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Historia Por NICHOLAS ASHESHOV

Machu Picchu, el Maíz y la Ventaja del Atraso

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Andenes incas, recurso agrícola que permitió el cultivo del maíz en las escarpadas cumbres andinas.

Nuevos estudios confirman la importancia del maíz en el desarrollo de la agricultura y del expansionismo del imperio incaico. Su llegada a los Andes, junto con reacciones agrícolas rápidas ante inclemencias climatológicas y carencias naturales, hicieron de los Incas una de las civilizaciones agrícolas más productivas del planeta. Súmese a esto que análisis hechos en los restos óseos descubiertos por Hiram Bingham confirman que el elemento principal de la dieta de los pobladores de Machu Picchu no era la papa. Era el maíz.

Machu Picchu y el Imperio Incaico fueron el resultado de un insumo centroamericano, el maíz, junto a un dramático periodo de calentamiento climático que cambió frías y lluviosas comarcas andinas en agradables, secas y templadas.

Durante más de medio milenio los Andes altos eran una región inhóspita. Con el nuevo clima seco y templado, que comenzó alrededor de 1000 dC, una tribu primitiva, los incas, aplicó el nuevo clima a una tecnología acelerada y hacia 1500 dC había producido un imperio densamente poblado, más grande y rico, más sano y mejor organizado que la Dinastía Ming de China y el Imperio Otomano, sus contemporáneos mas próximos.

Los incas, como una veintena de tribus que habitaban los Andes, habían ido progresando desde el milenio anterior, transformándose de cazadores y recolectores en pastores de llamas. Luego, durante el último periodo, en agricultores, cosechadores de papas y quinua, entre una gama que fue famosamente descrita en The Lost Crops of the Incas (1989). (www.nap.edu/openbook.php?isbn=030904264X).

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Centéotl o Centeocíhuatl, dios azteca del maíz. La planta es un insumo centroamericano que ayudó a desarrollarse al Imperio Incaico.

Luego arribó el maíz. Nuevos estudios, el último recién publicado en Londres por Alex Chepstow-Lusty, arqueobiopalenteólogo de la Universidad de Cambridge, muestran que el maíz de altura de grano grande, se estableció repentinamente hace aproximadamente 2,700 años, es decir, en el 700 aC.

Esta investigación se basa en muestras tomadas de Marcacocha, una laguna a 3,350 m.s.n.m. y a 50 kilómetros río arriba de Machu Picchu mismo. Estas muestras proporcionan una historia ambiental y agrícola de alta resolución (con aproximación de entre 40-100 años) que data de hace 4,200 años, que describen el corazón de lo que vino a ser el Imperio Incaico, en base a 6.3 metros de sedimentos fechados altamente orgánicos. En el caso del maíz, los fitolitos de ópalo aparecen por primera vez en las muestras de 700 aC, al comienzo de un ciclo anterior al seco y templado.

Otros análisis de fitolitos de ópalo tomados de cuatro sitios arqueológicos de la península de Copacabana en el lago Titicaca, a 4,000 m.s.n.m, también han comprobado la aparición del maíz comercial hace 2,750 años.

El maíz, junto con técnicas nuevas de irrigación, fertilización, deshierbe y una cuidadosa selección genética, fue lo que transformó a los Andes en el escenario de una de las civilizaciones agrícolas más productivas de la Tierra. Esto a pesar de su verticalidad y de su altura. Con razón se conoce a Cusco y al altiplano como el techo del mundo.

“El maíz fue la última pieza en el rompecabezas del paquete agrícola andino que permitió el cruce del umbral hacia una agricultura intensa y expansionista”, según Alex en su último ensayo publicado en Antiquity, Londres.

Recientes análisis con isótopos de los restos óseos llevados por Hiram Bingham a Yale hace un siglo también comprueban que el principal elemento en la dieta de los habitantes de Machu Picchu no eran las papas nativas de los Andes, sino el maíz.

Los incas lograron su despegue con el calentamiento global que también se registraba en el hemisferio norte. Fue este fenómeno que permitió a Europa occidental emerger de las tinieblas de la era del oscurantismo.

En paralelo con el Renacimiento Europeo, los incas lograron en los Andes una sensacional reconstrucción, tanto física como humana, del paisaje andino. Construyeron miles de andenes de piedra, cubriendo valles enteros, una obra sin parangón en el mundo.

Su población se multiplicó. Los incas sabían cómo manejar recursos claves. Podían poner miles de hombres a trabajar simultáneamente en sus obras, igual a las actuales empresas grandes de ingeniería.

