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30/Dic/2010
 
 
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Entrevistas La insólita profesión motivadora del Pecoso Ramírez, y su aún más sorprendente entusiasmo por la selección nacional.

El Barrista Optimista

4 imágenes disponibles FOTOS  PDF 

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Su precoz carrera de barrista era ad honórem, pero tenía otras recompensas: En una semana tenía 24 invitaciones a fiestas de colegialas.

Insólita por donde se la mire es la profesión de arengador de masas y concretamente de barras futbolísticas. El que una persona salga al centro de un estadio repleto de gente, que ésta lo reconozca inmediatamente y que con sólo abrir los brazos consiga que decenas de miles de gargantas reaccionen al unísono gritando estentóreamente “!arriba Perú!” es una situación, por decir lo menos, muy difícil de producirse. Porque se ha de crear una imagen fortísima de quien sea este arengador que se permite el lujo de saltar al césped como Pedro por su casa, inmediatamente antes de un partido que ha despertado extraordinaria expectación, sin que la policía lo agarre reteniéndolo para que no salga a la cancha. Porque sería un desmadre que cualquiera lo pudiese hacer, ya que esto está terminantemente prohibido. ¿No es el Pecoso Roberto Ramírez Rodrigo una rara avis? Es lógico pensar que el Pecoso ha necesitado un tesonero, constante, aguerrido y difícil tránsito por la vida para lograr ese posicionamiento. Ahora lo tengo frente a mí en una mesa del restaurante Costa Verde y me explica, con toda suerte de detalles, la forma en que consiguió el reconocimiento de la hinchada. Creo que tiene mucho que ver con su carácter y forma de expresarse, pues es un hombre pacífico, enemigo total de las críticas y de las diatribas. No le he oído un solo denuesto ni una sola denuncia contra nadie, incluido Burga, lo cual no es fácil. Está muy lejos de la excitación temperamental y los enfados y se expresa con impecable educación no exenta a veces de cierta untuosidad prefabricada. He aquí la historia del hombre que logró conectar con más gente en el centro de un gramado futbolístico. Primera pregunta.

–¿Edad?
–Tengo un pacto con Dios que no me deja pasar de los 35 años.

–Usted es fundamentalmente conocido como animador de barra futbolística. ¿Cuándo comenzó con esto?
–Desde primero de primaria en la escuela “América” de La Victoria. Yo era jefe de barra, con excepción de cuando jugaba, y cuando no lo hacía la petición de mis compañeros era mayoritaria para que yo animase. Al principio animaba sólo al equipo de mi clase, pero fui pasando por todos los partidos habidos y por haber de otras promociones hasta que fui el animador oficial del equipo de mi colegio. Me inventé cientos de gestos y movimientos especiales que me identificaban, ya que el secreto de todo era motivar y que la gente me siguiera, porque si no lo conseguías era algo así como gritar en el desierto.

–¿Y eso duró siempre?
–No. Porque conforme crecía cada vez quería jugar más al fútbol, mi gran pasión. Lo que ocurrió es que, por motivos diferentes, dejé de jugar al fútbol y me entregué apasionadamente a la animación de barras de otros deportes, aunque incluido también el fútbol, lógicamente.

–¿Y por qué ese cambio?
–¡Ese es un buen recorte torero!, porque verá, yo tenía 16 años cuando recibí una invitación del colegio de chicas “San Jorge” de Miraflores, que tenía un magnífico elenco de voleybolistas, basketbolistas y atletas, y las sanjorginas recordarán que con la barra que yo había dirigido y formado lograron impactar y ganar en todos los campeonatos que intervenían. Esto se propagó y me llamaron de colegios femeninos como Santa Úrsula, Belén y Villa María.

–Periquito entre ellas. ¿Le pagaban por tanto trabajo?
–Ni un centavo, pero tenía otro género de recompensas.

–¿Cuáles?
–Un chico de mi edad si tenía una invitación a una fiesta en el fin de semana era feliz, y si lo invitaban a dos era inmensamente feliz. Hoy halaga mi memoria recordar que llegué a tener en una semana 24 invitaciones. Esto producía una gran envidia entre todos mis amigos y esto me hacía popular y feliz a un tiempo.

–¿Consiguió, atención a la palabra, “profundos” recuerdos?
–¡Vaya que sí!, pero lo importante, como me enseñó mi padre, es que los caballeros no tienen memoria.

