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Entrevistas La incansable actriz Mariella Trejos se confiesa aquí en entrevista insólita sobre su verdadero amor y sus encontrones con Dios.

‘Me Duele el Perú’

4 imágenes disponibles FOTOS  PDF 

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Con el buen ánimo diciendo presente, aunque todavía lleve el luto a cuestas por la reciente pérdida de su amor de toda la vida.

Actriz total. Hecha y derecha. De cuerpo entero. Conocidísima. La escena nacional se enriquece con esta colombiana que ha pasado una gran parte de su vida en el Perú. El cariño y el afecto que ella siente por el país está enraizado hasta tal punto que ella confiesa que “le duele el Perú”. Mujer de una sensibilidad a flor de piel, estuvo casada 36 años con Jorge Billorou, dueño de la Editorial Losada, mientras ella no paraba de trabajar. Encontró en él al hombre que le curó “el guayabo”, que significa en el argot colombiano el hombre que le quitó las penas, pues ya penaba de amores por aquel entonces. 36 años de matrimonio, con alguien que fue todo para ella (él murió hace año y medio), la han convertido en una mujer muy vulnerable ante todo tipo de desgracias en las cuales, cosa de los tiempos que corren, vivimos inmersos. La entrevisto en el restaurante Costa Verde y ella se muestra en todo momento amable y condescendiente, no solamente conmigo, sino con todo ser viviente que se acerca a la mesa, ya sea empleado del restaurante o un admirador que la quiere saludar. Un halo de tristeza va a recorrer de cuando en cuando esta entrevista, y es que la sensible soledad o la solitaria sensibilidad hacen de las suyas. Veamos lo que pasa.

–¿Dónde nació? ¿Cuántos años tiene?
–Los que usted quiera. Cien años de soledad. Nací en Cali, Colombia. Calidad viene de Cali. Pertenezco a la clase media alta y tuve un padre maravilloso, correcto, honrado, muy padre, muy esposo. Fue Alcalde de Manizales y Contralor en Caldaas, el Estado del cual es Manizales la capital. Mi madre fue una mujer maravillosa, tolerante y comprensiva. Somos diez hermanos.

–¿Estudios?
–Estudié primaria en Santa Rosa de Cabal, también del Estado de Caldas y secundaria en Manizales en un colegio de monjas alemanas, muy rígido. Sufrí la inquina de la monja Directora por ser sobrina de dos tías monjas hermanas de mi padre. Ahora me doy cuenta que entre las monjas había rivalidad y celos.

–Dos tías monjas. Pertenece usted a una familia muy católica.
–Era demasiado chapado a la antigua el mundo de mi adolescencia. Así era en Colombia, donde todo era considerado pecado, incluso darse besos en la mejilla. En mi casa se rezaba el rosario todos los días con todas sus reglas, ya que nos arrodillábamos cuando había que arrodillarse y nos sentábamos cuando había que sentarse. Eso hoy no existe ni de lejos. Todo esto veo que ha cambiado para bien.

–¿Cómo le entró la vocación artística?
–Mi familia notaba que yo tenía el instinto de la actuación y eso lo confundían con libertinaje. Desde niña me vestía con las ropas de mi madre y actuaba ante un espejo, repetidamente. Luego en el colegio fui la primera actriz y la primera voz del coro. Yo lo que buscaba era libertad para mi vida, para decidir mi destino.

–Si soñaba con la libertad es que echaba su fantasía a volar. No soy augur pero la veo muy joven y enamorada de alguien.
En este caso acierta. Tenía 14 años cuando tuve un fortísimo amor platónico, pues me enamoré de un primo hermano, hijo de una hermana de mi padre, que era guapísimo, tenía un Chevrolet Impala convertible rojo y estudiaba en Buenos Aires. Él venía de vacaciones y éramos seis primas todas enamoradas de él. Mi corazón palpitaba cuando sabía que llegaba. Fue un amor ininteligible para hoy en día, totalmente romántico y lleno de miradas que taladraban hasta el fondo de nuestros corazones. Esto hoy no se da. Hoy se miran, se gustan, se toman de la mano y se van a la cama. Carecí por mi educación tan estricta de todo enamoramiento con tintas sexuales, de tal modo que mi virginidad llegó intacta hasta mi mayoría de edad.

–¿Cuándo empezó su vida artística?
–Mi familia pensaba que actriz y “copetinera” (prostituta de bar) era lo mismo. Así que yo me fui a Bogotá de vacaciones y me quedé en casa de una tía mía en donde mis primas me ayudaron a entrar al mundo artístico, dado que mi primo era bailarín clásico del Ballet Nacional y gracias a él conocí a gente de la televisión y el teatro. Se hizo un concurso para jóvenes de teatro y lo gané. Nada menos que hice mi debut teatral en el espectáculo de María Félix. Me contrataron para hacer una gira por Colombia y me contrató una compañía de revistas mexicanas para hacer una gira por Latinoamérica, comenzando por el Perú.

