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Entrevistas Acompasado recorrido por una prolífica carrera musical que esta semana cumple y celebra sus 60 años.

Una Criolla Flor Morena

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El Teatro Segura será el escenario donde Edith Barr celebrará este 15 de octubre sus 60 años en el criollismo.

Hace más de dos años entrevisté a Edith Barr. Fue una entrevista realmente insólita porque me abrió su corazón con transparencia y sinceridad saliendo al descubierto su vida amorosa que, por interesante, redujo a un segundo lugar su biografía artística. Ahora la entrevisto por segunda vez, y en el mismo restaurante Costa Verde, ya que este próximo viernes 15 de octubre, a las 7 p.m., en el Teatro Segura, se realizará el magno evento que con motivo de celebrar sus 60 años de vida artística bajo el título “Edith Barr… 60 años después”, reunirá a dos orquestas dirigidas por el maestro Wilfredo Tarazona y un gran conjunto criollo conducido por el maestro Alejandro Velásquez con un sinfín de artistas señeros del criollismo, incluyendo los nuevos talentos. Ahí estarán Cecilia Barraza, Bartola, Pepe Vásquez, Julie Freundt, el Dúo de Oro, Iraida Valdivia, etc., etc., etc. Todos ellos le rendirán emocionado reconocimiento por su invalorable aporte a la difusión de la canción peruana. Actuarán más de cien personas, incluyendo los músicos. El espectáculo será presentado por Luis Ángel Pinasco. Estamos hablando de criollismo, de música criolla, esa música que empieza a formarse a finales del siglo XIX como una decantación de los valses vieneses, mazurcas, jotas y fandangos españoles con vaporizaciones perfumadas de la música francesa e italiana, en una mixtura pasada por batán en la que la autoctonía peruana puso su auténtica magia. Alejandro Ayarza, apodado “Karamanduka”, nace en 1884 y es producto de ese sentir nacional abrumado por la pena de la derrota de la Guerra del Pacífico. De buena familia, militar de carrera, bohemio sin par, pequeño de talla y extraordinariamente bromista, escritor de notas festivas en el Diario El Comercio, acaba convirtiéndose en un enamorado de esa música criolla que por entonces se estaba formando y adquiriendo fisonomía propia. Escribió el vals “Los ojos del puente”, pero el que le dio gran fama fue “La Palizada”, que quedó para la posteridad. Fue precisamente la peña “La Palizada”, que yo conocí en 1980, la que me hizo, al ver y oír a Edith Barr que trabajaba allí, aficionarme a la música criolla. También estaba otra peña de polendas, el “Karamanduka”, en la cual su dueña, Piedad de la Jara, me invitaba a su mesa para compartir ritmos y jarana. El criollismo me cautivó y hoy me siento muy dolido de que esté en retirada en una Lima llena de ásperas e inseguras nocturnidades. A sus 74 años, Edith Barr, “la flor morena de la canción criolla”, celebra sus 60 años de vida artística este próximo viernes 15 en el Teatro Segura. Abramos previamente el corazón y los sentidos para estar preparados ante tan rumorosa fecha. Hablemos de criollismo.

–¿Cuándo cantó por primera vez?
–Canto desde los 5 años. Cantaba en mi casa, en la Avda. Bolívar de La Victoria, pegada a la radio de mi abuela, escuchando a los famosos cantantes nacionales de aquella época. Creo que mis primeros recuerdos fueron Yolanda Vigil, Eloísa Angulo y una jovencita llamada Jesús Vásquez. Los Trovadores del Perú me fascinaban.

–Estaban también Los Trovadores del Norte, Los Troveros Criollos, los Embajadores Criollos y Fiesta Criolla, a quienes he escuchado en disco. Acaba uno confundiéndolos.
–Los Trovadores del Perú recorrieron el mundo. Eran Oswaldo Campos, Miguel Paz y Javier González. Oswaldo Campos formó después el famosísimo dúo “Irma y Oswaldo”.

