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Edición 2163

13/Ene/2011
 
 
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Personajes Vigencia y celebraciones por el centenario del escritor, antropólogo y etnólogo José María Arguedas.

ARGUEDAS 100 Años

5 imágenes disponibles FOTOS 

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Arguedas, tejido y mate burilado, en imagen del archivo PUCP.

La historia de Ernesto bien pudo resolver la disyuntiva entre nombrar al 2011 el año del centenario de José María Arguedas o el de Machu Picchu. Ernesto, el joven protagonista de Los ríos profundos (1958), empieza su viaje de aprendizaje en un Cusco que ya no es más el de su padre. En una ciudad-escenario del conflicto histórico de dos fuerzas opuestas pero inevitablemente entrelazadas. Es el Cusco bicéfalo del Coricancha aplastado bajo el Convento de Santo Domingo. Es La última cena del pintor Marcos Zapata en la Catedral del Cusco, con el último cuy como centro de mesa. El Cusco de Arguedas se parece, tal vez, al Cusco de hoy, ese ombligo del mundo con piercing. Eso tan extraño como familiar que solo puede describir quien –como el escritor andahuaylino– escribe “desde dentro”, es decir, desde el ser escindido, la unidad de lo antagónico, el uno que incluye un otro. Esa quizá sea la vigencia de Arguedas en pleno 2011. Según el sociólogo Gonzalo Portocarrero, con Arguedas ocurre algo peculiar.

No es un autor masivamente leído, a pesar de que sus obras se han traducido a varios idiomas (es más citado, sin embargo, en países con mestizajes más felices, como Argentina y México). Sin embargo, sigue siendo uno de los grandes referentes intelectuales del país. “Al gran público llegan algunas frases sueltas de gran resonancia y, también, la imagen –trágica, romántica– de un hombre atormentado por el amor a su país. Eso basta para convertirlo en un héroe cultural”, explica Portocarrero.

Cada lector, dice el sociólogo, termina construyéndose su propio Arguedas. El escritor desafía los límites de la interpretación. “Está el Arguedas arcaico, venerado como inmenso, pero tenido como inactual. También el Arguedas contemporáneo, el que deja una obra abierta que sintetiza al Perú y que clama por ser continuada. Y por último está el Arguedas mágico y esotérico, el que lo dijo todo pero que solo puede ser comprendido por personas como él mismo”. También incluye, por supuesto, la percepción de un Arguedas extemporáneo y lleno de clichés. Ya hace mucho el crítico Ricardo González Vigil –admirador de su obra, y muy especialmente de Los ríos profundos– advirtió de quienes acusan al escritor de tener pocas lecturas y de caer en errores de composición. Sin embargo, hechos los saldos, son muchos más sus admiradores que sus detractores. Pocos pueden negar el gran aporte en su quechuización del castellano. Según el crítico literario Efraín Kristal, editor del libro The Cambridge Companion to The Latin American Novel (2005), Arguedas –en lugar de utilizar innovaciones europeas para abordar la temática latinoamericana– alteró en Agua (1935) y Yawar Fiesta (1941) el sistema estético de la literatura dominante de acuerdo a los códigos sociales y lingüísticos de los quechua-hablantes que tenían al castellano como segunda lengua.

Para Víctor Vich, doctor en literatura hispanoamericana por Georgetown University, Arguedas ganó el viejo debate con Julio Cortázar al demostrar, con su obra, que “el universalismo solo se construye desde lo local”. Cortázar criticaba el telurismo “aldeano”, a lo que el peruano replicó: “Todos somos provincianos, don Julio. Provincianos de las naciones y provincianos de lo supranacional”. Hasta el ministro de Cultura, Juan Ossio, ha tenido que corregir al Mario Vargas Llosa de La utopía arcaica –opuesto al del ensayo José María Arguedas: Entre sapos y halcones– en una reciente entrevista concedida a la revista Ideele. “En El hablador (MVLL) hace una caricatura del antropólogo Mascarita, que quiere que las cosas no cambien. Mascarita es el antropólogo un poco utópico. Él veía así a José María Arguedas. Ahí quizás exageró un poco, porque no revisó bien sus planteamientos sobre el Valle del Mantaro, que para Arguedas representaba un paradigma de la integración nacional, del mestizaje. Lo veía a través de la música principalmente”. Para Vich, el pensamiento de Arguedas se vislumbra no como una utopía arcaica sino como una utopía de todas las sangres. Una utopía que va de la aculturación a la interculturalidad, como el saxofón del jazz soplando folclor en el Valle del Mantaro. Allí donde, parafraseando a Arguedas, se ame al indio del presente y no solo al que hizo Machu Picchu. (Carlos Cabanillas)

Agenda Arguedas

Simposios, homenajes, fiestas y charlas.

La exposición Arguedas y el arte popular. Colección de Alicia y Celia Bustamante (martes 18 de enero a las 5:30 PM, Centro Cultural de la UNMSM) junto a la muestra La Peña Pancho Fierro y la muestra multimedia Arguedas nos habla. A las 3 PM del mismo martes 18 (hemiciclo Raúl Porras Barrenechea) el violinista Máximo Damián, Dina Páucar y el charanguista Jaime Guardia estarán en Poética de un demonio feliz –título que también encabezará una publicación del Congreso–. El miércoles 19 a las 6:45 PM, en la Biblioteca Nacional, la mesa redonda Literatura y realidad andina en la obra de José María Arguedas convocará a intelectuales como José Matos Mar, Aníbal Quijano, Fernando de Szyszlo y Abelardo Oquendo. El jueves 20, a las 6:30 PM, la mesa redonda Modernidad y tradición en la obra de José María Arguedas hará lo propio con Hugo Neira, Julio Cotler, Guillermo Rochabrún, Gonzalo Portocarrero, Carmen María Pinilla y Edmundo Murrugarra. La PUCP prepara el congreso internacional Arguedas: la dinámica de los encuentros culturales (del 20 al 24 de junio) con invitados como Ariel Dorfman, William Rowe, Julio Ortega, Miguel Gutiérrez y Mario Vargas Llosa. En España se inaugurará el congreso Centenario José María Arguedas. América Latina, entre el fuego y el amor. También se publicará su obra antropológica inédita en siete tomos, discos con sus audios y se nombrará la carretera Tramo Nazca-Cusco con su nombre. Finalmente, se publicarán sus cartas con otro centenario: el poeta Emilio Adolfo Westphalen.

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