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Edición 2154

04/Nov/2010
 
 
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Literatura “Una gran ingenuidad” (Mitin Editores, 2010), aproximación de José Carlos Requena a la génesis del Movimiento Libertad entre 1987 y 1989.

Fredemo al Fresco

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El libro desarrolla la tesis de maestría en historia que llevó el autor en la PUCP.

El Vargas Llosa escritor ha regresado para opinar sobre política y animar la campaña presidencial del 2011. Esta vez –con el premio Nobel bajo el brazo– sus opiniones recordarán inevitablemente al año 1990, cuando el Vargas Llosa político intentaba seducir a las masas. José Carlos Requena, comunicador y asesor político, inaugura así la serie Ruido Político de la editorial Estruendomudo. CARETAS presenta en exclusiva un breve extracto.

Para agosto de 1987, Vargas Llosa parecía tener en claro el camino que el Perú debía tomar. Cuando Libertad nació como movimiento político, el escritor se mantenía como una de las figuras más prestigiosas, a pesar de su controvertido paso por la denominada comisión investigadora de los sucesos en Uchuraccay. Es ese prestigio el que logró movilizar a un sector amplio de la ciudadanía urbana, que colmó la Plaza San Martín en un multitudinario mitin inédito en la historia peruana: por lo menos como motivación inicial, un sector importante de la población se volcó a las calles en defensa de la propiedad privada. Vargas Llosa, así, logró incorporar en la política peruana un tema marcadamente original para la coyuntura de entonces: el rol del libre mercado y su articulación con la administración pública. Ante lo que consideró un atropello no sólo contra empresarios, sino contra las libertades básicas, Vargas Llosa inició, quizás sin saberlo, una corriente de opinión pública en defensa de las libertades básicas. A decir del escritor, esta ilegalidad era el inicio de la “amenaza totalitaria”: “La decisión del gobierno de Alan García de estatizar los bancos, las compañías de seguros y las financieras es el paso más importante que se ha dado en el Perú para mantener a este país en el subdesarrollo y la pobreza y para conseguir que la incipiente democracia de que goza desde 1980 en vez de perfeccionarse se degrade, volviéndose ficción” (El Comercio, 2 de agosto de 1987, A2).

(…)
EL MOVIMIENTO LIBERTAD ES INCONCEBIBLE sin el intento por parte de García de estatizar el sistema financiero. Y esta iniciativa política, a su vez, no se termina de entender si no revisa el contexto económico: los audaces pasos iniciales de García para enfrentar el difícil marco macroeconómico heredado de la segunda administración de Belaunde empezaban a mostrarse infructuosos y la inefectividad de sus soluciones para el problema inflacionario. El intento de estatización de la banca marca un hito político y económico en el gobierno de García, un punto de no retorno (Crabtree, 2006: 189).

(...)
Pero el Movimiento Libertad no sólo entusiasmó a empresarios: buena parte de la intelectualidad y del quehacer periodístico también apoyó su proyecto. Algo que sorprendió al propio escritor devenido en político: “Fue sorpresa encontrar entre mis colegas a algunos escritores, profesores, periodistas o artistas, que sabiendo que se exponían a la satanización del medio en el que trabajaban, hicieron causa común con el Movimiento Libertad y me ayudaron durante toda la campaña” (Vargas Llosa, 1993: 349).

Aunque hoy (y dada la apremiante situación que enfrenta el modelo económico) se cuestiona las plataformas que apuntan a la reducción extrema del Estado, Libertad muestra que el mensaje que promovía la reforma del Estado habría sido suficientemente persuasivo a final de los 80. Y aunque muchas de sus plataformas, como la defensa de los derechos humanos, parecen haberle sido arrebatadas, un movimiento que se pretendió liberal como Libertad aún se ve con nostalgia, con la idea, quizá equivocada, que su consolidación hubiera significado un aporte importante para el inestable e impredecible sistema político peruano.

¿A qué se debió, en última instancia, el surgimiento del Movimiento Libertad, una agrupación política tan sorpresiva como efímera? ¿Fue acaso solamente el resultado del arrebato indignado de una persona con figuración pública? ¿Es que las ideas liberales en el Perú habían alcanzado una considerable madurez y era un paso natural en ese desarrollo? ¿Es la primera señal del agotamiento del modelo que había privilegiado el rol del Estado en la economía y la sociedad desde hace varias décadas? Más aún, ¿por qué el sueño fue tan breve? Las preguntas persisten. Pero es evidente que no hubo una sola razón.

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