–Yo los vi y eran fantásticos.
–A partir de los años 30 vino el resurgimiento enorme de la canción criolla a través de los discos de acetato que se ponían en las radios. Encender la radio era escuchar música criolla sin parar en cualquier estación. Por eso yo la escuchaba en la radio con mi abuelita. Me acuerdo de los carnavales de Barranco en los que no se oía otra cosa que la canción criolla. Era una Lima diferente. No había llegado la explosión actual y el caos de circulación que nos rompe los nervios todos los días. Lima estaba limpia, abierta, sin rascacielos. Era un vergel, geranios y muchos árboles. Recuerdo que todos los limeños (o también sus empleados) limpiaban sus veredas. La gente quería vestir bien, bonito, se arreglaban, buenos zapatos, buenas carteras. Ahora los malos fabricantes de polos han ido contra la tradicional elegancia de la mujer limeña. Las nuevas gentes. Antes era otra Lima, digna de vivirse, todavía se conservaban los balcones limeños. Había cafés famosísimos. El Hotel Bolívar, el Maury. Una Lima tranquila que la callejeabas por las noches sin ningún problema.

–¿Sus primeras actuaciones?
–Primero actuaba en mi casa, delante de la familia y en los cumpleaños de mis padres y mis cuatro hermanos. Cantaba valsecitos de Felipe Pinglo, Pedro Espinel y Márquez Talledo.

–Hábleme de sus actuaciones fuera de casa.
–A los 12 años comencé en fiestas particulares y por supuesto gratis. Y empecé a cobrar a los 14 años en fiestas de dueños de fábricas y empresas. Comencé a hacerme famosa en Radio Nacional y Radio Callao. El libretista de ambas radios Juan Marlbor Ratto me presentó en Radio Callao como “la flor morena de la canción criolla”, y eso se quedó para siempre, así como antes que a mí habían bautizado, también para siempre, a Jesús Vásquez como “la reina y señora de la canción criolla” o a Lucha Reyes como “la morena de oro del Perú”.

–Me dijo Augusto Polo Campos que el gran amor de su vida había sido Jesús Vásquez. A Lucha Reyes no la conocí pero sé que tuvo una vida muy desgraciada.
Pobrecita, fue una artista extraordinaria que nació en la extrema pobreza y mendigó por las calles y cuando de mayor triunfó fracasó en sus dos matrimonios y contrajo tuberculosis y diabetes y murió ciega en el 73. Tenía mi misma edad.

–Yo jamás la pude ver pero lógicamente he escuchado sus discos y cantaba con muchísimo dolor. Bueno, continuemos con su trabajo.
–Fui a cantar a Radio 1160 sin dejar ni abandonar a Radio Nacional, y allí tuve 3 programas semanales de media hora en donde me escucharon los directivos del Lawn Tennis de la Exposición, que me contrataron para las fiestas de carnavales en ese club y de allí di el gran salto a lo mejor de Lima: los shows estelares del Grill del Hotel Bolívar, en donde tuve varias temporadas de oro.

–Cuénteme cosas del Grill del Hotel Bolívar.
–Era el sitio más elegante del Perú. Allí todo estaba cuidado, los barmen eran magníficos y sabían en cada momento lo que querían sus clientes. Siempre estaba lleno y la gente vestidísima, allí no entraba nadie sin corbata y las señoras se ponían lo mejor que tenían. Magníficas orquestas. Mi camerino siempre con ramos o canastas de flores. También venían grandes figuras del show del extranjero, como por ejemplo el famosísimo “Bola de nieve”, y entonces yo les tenía que ceder el número final y yo salía inmediatamente antes que ellos, pero eso no era siempre sino de cuando en cuando. Pero esto me vino fantásticamente bien a mí, ya que los representantes de las estrellas extranjeras me veían actuar y querían contratarme para el extranjero.

–Usted ha sido una gran embajadora de la canción criolla.
–Mi primer viaje fue a Colombia, y una vez en Bogotá me contrataron en cadena para Medellín, Cartagena, Cali, Barranquilla y vuelta a Bogotá. Allí obligatoriamente cantaba junto con nuestras canciones peruanas temas de repertorio internacional que me exigían.

–¿Qué temas eran estos?
–Boleros sobre todo. Y yo cantaba los éxitos de los artistas que más admiraba, como Olga Guillot. A partir de ahí vencí el miedo a las idas y venidas en avión para cumplir mis compromisos en el extranjero.

–¿En qué locales extranjeros tuvo mayores éxitos?
–Debería decirle que en los mejores, aunque esto suene como falta de modestia por mi parte. Pero mire, le cuento algo, fui la primera peruana en actuar en el hotel más famoso de su tiempo, el “Waldorf Astoria” de Nueva York y en el mejor sitio de México, “El Patio”, donde en el año 63 encabecé la cartelera por encima de los más exitosos cantantes locales como eran, por ejemplo, el Trío Los Panchos. También actué varias veces en el famoso hotel “Fontainebleau” de Miami. ¡Para qué le voy a seguir contando! Fui la primera peruana en recibir el reconocimiento de la OEA en Washington.

