miércoles 17 de julio de 2019
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 2163

13/Ene/2011
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Acceso libre ExclusivoVER
Acceso libre PolíticaVER
Acceso libre NacionalVER
Acceso libre EconomíaVER
Acceso libre Ellos&EllasVER
Acceso libre CulturaVER
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Acceso libre Conc. CanallaVER
Sólo para usuarios suscritos Quino
Acceso libre EspectáculosVER
Acceso libre Fe de ErratasVER
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos China Tudela
Sólo para usuarios suscritos Luis E. Lama
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2460
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Entrevistas Roger Cáceres Velásquez, parlamentario decano en la región, y la insólita historia de un revés.

El Dorado Camino a la Pobreza

4 imágenes disponibles FOTOS  PDF 

2163-insolita-1-c

Nació en Juliaca, Puno, descendiente del mariscal Cáceres. Su rectitud y seriedad a ultranza se las debe a su educación franciscana de Arequipa.

He aquí un personaje insólito, se le mire por donde se le mire. Cuando llego al restaurante Costa Verde con algunos minutos de adelanto sobre el tiempo de cita prefijado y donde es mi costumbre realizar estas entrevistas al socaire de un buen almuerzo, mi invitado ya me estaba esperando. Tamaña puntualidad es ya de por sí algo insólito de ver en el Perú. Róger Cáceres Velásquez (81) lleva la friolera de 60 años conectado con la política y la gente de más edad que lea estas líneas lo podrá corroborar con exactitud. Se trata de un hombre del Perú profundo que tras 40 años de labor legislativa y congresal (valga la redundancia) se nos aparece hoy (con tanto roce y tanto discurso efectuado desde su curul) como un hombre serio, educado, exento de humor, un tanto ceremonioso y poseedor de un verbo florido lleno de influencias académicas como buen abogado. Porque lo es. El que tenga todos los récords de permanencia en un poder legislativo latinoamericano es importante, pero lo que en realidad me ha dejado patidifuso a lo largo de la conversación de horas que mantuve con él es que no solo no haya amasado una gran fortuna con tanto tiempo en el Congreso (con tantísimo y corrupto padrillo de la patria como se alberga en éste) sino que hoy sobrevive con estrechez aunque con la mirada altiva a veces velada por la tristeza. ¿No es esto realmente insólito? He descubierto algo único y quiero compartir con ustedes el estudio de este rarísimo espécimen. ¿Vamos a ello?

–¿Procedencia?
–Nací en Juliaca. Mi abuelo, José Luis Cáceres Ezquerra, era militar y sobrino del mariscal Cáceres y lo acompañó en sus campañas, en la ocupación de Guayaquil de 1860 y la posterior guerra contra Chile. Mi padre fue un gran comerciante que extendió su fortuna en todo el sur, exportando también a Bolivia. Al morir, en 1965, a los 84 años de edad, dejó varias prestigiosas firmas comerciales con sede principal en Juliaca y más de 10 sucursales esparcidas por el sur del Perú. Fue varias veces alcalde de Juliaca.

–Su padre, desde Juliaca, abrazó todo un mundo en el que entraron a tallar los Cáceres Velásquez, sus hijos, formando un gran clan o grupo de poder.
–Yo soy de todos ellos el político de más larga data, al que hay que añadir mi hermano Néstor, elegido diputado en 1963 y fallecido en 1969; Pedro, 2 veces constituyente, 3 veces diputado, y alcalde de Juliaca; Luis, cuatro veces alcalde de Juliaca, así como dos veces de Arequipa, y una vez congresista. Como ve éramos cuatro hermanos dedicados a la política, pero también estaba Óscar, conocido ingeniero y constructor de altísimo calibre que fue nuestro financista en muchas ocasiones. Finalmente estaba mi única hermana, Aída Cáceres de Matto y el benjamín, Juan Jesús, economista y poeta, que murió muy joven. Ahí estamos los siete Cáceres Velásquez.

–¿Dónde se educó usted?
–En los franciscanos. Hice la primaria en el colegio San Román de Juliaca y la secundaria en el San Francisco de Arequipa. Los padres franciscanos me enseñaron el amor al prójimo y la conciencia social. Como ya es sabido se trata de una orden muy estricta y de una seriedad absoluta educativamente hablando. Creo que de esa seriedad me impregné para el resto de mi vida. Fui presidente de la UFEF (Unión Fraternal de Estudiantes Franciscanos) en 1946, a los 17 años, presidente de la UNEC (Unión Nacional de Estudiantes Católicos) en 1949, a los 20 años y presidente del CUA (Centro Universitario de Arequipa) y de la FUA (Federación Universitaria de Arequipa) en 1954 y 1955.

–¿Cómo se aficionó a la política?
–Desde pequeño, en Juliaca, entonces una pequeña ciudad con 10 mil habitantes, tomé contacto con la realidad de esa gente del pueblo que veía todos los días. Aunque mis padres eran gente muy rica que extendían su influencia por Puno, Juliaca, Cusco, Arequipa y una gran parte del sur peruano, mi educación estrictamente franciscana me hizo ver las desigualdades sociales y la injusticia latente que produce esa pobreza que nadie, hasta el día de hoy, acaba remediando. Soy hombre de izquierda y demócrata a carta cabal.