–¿Tuvo éxito en el Perú?
–Impacté. Me contrataron en el Canal 5, Canal 13 Panamericana Televisión en ese entonces, y acabé quedándome en el Perú haciendo de todo: telenovelas, teleteatro, comedias musicales, animación con Kiko Ledgard, etc. Me escogieron para ser contraparte (protagonista) en teatro con el gran Jorge Mistral, el galán de galanes español, en la obra “La pequeña choza”. Éxito brutal. En esa obra el esposo era Orlando Sacha, el amante Jorge Mistral y yo era la protagonista de estos dos amores borrascosos. Me persiguió Orlando Sacha y acabé seducida por él. “La constancia vence lo que la dicha no alcanza”. Él fue el hombre que por primera vez me hizo conocer el amor como hoy se entiende.

–Hoy se entiende como “cama”. ¿Duró mucho esta relación?
–Nuestra relación duró cuatro años. Teníamos grandes proyectos de teatro y de vida en común, ambos éramos libres y pensábamos casarnos. Pero yo, después de un tiempo, empecé a notar algunos cambios en él. Mi sexto sentido de mujer me hizo presentir que algo estaba pasando que nos alejaba. En eso encontré una carta de una amiga de los dos. Entonces me di cuenta por el contenido de esta carta que había una relación entre ellos, lo cual hizo que mi dignidad rompiera el compromiso que con él tenía. Y ellos hicieron su vida y se casaron y yo jamás respondí a las llamadas que él me hizo después. Lo que acabó, acabó. Sin marcha atrás.

–Se quedaría dolida.
–Me sentí traicionada, pero como no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista yo me encontré a un descendiente de árabes que me puso al día en lo que al amor se refiere, como hoy se entiende.

–¿Otra vez “como hoy se entiende”?
–Me refiero al aspecto sexual como opuesto al sentimental. He sido mujer de muy pocos, poquísimos hombres, contados con los dedos de la mano, ya que en realidad sólo he tenido un gran amor, un único, verdadero y absoluto amor. (Aquí su mirada se pierde en el recuerdo mientras sus ojos se humedecen levemente y ella se abstrae).

–¿Me podría dar el nombre de ese amor?
–(Al hacerle esta pregunta vuelve a la realidad).

–No tengo ningún inconveniente. Se llamaba Jorge Billorou, el dueño de la editorial Losada, un hombre auténtico, íntegro, culto a más no poder y de una tremenda sensibilidad que hizo que yo acabara de aprender todas las cosas maravillosas que esta vida me puede dar. La plenitud. Por el que hoy, desgraciadamente, tengo que llorar, ya que no estará jamás conmigo en la tierra al haber fallecido el día del amor y la amistad, el 14 de febrero del 2010, hace año y medio. Hoy usted me encuentra vestida de color marrón, ya que hasta ayer he vestido de negro por el luto y mi corazón llora y seguirá llorando hasta el fin de mis días. (Vuelve a abstraerse en su dolor y sus ojos se nublan). Le hago una pregunta diferente para sacarla de su marasmo.

–¿Éxitos? ¿Carrera artística? ¿Premios?
–Como le dije triunfé en la televisión y teatro peruanos prácticamente recién llegada de una gira por Latinoamérica. Me quedé aquí con trabajo abundante haciendo teatro, cine y televisión en todas sus facetas. Aquí recibí muchos premios, todos los que da el Perú para televisión o teatro: el Circe, Diana, la Cámara de Oro, etc.; homenajes de la Municipalidad de Lima en dos diferentes épocas, la de Frejolito y la de Castañeda Lossio, también de la Universidad de Lima y de la Municipalidad de Miraflores en dos ocasiones y en las épocas de Andrade y Masías, de la Universidad Alas Peruanas, etc. Y en el extranjero de la ACCA (Asociación Cultural de Críticos de Arte) como mejor obra y mejor actriz por “Las prostitutas los precederán en el reino de los cielos” de J. Martín Descalzo. En Colombia por “Quererte como te quiero” de García Lorca. En fin, sería largo entrar en los detalles, digamos que he tenido reconocimientos y homenajes en Ecuador, Colombia, Venezuela y Estados Unidos.