–¿Usted, aficionado a jugar al fútbol, le dedicaba todo el tiempo a este deporte?
–Siendo barranquino salíamos a correr y bañarnos en la playa en invierno y en verano para hacer piernas corriendo en la arena. Eso me preparaba físicamente para jugar al fútbol y de esa forma comencé a hacerlo, fuera de mi colegio, en el “canchín” (sic) infantil y juvenil de la U. Paralelamente tenía muchas condiciones para hacer 100, 200 y 400 metros planos. Corrí con la selección de mi colegio y gané medallas de plata en los Juegos Interescolares y con el tiempo también alguna en los Universitarios.

–¿Y dónde dejó a sus lindas chicas?
–¡Cosa curiosa!, ya en la Universidad Católica y estudiando Ciencias de la Comunicación, salté al Estadio Nacional. Y para poder conquistarlo empecé por las tribunas norte y sur repletas de puro populorum. Y vaya que tuve la suerte de entenderme desde el primer instante, y hasta hoy, con el pueblo pueblo. Y me siento y soy un peruano del auténtico pueblo.

–¿Ese es el secreto de su éxito?
–Estoy seguro que sí, usted lo ha dicho, yo soy del pueblo y éste se identifica conmigo hasta el día de hoy.

–¿En ese momento se hizo famoso su grito de guerra “¡arriba Perú!”?
–Me encanta que diga que es grito de guerra, porque “¡arriba Perú!” es un grito de lucha y aliento a nuestros deportistas, pero quizás para mí lo de guerra sea un tanto excesivo porque yo soy fundamentalmente un hombre de paz. Si bien se ha dicho que el deporte es lucha, y lo es, lo esencial de él es hermanar y no separar a los pueblos. “¡Arriba Perú!” tuvo su bautizo internacional en las Olimpíadas de Roma en 1960.

–Bautizo internacional, dice usted, pero supongo que previamente ya había tenido un bautizo dentro del Perú.
–Nunca creí que comenzando a dirigir animando la barra a 20 chicos de mi clase cuando estudiaba primaria terminara en el centro del Estadio Nacional para que 50 mil personas, a cada movimiento que hacía, unieran sus corazones, emociones y voces para inmortalizar el lema “¡arriba Perú!”.

–¿Pero es un lema “¡arriba Perú!”?
–Sí, es un lema nacido en las graderías del estadio, lo cual no es un demérito sino que por el contrario ha traspasado el ambiente deportivo para convertirse en algo que yo, cuando era universitario sí llegué a pensar y anhelar que fuera lo que hoy es. Es un lema de unificación, esa unificación que ya anunció Basadre: “el Perú es un país constituido por muchos países”. Hoy día ha logrado unificar a todos los peruanos, levantar su autoestima y sentir el orgullo de ser peruano con plena identificación de que somos un país mestizo. Cuando “¡arriba Perú!” se pone pantalones largos al clasificarse el equipo de fútbol del Perú al mundial México 70 se levantaron muchas voces sobre la autoría de este lema, y entonces quedó demostrado que el Pecoso Ramírez había ido a Indeci (hoy Indecopi) dejando absolutamente claro con recortes periodísticos, fotografías y videos que años antes de 1960 era ya éste mi grito de lucha. Esto quedó registrado por mí hace más de 30 años y acabo de renovarlo hasta el 1 de enero del 2020. Este año 2010 que ahora termina el “¡arriba Perú!” ha cumplido 50 años. Gracias a Dios lo hemos celebrado a todo dar.

–¿Usted iba a todos los partidos internacionales en los que Perú jugaba fuera?
–Casi religiosamente.

–El gasto de esto sería grande. ¿Le pagaban los viajes?
–Sí. Logré tener algunos apoyos económicos. Agradecidísimo siempre. Estos apoyos son imborrables en mi memoria (he aquí una frase untuosa), aunque cobrar, lo que se dice cobrar, no cobraba.

–¿Y cómo vivía de esto?
–Era un exitoso vendedor de publicidad en Radio Libertad hasta que, inevitablemente, di el salto a la televisión gracias a Genaro Delgado Parker. La televisión es otro mundo y otra realidad. Como promotor presenté planes que tuvieron éxito y, lógicamente, redundaron en mi economía. Gracias a la televisión y gracias a Dios prosperó el “¡arriba Perú!” junto al Pecoso Ramírez.