–¿Y aquí en el Perú?
–Pues mire, cuando se puso de moda el Sky Room del Hotel Crillón estuve cantando temporadas allí. Y siempre he estado en peñas como “La Palizada” o “El Chalán”. Y todo el mundo sabe que en los 80 monté mi propio local, “La casa de Edith”, que se fue al tacho por haber cometido el error más grande de mi vida: casarme con quien no debía. Usted lo conoció. No mencione su nombre en esta entrevista, se lo pido por favor.

–No, no lo mencionaré, pero recuerdo que él la cubría de regalos.
–Me llegó a regalar hasta 3 Rólex de oro, varios abrigos de piel, joyas y todo lo que puede desear una mujer hasta que, a fuerza de insistencia logró casarse conmigo. Entonces administró “La casa de Edith” y sacó todo el dinero que pudo sin darme cuenta alguna. Cuando llegué a enterarme de lo que estaba pasando ya no hubo forma de salvar la situación, estábamos en la calle y hubo que cerrar un magnífico negocio de varios años de éxito.

–No lo nombro pero sí diré que era un siciliano mafioso que la estafó.
–Es que soy una volada. Tengo el defecto de confiar en la gente. Pero soy una volada y para demostrárselo le contaré, porque hay testigos de ello, lo que me sucedió en Chile. Estábamos allí Juan Castro Nalli, Fernando Llosa, Elsa María Elejalde y yo. Habíamos ido por un evento dedicado al Perú en un local llamado “Las Vegas”, programa y evento transmitido por la televisión. Este evento lo pudo ver Charles Aznavour, que estaba alojado en nuestro mismo hotel. A la mañana siguiente en el lobby estábamos todos cuando vi acercarse a Charles Aznavour, se dirigió a mí a felicitarme por mi actuación y me preguntó si tenía discos. Le dije que sí y entonces me dijo: “¿le gustaría trabajar en el Teatro Olimpia de París?”, y yo le contesté: “ése es mi sueño”, y entonces él me dijo: “!hecho!, aquí tiene mi tarjeta”. Y me dio todos sus teléfonos y direcciones. Y demostración de lo volada que soy es que nunca le escribí. Lo mismo me pasó con Pepe Vaquero, el representante de Carmen Sevilla que quería que trabajara en España.

–¿Cuáles son las canciones más exitosas de su repertorio?
–Son muchas. Si quitamos las más conocidas y famosas de Chabuca Granda (siempre canto alguna de ellas: ‘La flor de la canela’, ‘José Antonio’ o ‘Fina estampa’) tenemos a: ‘Limeña’, ‘Callecita de antaño’, ‘Lima de novia’, ‘Negra quiero ser’, ‘Regresa’, ‘El último brindis’, ‘Valsecito de ayer’, ‘Sin un reproche’, etc., etc.

–¿Qué canciones va a cantar este próximo viernes 15 de octubre?
–‘Qué pasará mañana’ (de Manuel “chino” Ayala), ‘Dos extraños’ (de Mario Cavagnaro), ‘José Antonio’ (de Chabuca Granda) y ‘Vamos artista’ (de Jorge Manuel Tafur). Sólo puedo cantar cuatro porque el programa es muy largo, ya que actúan muchos artistas.

–Edith, no puedo entender cómo las nuevas gentes de este país estén abandonando la afición por esa música criolla, llena de jarana y alegría a ratos. Por esa música profundamente bailable y con ritmos sincopados. Con letras dramáticas, trágicas y a veces maravillosas y deliciosamente cursis y en ocasiones vengativas y dolientes ante fracasos amorosos en los que siempre se culpa al otro. Música pegadiza aunque también llena de carácter y calidad. Folclor limeño auténtico que hoy se asfixia ante la música importada.
–Siento vergüenza de lo que está ocurriendo, pues esto demuestra una enorme falta de amor por lo nuestro. En México, en todas las fechas festivas en las que tiene que ver México como nación únicamente se escucha en el país sus bellísimas canciones folclóricas. Cuidan a sus talentos y se sienten orgullosos de lo que son y de lo que tienen. Eso le falta al Perú: orgullo.

–¡Viva la canción criolla!
–¡Y que viva el Perú! (José Carlos Valero de Palma)

 


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