El conocimiento que los incas tenían de la piedra, de la construcción y de la hidrología está descrito por Kenneth R. Wright, prominente ingeniero de Denver, en ‘Machu Picchu: A Civil Engineering Marvel’ (2000).

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El maíz de altura de grano grande se estableció hace aproximadamente 2, 700 años, en el 700 a.c.


Pocas de las terrazas incaicas están en uso actualmente. El complicado flujo y drenaje de la irrigación ha caído en desuso. Ese sistema aprovechaba al máximo el deshielo de los glaciares, ríos, arroyos y lagos, asegurando que la producción agrícola se mantuviese alta, incluso durante periodos de larga sequía. Ahora que nosotros mismos estamos ingresando a un nuevo periodo de cambio climático es hora de estudiar cómo el uso de estas extraordinarias terrazas podría resucitarse.

El Imperio fue integrado por miles de kilómetros de caminos de piedra, transitables todo el año, y una red de depósitos con dos o tres años de reservas estratégicas de alimentos y ropa. Éstas fueron saqueadas por los españoles cuando tomaron el poder.

A pesar de la riqueza de la flora nativa andina, ésta no hubiera podido alimentar todo un imperio. Fueron los cereales, empezando por el trigo, la cebada y la avena en el Medio Oriente, y el arroz en el Lejano Oriente, los que proveyeron el alto volumen de calorías que necesitan los imperios para mantener a sus ciudades y ejércitos. Sin cereales no hay Imperio.

Graham Thiele, del Centro Internacional de la Papa en Lima, me dice: “Las papas son voluminosas y perecibles, por lo cual el maíz tiene una inmensa ventaja. Fue la transportabilidad del maíz, más que su productividad, lo que lo convirtió en la pieza clave en el esquema incaico.”

El maíz se almacena con facilidad mientras que las papas se malogran y son susceptibles a las plagas.

Debo admitir que este nuevo énfasis en el récord histórico del maíz de altura es una sorpresa para mí, aunque vivo en el corazón del Urubamba, a 2,840 m.s.n.m., uno de los grandes valles productores de maíz de los Andes. Siempre había pensado que las papas y sus cientos de variedades constituían el alimento básico, con una tradición cultural similar a la del arroz en China.

A propósito, el Centro Internacional de la Papa me informa que China es hoy –sorpresa– el mayor productor de papas y camote del mundo.

Cuando se produjo el último gran ciclo de calentamiento global alrededor de 1000 dC, los regímenes establecidos en los Andes del sur, Tiahuanaco y Wari, no pudieron adaptarse y los incas hicieron su ingreso.

Hoy, economistas y politólogos de moda han comenzado a hablar de “la ventaja del atraso”. Esto intenta explicar, por ejemplo, por qué China, India y Brasil, casos perdidos hace más de tres décadas, están de repente colocándose entre los grandes.

Un ejemplo clásico fueron los romanos alrededor de 300 aC que, considerados rudos bárbaros por los griegos, los persas y los egipcios, crearon uno de los imperios mas exitosos de la Tierra que absorbió a sus antecesores.

En los Andes peruanos los incas, parientes pobres en rincones remotos del Cusco, reaccionaron con rapidez frente a los cambios de la naturaleza, mientras que los waris, atrincherados e inmóviles, desaparecieron. Su impresionante y triste capital, Pikillacta, a una hora al sur de Cusco, está al costado de la iglesia parroquial Andahuaylillas, la ‘Capilla Sixtina de los Andes’. La obra maestra de Gordon McEwan ‘Pikillacta: The Wari Empire in Cuzco’ (2005) es el libro de referencia.

Hoy los incas hubiesen ganado el Nobel de Agricultura y un par en Conservación Ambiental. Sembraron bosques de polylepis a grandes alturas para propiciar y captar las lluvias en la cordillera. La mayor parte de estos bosques han sido talados para leña.

Como los romanos, los incas reclutaron talento: picapedreros de Tiahuanaco, metalurgistas y orfebres de la costa y agricultores del norte. Desgraciadamente los incas no obtuvieron ningún beneficio con la llegada de los españoles debido a su atraso en materia bélica.

Demoró menos de cinco cortos años para que un puñado de guerreros españoles destruyesen la monumental creación de siglos –en realidad de milenios– de una civilización que fue construida, como Machu Picchu lo demuestra, para siempre. (Por Nicholas Asheshov)

 


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