martes 17 de julio de 2018
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 2148

23/Set/2010
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Acceso libre ActualidadVER
Acceso libre InternacionalVER
Acceso libre EconomíaVER
Acceso libre DebateVER
Acceso libre Ellos&EllasVER
Acceso libre LibroVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Acceso libre CulturaVER
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Acceso libre Conc. CanallaVER
Sólo para usuarios suscritos Quino
Acceso libre Concurso Jorge ChávezVER
Acceso libre Fe de ErratasVER
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Raúl Vargas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos China Tudela
Sólo para usuarios suscritos Luis E. Lama
Suplementos
Acceso libre HotelesVER
Acceso libre MéxicoVER
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2460
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Historia Anita Fernandini de Naranjo fue la primera alcaldesa de Lima, y tuvo batallas singulares. Las encuestas vaticinan que no será la última.

La Alcaldesa y el Strip Tease

4 imágenes disponibles FOTOS 

2148-alcaldesa-1-c.jpg

Algunas boîtes fueron clausuradas por ordenanza de la alcaldesa. Otras tuvieron que aplazar el espectáculo de strip tease hasta la medianoche.

La cruzada de Anita Fernandini de Naranjo contra lo que ella consideraba obsceno tuvo varias batallas. Algunas de ellas se libraron a pedradas; otras, a periodicazos. Se empeñó sin éxito en cambiar los nombres de algunas calles y, como recuerda el memorioso periodista Mario Saavedra-Pinón, ordenó tapar los nobles genitales de las esculturas de Bellas Artes. Pero su campaña más agresiva fue la que emprendió en julio de 1963, a solo cuatro meses de asumir el cargo. CARETAS la bautizó como “la guerra del strip tease”.

Cerrar boîtes en Lima y Callao la confrontó directamente con los empresarios de espectáculos. Pero también con las striptiseras y los transformistas, estos últimos encabezados por el argentino ‘Paquito’ Santa Cruz. La ordenanza la puso tête à tête con Elsa Moreno, una de lás sensibles bajas del desnudismo nacional. Ataviada con solo un abrigo largo, la ombliguista se dio el gusto de desnudarse en la calle y ‘pechar’ a la alcaldesa frente a las cámaras de la prensa. Desde entonces, los cines y teatros citadinos tuvieron que abstenerse del calateo. Algunos pocos locales, como el Bijou, lograron tramitar el permiso para ofrecer el espectáculo a partir de la medianoche. La censura fue la comidilla de la opinión pública. No faltaron las críticas a la “desnudez social” de las zonas colindantes a las boîtes. ¿Qué era finalmente más obsceno: un baile para adultos en el teatro Santa Marina del Callao o la falta de agua y desagüe en las tres barriadas de la zona (Ciudadela Chalaca, San Juan Bosco y Virgen de Fátima)?

Ése era el tono de los tímidos cuestionamientos a la gestión de la alcaldesa. Ana María Fernandini Clotet se hizo conocida como una beata interesada por la limpieza, tanto de los techos de Lima como de las almas de sus ciudadanos. Fue designada por la tímidamente progresista Junta Militar de Gobierno en 1963, pero tenía un perfil más bien apolítico. Era la mujer de alta sociedad más adinerada de su época, la benefactora que heredó la fortuna del empresario minero Eulogio Erasmo Fernandini de la Quintana. Vivió en su mansión miraflorina durante muchos años para luego mudarse a un caserón en la Av. Salaverry (luego éste sería la sede de la Embajada Soviética, hoy sede de la Embajada de la Federación Rusa en Perú). Fernandini fue esposa del ingeniero Alberto Álvarez-Calderón Flores y, tras su muerte, volvió a casarse, esta vez con Eduardo Naranjo. “Los presentaban como la Sra. Fernandini y su esposo”, bromea Saavedra-Pinón, quien luego sería secretario de Prensa de la Presidencia de la República durante el primer gobierno de Belaunde. “La trajo Nicolás Lindley, quien solo servía Inca Kola en su despacho”. El periodista también recuerda que el arquitecto Luis Ortiz de Zevallos la rebautizó elegantemente como Anota Fernandota de Toronja. La primera alcaldesa de Lima apoyó mucho la cultura, en especial el teatro sanmarquino. Era mecenas de varios artistas y era ella misma una tímida pero devota escultora. Una de sus obras más conocidas fue el Cristo de la Paz. Su fe llegó a extremos imprácticos. Algunos sacerdotes llegaron a pedirle que priorice la construcción de un hospital antes que la edificación de su soñada Basílica de Santa Rosa en las alturas del cerro San Cristóbal. Finalmente, ninguno de los dos proyectos pudo concretarse.

