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13/Ene/2011
 
 
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Local Reelecto alcalde Alberto Sánchez Aizcorbe recupera la esperanza perdida en La Victoria.

Canto de Victoria

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Nunca antes, en más de 90 años, un alcalde de La Victoria había sido reelecto. Razón de sobra para arriesgar una hernia y cargarlo en peso.

En La Victoria sólo existían dos tipos de alcaldes: los malos y los pésimos. El arquitecto Alberto Sánchez Aizcorbe rompió con esa tradición mediante una gestión que logró limpiar al distrito de la suciedad de sus calles y de la corrupción. El pueblo lo premió depositando su confianza nuevamente en sus manos en las elecciones del 2010. Se convirtió en el primer alcalde en ser reelegido en el distrito que se prepara para celebrar sus 91 años en febrero. “La municipalidad está repleta de cerrojos, donde los alcaldes se escondían de los reclamos de la gente. Como si fuese un castillo medieval”, afirma Sánchez Aizcorbe mientras señala cómo los mantiene abiertos en una suerte de acto simbólico.

La Victoria se encontraba en la bancarrota al inicio de su primera gestión. Pero ni los 300 millones de deudas acumuladas ni las demandas judiciales con pedidos de vacancia incluidos lograron asustar al alcalde, quien con la ayuda de un equipo de profesionales trabajaron sin horarios para ordenar el distrito, mejorando significativamente la recaudación de impuestos. De esta manera fue posible emprender obras como la recuperación de jirones, de parques, la limpieza periódica, el mejoramiento de avenidas incluyendo su semaforización.

No es usual que un alcalde tenga tanto interés por la cultura. Pero Sánchez Aizcorbe no es un político común. Estuvo a punto de dejar sus estudios en la UNI, para dedicarse al teatro. Él reconoce la importancia de la expresión y de las actividades artísticas como “mecanismos de integración”, teniendo como modelo la ciudad colombiana de Medellín, la cual combatió la inseguridad ciudadana a partir de medidas centradas en el desarrollo cultural y social. Sánchez Aizcorbe combina proyectos como La Plaza Manco Cápac y las salas de encuentro con el asfaltado de avenidas y el tren eléctrico que marcarán el nuevo y emergente rumbo de un distrito que antes se daba por peligroso y sin solución. El triunfo, entonces, será de los vecinos.

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