–Convénzame de su amor por la democracia.
–En Arequipa y en diciembre de 1955 en la protesta popular contra el gobierno del general Odría por su política autocrática y centralista suscribí el manifiesto, que salió en los diarios de Lima, pidiendo elecciones libres y después de una lucha antigobiernista que alcanzó grandes cotas de efervescencia popular contra el dictador vino el paro general total en Arequipa que hizo que, al tratar de reprimirla el Vladimiro Montesinos de Odría, Esparza Zañartu, acelerase la caída de éste, acabando, por fin, con la salida de Odría. Fíjese, yo, a través de elecciones libres y democráticas he sido elegido 9 veces como diputado, senador y constituyente cumpliendo con ello más de 40 años sentado en mi curul, récord histórico en nuestra república.

–¿Y cuándo comenzó para usted este récord?
–A los 25 años fui nombrado diputado por Puno a través del Partido Demócrata Cristiano, del cual fui cofundador. Llegué a ser el primer presidente de la Juventud Demócrata-Cristiana del Perú y de América (JUDCA), habiendo asistido a varios congresos mundiales de la Democracia Cristiana, de la cual me separé, para fundar el Frenatraca (Frente Nacional de Trabajadores y Campesinos), ya que mi vocación social y descentralista me indicó que se debía hacer una reforma agraria según el modelo italiano que no tenía nada que ver con la reforma agraria, loca y dictatorial, que más tarde hizo el general Velasco Alvarado. Cuando éste llegó al poder me aparté de la política para ejercer mi profesión de abogado. Queda claro que no me gustan los autócratas.

–Vayamos paso a paso. Cuénteme su récord político y en qué consiste éste.
–Creo que está claro. Nadie ha estado más tiempo que yo en el Poder Legislativo y sentado en una curul, legítimamente elegido por el pueblo desde San Martín hasta nuestros días. Nadie ha hecho más proyectos de ley, pedidos, mociones e intervenciones parlamentarias, sin ninguna mancha, que yo. Nadie ha sido elegido más veces, 9 veces, que yo. Y no solo es récord peruano. El presidente venezolano Rafael Caldera me llamó para condecorarme en el año 2000 como el parlamentario decano de toda la América del Sur y Centroamérica. Con todos estos precedentes recibí la condecoración legislativa más alta en el grado de Gran Cruz del Congreso.

–Es usted un político exuberante, vocacional, vive alrededor de eso.
–Y si me pregunta cuáles son mis aficiones, aparte de la política, le responderé que no sé cuáles son.

–¿Cómo dice esto? ¿No le gusta el fútbol?
–No.

–¿Toros?
–Menos.

–Cine, teatro, espectáculos, música, bailar.
–No me entretengo en eso.

–¿Bellas artes?
–Observo con gusto la arquitectura de las ciudades, alguna que otra escultura o pintura pero no me considero un entendido en esas materias. Eso sí, leo, pero no me encierro en ninguna novela sino en aquello puramente informativo que tiene que ver con mi trabajo, con la política o con la cultura en general.

–Bueno, es usted un caso único. ¿Con qué se entretiene? (Trato ahora de sorprenderlo con una broma impertinente). No tiene usted vicios menores. ¿Amantes escondidas? ¿Tabaco? ¿Alguna hierbita?
–¡Cómo me dice usted eso! ¡Por Dios! Sabe que no fumo, lo ha podido comprobar, y lo demás es impropio de mí. Mi dedicación total a la política me imposibilitó de abstraerme en otras aficiones. Lo que realmente me gusta hacer y me entretiene es conversar, dialogar, debatir e intentar arreglar el mundo, tanto con amigos como con conocidos siempre que tengan algo interesante que decir. La tertulia es mi verdadera y única afición. No hay otras.

–Usted, prácticamente exento de aficiones y sumergido en su curul y sus tertulias, debe haber llevado una vida intelectualmente activa aunque libre de emociones fuera de la política.
–La vida tiene tragos amargos para todos y nos da también muchos sustos. Por ejemplo, en enero del ’64 yo iba de Juliaca a Arequipa en un ómnibus, nevaba fuertemente, eran las 11 de la noche y a 50 km de Juliaca el ómnibus se cayó a un precipicio en la zona denominada “Agua hedionda”, cerca de Santa Lucía, y rodó hacia el abismo, regando heridos y muertos a lo largo de más de 120 metros. Hubo 15 muertos y más de 30 heridos entre los cuales me encontraba yo. Tuvimos que esperar 4 horas, soportando el dolor y la afluencia de sangre de algunos que se encontraban en estado de gravedad hasta que nos recogieron. Yo me partí la clavícula y me rompí un par de costillas.