OTRAS DAMAS MUNICIPALES

María Delgado de Odría gozó de mucha popularidad entre los sectores más beneficiados por las obras públicas de su esposo, Manuel A. Odría. Era, en cierta medida, el rostro humano de la cruel dictadura odriísta (sus gestiones como primera dama le dieron el nombre al entonces flamante distrito de Villa María del Triunfo). Intentó capitalizar el evitismo que ya se vivía en Argentina. En 1963 postuló sin éxito a la alcaldía de Lima, representando a la alianza aproodriísta. Aquella fue la primera elección municipal por sufragio.

A pesar de su innegable labor asistencialista, la “chola María”, como fue apodada por ese entonces, tenía el mismo carisma que su marido. O sea nada. Quizá por eso se desinfla y pierde la punta al inicio de la campaña. En una entrevista con La Prensa consideró que las principales necesidades de Lima eran la construcción de un zoológico, un jardín botánico, parques, un palacio de deportes y, finalmente, una vía subterránea de ferrocarril para unir la capital con los balnearios y el Callao. Una ambiciosa idea que jamás pudo sustentar en público. El periodista Saavedra-Pinón recuerda las mofas que se le hacían a su supuesta ignorancia. “Dicen que una vez viajó a Estados Unidos en busca del embajador peruano Fernando Berckemeyer. Cuando le explicaron que estaba en Ohio preguntó “¿Enojayo conmigo por qué?”. Sus lemas fueron “un corazón al servicio del pueblo”, y sobre todo, “obras son amores”. Luis Bedoya Reyes, ex redactor del diario Jornada cerrado por Odría, había renunciado a su cargo de ministro de Justicia en el gobierno de Belaunde para candidatear a la alcaldía. La alianza AP-DC (Acción Popular-Democracia Cristiana) derrotó a la coalición APRA-UNO, a pesar de que Haya y Odría habían tenido en conjunto más votos que el propio Belaunde en las presidenciales. Bien dicen que hay sumas que restan.

TENTANDO LA REELECCIÓN

Siendo aún senadora, la primera mujer en integrar un gabinete –la ex ministra de Educación Mercedes Cabanillas– postuló brevemente a la alcaldía de Lima. Era 1989, y el APRA buscaba mantenerse en la alcaldía que ejercía Jorge del Castillo. Pero ya sin el empuje de los balconazos alanistas, el fenómeno Belmont marcó el signo de lo que se vendría. La aprista se contentó con ser la primera mujer en la Secretaría General del partido, y una entonces joven candidata a teniente alcalde por el Fredemo se quedó con las ganas. Era Lourdes Flores. (Carlos Cabanillas)

Ejemplos Ibéricos

2148-alcaldesa-5-c.jpg
España ha tenido varias alcaldesas, algunas más exitosas que otras. Rita Barberá (extremo derecho), actual alcaldesa de Valencia, fue cofundadora del Partido Popular en su ciudad. También es diputada en las Cortes Valencianas desde 1983. Fue elegida en 1991, y ha sido reelegida con mayoría absoluta en las elecciones de 1995, 1999 y 2003. En las elecciones del 2007 superó el récord histórico con más del 57% de los votos. Otras figuras populares son la reelegida alcaldesa de Castrillón, Ángela Vallina (derecha) y la de Marbella, Ángeles Muñoz.

 


anterior

enviar

imprimir

siguiente
Búsqueda | Mensaje | Revista