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16/Set/2010
 
 
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El sufrimiento de los hijos de la guerra en la primera novela de Vega.

La Flor y la Espada Rota

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Julio César Vega: “Adiós, Guernica”.
Lima, Casatomada, 2010. 180 pp.

El trabajo simbólico que implica toda obra literaria a veces se convierte en el motivo mismo de su ejecución. Esta es la principal particularidad de Adiós, Guernica de Julio César Vega, que aborda el tema de la pérdida de la inocencia en un contexto de extrema violencia. La Guernica vasca, bombardeada en 1937, se diluye como referente concretísimo para proyectarse en diversos aspectos de la materia narrativa, como en la muchacha del mismo nombre que deviene en una original caracterización y onírica tristeza.

Resulta imposible dejar de lado el famoso cuadro de Picasso. Gran parte de los personajes y elementos de Guernica forman también parte del libro de Vega. Esto invita a pensar dicha novela como un juego de cajas chinas y a sus personajes como muñecas rusas. Para ello, los sueños son más que un estado de reparación y descanso. Resultan ser, sobre todo, los espacios donde el protagonista y otros niños –de diversos sueños y realidades– consiguen liberarse y ser felices.

Esta zona onírica se convierte también en el escenario para el desarrollo de una intensa educación sentimental. Pero Vega va más allá en su ambiciosa novela, pues la lleva a convertirse en el lugar idóneo para vencer a los monstruos más repugnantes de la fantasía mítica e infantil. Y mientras Vega transa ante el dolor que Picasso estampa en la esquina superior izquierda de su pintura, el padre del protagonista no termina de morir –por la escritura– y su madre no deja de perturbar como misterioso mensaje cifrado.(Por: José Donayre Hoefken)

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