–Tuvo muchísima suerte.
–Y que lo diga. Pero no soy un hombre tan sosegado como usted piensa. En cierta ocasión casi me vuelvo loco y me suicido.

–¿Sí? ¿Cómo fue eso?
–Fue el 25 de octubre de 1969, el día que murió mi padre. Era el día de Juliaca y se celebró una fiesta apoteósica en honor de mi padre, que era el personaje más querido de la región. Mi hermano Néstor y yo fuimos a celebrarlo no sin antes recibir de mi padre la orden y promesa por nuestra parte de volver a las 4 de la mañana a la casa. A mi padre, a las 6 de la mañana le dan la noticia confundida y falsa de que uno de sus hijos había muerto en un accidente. Le dio un infarto de la impresión y se murió. A las 9 de la mañana, al enterarme de su muerte, yo ya estaba tranca, pensé que había sido por mi culpa por no cumplir con mi promesa de volver a casa a las 4 de la mañana (yo a mi padre jamás le fallé) y en un arrebato y gritando: ¡noooo!, ¡noooo!, salí enloquecido a tirarme en un pozo, del que me salvaron en el último instante. El médico me puso una inyección calmante que me hizo dormir 24 horas. La noticia corrió como pólvora por Juliaca.

–¿Cuáles han sido a su juicio los grandes errores de su vida?
–Uno de ellos nace precisamente con la muerte de mi padre. Una distinguida juliaqueña, la señora Esther Hinojosa viuda de Soto (su marido acababa de morir también) que me tenía un inmenso cariño y creía en mi dilatada obra social me hizo venta de su Hacienda Taparachi, con 3,800 hectáreas sobre las áreas de expansión de Juliaca hacia Puno por el precio regalo de un millón y medio de soles pagadero en la forma que yo estimase conveniente. Yo no pensé en mí sino en Juliaca e hice la locura de ceder a la municipalidad este inmenso fundo sin reservarme ni un solo metro para mí y los míos. Construimos más de 50 mil lotes urbanos para residentes campesinos, pavimentamos 300 cuadras y abrimos 500 adicionales, hicimos 30 donaciones para fines escolares, laborales y comunitarios y para originar futuras áreas comerciales e industriales. Para redondear compré 800 hectáreas más en el fundo “La capilla”. Juzgamos los Cáceres Velásquez que teníamos suficiente con el reparto de la gran herencia de nuestro padre y nos sentimos bien de entregar tanto a los pobres. Lo terrible fue que con la revolución velasquista (siempre los autócratas jodiendo) ya no pudimos retornar a lo empresarial, menguando por consiguiente nuestra fortuna.

–Parece ser que esto fue un exceso de desprendimiento por su parte. ¿Algún otro gran error?
–El haber aceptado en febrero de 1993 al Sr. Fujimori presidir en el Congreso la Comisión de Derechos Humanos que desde Europa se impuso para darle al Perú créditos especiales a la banca privada afectada por la estatización aprista. Acepté la presidencia con las condiciones, que Fujimori aceptó, de respetar mi independencia dando yo seguridades de actuar con mi ponderación habitual, de que no habría venganzas y que se me daría personal, local y recursos (como se hizo). Lamentablemente empezó a llenarse mi mesa de trabajo con archivos de crímenes como los de La Cantuta y muchos otros más. La gente de Fujimori vio con muy malos ojos (pues no lograban manipularme) este coleccionismo mío y posterior estudio de cosas mal hechas. Decidieron eliminarme (después me di cuenta de ello) y empezaron arteramente con mi hermano Oscar (el constructor y financista de la familia) otorgándole un contrato mayúsculo en donde debía concentrar toda su maquinaria pesada, más otras compradas a plazos (en total 120 maquinarias), en un lugar donde jamás había habido huaicos ni inundaciones (comprobado por la existencia allí de antiguas ruinas incaicas). A mí me complicaron en esto haciéndome firmar un aval personal por solo un mes. ¡Fíjese, sólo un mes! Lo que no había sucedido en siglos sucedió inexplicablemente (¿?) al producirse el total sepultado de las 120 maquinarias de las cuales no quedó ni un tornillo, iniciando poco después el cobro judicial de millones contra Óscar y contra mí como garante. El pleito lleva ya 11 años y nosotros hemos ganado ya tres casaciones en la Suprema. Falta poco y ganaremos, como debe ser, para recuperar nuestro dinero, pero lo malo es que la vendetta se cumplió y yo vivo empobrecido desde entonces cobrando el 25 % de mi pensión, siendo el decano de todos los legisladores tras 40 años de servicios. Vendí, por necesidad, mi carro hace cuatro años.

–Perdone pero no comprendo eso en un caso tan claro como el suyo que ha trabajado más tiempo que nadie.
–Ni lo va a comprender porque es absolutamente increíble e injusto. Pero ¡qué quiere que le diga! Así es la vida. ¡A seguir luchando! (Por: José Carlos Valero de Palma)

 


anterior

enviar

imprimir

siguiente
Búsqueda | Mensaje | Revista