–Usted da gracias a Dios continuamente. ¿Es usted un ferviente católico?
–Soy católico comprometido. Desde muy niño, cosa curiosa, iba a ser asmático y mi madre me llevaba en brazos con mi hábito morado a la Procesión del Señor de los Milagros. Voy a cumplir 45 años en que tengo el privilegio de que mis hombros hayan cargado las andas del Señor de los Milagros.

–¿Se confiesa?
–No solo me confieso y voy a Misa sino que también comulgo y sigo todas las obligaciones y reglamentos de la Hermandad del Señor de los Milagros de Nazarenas.

–Luego ha sido usted durante toda su vida un católico practicante, lo cual es cosa que yo respeto.
–Yo me muevo dentro de los valores cristianos y llevo 10 años de realización de la campaña “Sembremos valores”, ya que los valores que se siembra en los niños se cosechan en los hombres. He visitado más de 4,000 colegios en donde, en muchos de ellos, se profesan diversas religiones. En mi siembra de valores he aprendido a ser ecuménico.

–Usted habla de ecuménico como respetuoso de otras creencias distintas a la suya.
–Yo hablo de creencias cristianas. Recordemos que el Papa Juan Pablo II, que para mí es un santo, advirtió que si para el tercer milenio todas las creencias cristianas no se juntaban sería una ruina para la cristiandad frente al extremismo islámico.

–¿Existe para usted el sexto mandamiento, el no fornicar?
–Soy el primer pecador. Sólo Nuestro Señor es igual a nosotros en todo menos en el pecado.

–¿Con el paso de los años olvidó usted sus fans femeninas?
–Quien se queda en el pasado no tiene futuro.

–Y el chico popular que usted era ¿con qué chica se quedó para siempre?
–El amor no es volutivo (sic), por tanto nunca me imaginé hace 45 años que acabaría casado con una negra. Eso sucedió en Panamá. Ella es una extraordinaria cantante y mejor persona en lo humano y sentimental: la cantante panameña Solinka. Aguantarme a mí es verdaderamente meritorio. Ella, cuando le piden que me defina a mí, dice con propiedad: “Pecoso es un anormal ya que su vida, logros y fracasos, rompen el esquema de una persona corriente”.

–¿Qué hacía usted en Panamá?
–Fui invitado por el General Omar Torrijos para sumarme a su lucha por lograr la devolución del Canal de Panamá a sus legítimos dueños, consiguiendo con ello la plena soberanía. Me dio la oportunidad de dirigir más de 500 manifestaciones hasta lograr la firma de los tratados Torrijos-Carter. Fue un líder ejemplar, ya que le ganó una guerra a Estados Unidos sin disparar una bala. Él nos decía: “no hay que hacer la guerra a EE.UU. porque ellos ponen las balas y nosotros los muertos”.

–¿Es usted un hombre feliz?
–La felicidad no es un objetivo ni el camino final, la felicidad es un tránsito que todos los días debemos seguir trazándolo. Por ahí vamos.

–Aparte del fútbol ¿qué otras aficiones tiene?
–Tengo una que me apasiona totalmente, la de la fiesta de los toros, que es el arte más completo y bello que existe. Un arte solitario en el que el torero y el toro se comunican y cuando lo logran (porque es cosa de ambos), se plasman en la arena las más bellas y majestuosas imágenes que un ser humano pueda concebir. Tiene una estética que ningún ballet ni el mejor arte literario ha conseguido expresar tan emocional y nítidamente.

–¿Tanto así? ¿Es para usted mejor que el fútbol?
–Los toros tienen mucho más arte, el fútbol es pasión.

–¿Cree que la selección peruana de los últimos años está de capa caída?
–Permítame discrepar. Sin ningún atisbo de falso optimismo, todos los partidos internacionales que ha jugado nuestra selección este año, nos hacen vislumbrar que hay una luz al final del túnel. Ahí está Juan Vargas que debe ser el capitán por su entrega y amor a la camiseta, ejemplo que debe ser seguido por los jugadores que tenemos en Europa y los nuevos que destacan en nuestra liga.

–Para finalizar ¿qué siente un hombre solo en medio de un estadio ante 50,000 personas gritando sincronizadamente “¡arriba Perú!”?
–Es algo indescriptible, muy difícil de explicar en toda su dimensión. Nunca debemos perder la perspectiva de que la hinchada es un monstruo de 50,000 cabezas. Dirigir esta orquesta es algo realmente trascendente y maravilloso que solamente yo puedo saber en realidad lo que se siente. (Por: José Carlos Valero de Palma)

 


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