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Edición 2164

20/Ene/2011
 
 
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Lo que queda por descubrir, gracias a López Degregori, en los límites de la civilización.

Mesa Para Tres

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Carlos López Degregori:
“Una mesa en la espesura del bosque”.
Peisa, Lima, 2010. 88 pp.

Con la realidad resumida en un verso adánico –“sólo tú me eres idéntico”–, Carlos López Degregori cierra Una mesa en la espesura del bosque, libro que penetra las zonas más rebeldes del hombre, para liberarlo palabra tras palabra de una vida predecible y monótona. En esta recomposición de la existencia, los actos humanos –repensados en su más absoluta simpleza hasta un punto de suma complejidad simbólica– se amoldan a escenarios tan plásticos como irreales y cobran una significancia estremecedora.

El poemario sugiere un derrotero que empieza con una escena que se enfoca en una bestia domesticada y que concluye con una animalidad expuesta en pura agitación y furor. Se trata de una calle donde los animales recuerdan la condición y destino del hombre, no obstante los espejos y los autorretratos, los mitos y los sueños, pues todo se resume previamente en una comida servida sobre una mesa a salvo de la civilización. Ahí, el yo poético se funde en sus narratarios en una subversiva trinidad.

Pero nada es suficiente para preservar lo prohibido ni hacer de lo invisible un oportuno faro en el silencio de la noche. López Degregori, en sus pausas y elipsis, en sus indagaciones eufónicas por la exactitud de lo bello, no escatima esfuerzos ni referencias. Su poesía destila contundencia, pero opta también por los contrastes, y desde estos va cercando al lector para llevarlo a lo más espeso del bosque, donde mora el recuerdo del futuro y resuena aún, con la severidad de lo urgente, lo no dicho. (Por: José Donayre Hoefken)

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