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Edición 2176

14/Abr/2011
 
 
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En frenética cabalgata hacia la identidad, Barrios delinea a una heroína de respeto.

Ardiente Aprendizaje

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Fortunata Barrios: “Romina”. Alfaguara, Lima, 2011. 94 pp.

Entre el deseo ponderado y el furor uterino, la exitosa Romina, al cabo de pocos días, es capaz de liberarse de casi todos los prejuicios que suelen maniatar sexualmente a una limeña soltera y con compromiso de NSE A o B. Pero Romina es, sobre todo, una narración en la que Fortunata Barrios plasma las fantasías sexuales básicas de una clase pudiente que vive insatisfecha por muros de contención generados por un estricto código de éxito, en la que la fidelidad se desmorona ante la lealtad con uno mismo.

Arrobada por un beso que la transforma en una máquina sexual, Romina se divierte en la exploración de su sexualidad y juega peligrosamente en los abismos del placer. Se trata del conocimiento a través de los sentidos, de la experiencia que convierte al cuerpo en un laboratorio donde la moral es una palabra tan mala que agria la felicidad. Barrios habla del verdadero paraíso terrenal sin nombrarlo, el único lugar donde a una persona le es lícito aprender de su reflejo sin trasgredir la naturaleza del goce.

Romina, por medio de los otros, se construye como una persona plena e íntegra, que reconoce finalmente el origen de su apetencia y su singularidad desnuda, es decir, aquella proclividad a romper normas sociales para proclamar tanto su derecho al éxtasis como la razón que la solivianta. Barrios ha construido desde las posibilidades de la ficción un tipo de limeña más común de lo que se piensa, y lo ha hecho con humor y cierto hálito a trascendencia poco usual en la tradición erótica.( Por: José Donayre Hoefken)

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