las conversaciones telefónicas interceptadas por la Dirección Antidrogas (Dirandro) a Eva Bracamonte y a su abogado, Iván Torres La Torre, socio único del Estudio Chehade (CARETAS 2190).

La mencionada interceptación telefónica arrancó en mayo, luego de una

sorpresiva requisa en la celda del sicario colombiano Alejandro Trujillo Ospina, quien ha confesado que asesinó a la empresaria Myriam Fefer, en el 2006.

En la redada se le incautó un celular a Trujillo y en el teléfono la Policía encontró el número del socio del vicepresidente. La jueza Nancy Choquehuanca autorizó a la Dirandro interceptar el teléfono celular de Torres La Torre durante 1 mes. Sus diálogos más relevantes fueron con Eva Bracamonte.

En una de las conversaciones, Torres La Torre le dice a Eva que no se preocupe, que “el amigo del gobierno” la ayudará a salir de la cárcel y posteriormente, el 15 de junio, Eva le cuenta a una amiga por teléfono que el vicepresidente es socio de su abogado y que pronto la sacará de prisión.

Nada de esto ocurrió, pero cuando se hicieron públicas las transcripciones de estos diálogos, Chehade amenazó con denunciar a la Dirandro, que había actuado de acuerdo a ley. En agosto, finalmente, el jefe de la Dirandro, el experimentado general Carlos Morán fue removido del puesto y enviado al Callao. Y todo indica, según fuentes de alto nivel, que el gobierno sacará en diciembre al jefe del Equipo Especial de Investigación, coronel PNP José Cappa Gurvillón, y al jefe del Equipo Constelación, que maneja el sistema de chuponeo legal, el comandante Luis López Ruiz. A ambos ya se les anunció que saldrán a fin de año y que Constelación será supervisado por militares.

Todo ello se desprende de una controversial defensa jurídica. El estudio Chehade no tiene una página web con sus principales clientes, como ocurre con otros bufetes.

En diciembre del 2010 se hizo público que llevaba la defensa de los montesinistas Julio Salazar Monroe y Claus Corpancho. Chehade y Torres defendieron hasta principios de este año a los representantes de Fortluck, empresa del famoso Fortunato Canaán, y a los de Manfer, una operadora del dominicano, por procesos judiciales de sobrevaloración de obras públicas en Moquegua. En aras de la transparencia, sería conveniente que el vicepresidente ponga sobre la mesa ya no anticuchos y chicharrones, sino todas las cartas que puedan despertar suspicacias.

 


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