–¿Grandes éxitos de público?
–El musical “El hombre de la mancha”, de la mano de Cattone y uno de los éxitos emblemáticos de éste en toda su vida. “Champán complex”, “La casa de Bernarda Alba” de Federico García Lorca y “Quererte como te quiero”, “El enfermo imaginario” de Molière, “Nosotros que nos queremos tanto” (2 temporadas), “Quién se queda con mamá” de Chalo Gambino, “El placer de su compañía”, “Secreto de mujeres”, “La isla de las cabras” de Ugo Betti, “La zorra y las uvas”, de Figueiredo.
–¿Qué piensa de la política?
–No me meto en política porque no soy peruana y no quiero molestar la sensibilidad de los demás. Pero “me duele el Perú” y me enoja y me duele que no se solucionen los problemas de los más necesitados del país. Que pase un gobierno y venga otro y todo siga igual. Dígalo así. Si me quieren quemar que me quemen. Esto es lo que me jode de los políticos.

–¿Está usted con Ollanta?
–Estoy a la espera. Antes con un sol comprabas 10 panes y ahora te dan 3 ó 4 con suerte. Ocurren miles de cosas en este asunto de los precios.

–Es una actriz perpetua. Incluso cuando no está entre bambalinas. Le gusta remarcar lo que dice y parece que estuviera actuando. ¿Se cree enfática?
–Yo me creo lo que soy. He sido tanto tiempo actriz, porque nací así, que sin darme cuenta interpreto los sentimientos y las emociones que tiene cualquier persona normal, común y corriente. Soy espontánea, directa y franca aunque mis gestos sean grandilocuentes. Me ha dicho alguien que soy barroca al hablar.

–No es usted barroca, es usted quien es, sin un átomo de fabricación. Pero cuando está fuera de las candilejas la actriz puede más que Mariella Trejos y hace que se la vea como una mujer llena de emociones.
–Me he pasado la vida actuando, tan es así que hasta el lunes pasado estuve en el teatro Marsano en el musical “Carmín”, tremendo éxito de dos meses. Entendámonos, cuando dejo un personaje yo vuelvo a ser Mariella Trejos. Abandono mi personaje.

–Cuelga el personaje en la percha y vuelve a su vida diaria con otras realidades frente a usted, que no deja de interpretarlas.
–Quisiera volver el tiempo pero el reloj no se detiene y sigue avanzando más y más. Vuelan los días, los meses, los años y se vive la vida y no nos damos cuenta.

–¿Cree que la muerte es amiga o enemiga?
–Yo creo que siempre está al acecho, que es tu enemiga, inclusive hay una teoría que dice que la muerte se posesiona en ti dos años antes de tu muerte para irte minando poco a poco. Y yo pienso que puede ser verdad, porque mi esposo empezó a sentir dos años antes la sensación de que iba a morir. Y murió.

–¿Lo volverá a encontrar?
–Perdone pero tengo mis dudas. ¡Qué más quisiera yo que eso fuese verdad!, que cuando yo muera me encontrara con él y con todos mis seres queridos. Trato de convencerme de que todo eso es posible por todo lo que me dicen personas que bien me quieren para consolarme en mi aflicción diciéndome que él está con Dios. Pero yo pregunto, a pesar de creer en Dios, ¿es verdad que todos nuestros seres queridos están en algún lugar esperándonos y que podremos reunirnos para ser felices?

–Es la esperanza que le queda a una gran parte de la humanidad para no hundirse por la pérdida irremediable de sus seres queridos.
–Tenemos muchas dudas los seres humanos. Como dice un personaje que yo hice en el teatro, el cual en un momento de desesperación, al recordar la muerte de sus padres y su hermana cuestiona a Dios diciéndole: ¿dónde estabas tú aquel día? Yo siempre creeré en Dios pero tengo mis encontrones con él. Y me enojo y le increpo. Por mi carácter, por mi manera de ser. ¡Oh Dios, ayúdanos! ¡Te necesitamos!

–Está usted muy apenada por la pérdida de su esposo. Siente soledad.
–Hay tantas penas que te causan tanto dolor que, como decía mi esposo, se van acumulando. Él recordaba, para darle sentido a esto, los versos del gran Atahualpa Yupanqui:
¡Pena sobre pena y pena!
Hacen que uno lance el grito.
La arena es un puñadito.
¡Pero hay montañas de arena!

–¿No se encierra demasiado en su propio dolor?
–Me aterra la soledad pero eso no es lo único. Como le dije antes: “me duele el Perú”. Cuando veo la cantidad de violencias, muertes y atropellos de gente inocente que hay diariamente se me hace un nudo en la garganta, me desespero, me angustio y las cosas siguen igual porque no hay quien detenga estos atropellos, empezando por los que pueden hacerlo, nuestros mismos gobernantes. (Por: José Carlos Valero De Palma)

 


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