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Entrevistas Michael McKinley es el primer embajador de Estados Unidos en saltar de la cancha peruana al bravo escenario colombiano. Esta semana se despidió de Lima.

Alianza Para El Progreso

3 imágenes disponibles FOTOS  PDF 

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Con la camiseta obsequiada por los jugadores de Alianza Lima, el equipo de sus amores.

El traslado del embajador de EE.UU. Michael McKinley, 56, del Perú a Colombia es un hecho inédito en la diplomacia norteamericana, aunque guarda enorme coherencia. Lima y Bogotá tienen estrechos vínculos políticos y desafíos comunes singulares, particularmente el narcotráfico y el comercio con EE.UU. La nominación tiene “acento” venezolano –McKinley nació en Venezuela y escribió un libro sobre el periodo colonial venezolano publicado por Cambridge Press. El presidente Hugo Chávez ha roto relaciones con Colombia y se mantiene en “pie de guerra” frente a EE.UU. McKinley podría ser clave en el manejo de esta tensa relación. En la presente entrevista, McKinley eludió pronunciarse sobre esa papa caliente. En cambio, dio un optimista repaso del panorama en la región andina.

De Lima a Bogotá, ¿cuál es a su juicio el gran desafío andino?
–En los últimos 30 años ha habido desafíos de guerrilla, de terrorismo y de narcotráfico, además del desafío del desarrollo, que requiere enfrentar la degradación del medio ambiente, fortalecer instituciones democráticas, una combinación de políticas regionales y bilaterales para fortalecer la democracia y hacer frente a los desafíos.

–Apelo al historiador a 205 años del desembarco del prócer de la Independencia Francisco de Miranda en Venezuela. ¿Hacia dónde marcha América Latina a principios del siglo XXI?
–El periodo de los últimos 20 años marcó el fin de la guerra fría, y de cierto nivel de conflicto ideológico dentro de la región. El enfoque fue sobre cuáles son las políticas económicas y sociales que permiten alcanzar las metas que todos se plantean. En conjunto los cambios a través de los últimos 20 años han sido impresionantes. Esta década, por ejemplo, fue la más dinámica de los últimos 50 años en el continente. Hubo en muchísimos países un descenso en el nivel de pobreza, el fortalecimiento de instituciones de los gobiernos y hay un número de países que están ya encaminados a ser no solo países de ingreso medio en términos de riqueza, de acuerdo a los parámetros del BM y el FMI, sino en términos absolutos. Eso no quiere decir que no se presenten desafíos muy importantes todavía. El mundo no se queda parado. Por ejemplo, lo acontecido desde el 2008 en los cambios en el esquema de la economía global, en términos de finanzas, en términos de la dirección del comercio, el auge de Asia como un importante eje y motor para la economía mundial, y el nuevo enfoque sobre problemas trasnacionales relacionado al medio ambiente y consumo de energía. Pero el hecho es que los países están mucho mejor posicionados para responder a estos desafíos. En el Perú, bajar en menos de 10 años de 56 a 33% de pobreza es significativo, y hay otros ejemplos y otros países donde ha habido logros importantes. Hay transformaciones en términos de telefonía, de infraestructura, energía hidroeléctrica, mejoras en niveles de educación y el surgimiento de clases medias importantes. Es un panorama en que uno puede trabajar con la esperanza de que va a seguir mejorando el potencial de oportunidades para América Latina.

–En ese escenario, ¿cuál es el rol de los Estados Unidos?
–Nosotros tenemos un papel importante pero como socio, no como poder dominante. Hay países donde predomina más la relación y el comercio con los EEUU que otros, pero en un mundo globalizado somos parte de un fenómeno internacional. EEUU siempre ha propiciado mercados que son libres pero también justos, y que no perjudiquen a la clase trabajadora. Nadie está buscando situaciones de dominación, sino progreso que beneficie a todos. En los últimos 10 y pico años, el comercio con los EEUU se ha duplicado o triplicado, así que en términos económicos tenemos una relación que está cambiando, y en forma bastante sofisticada, entre los EEUU y la región. En términos de enfrentar los problemas transnacionales de seguridad, de lucha contra el narcotráfico, la problemática del medio ambiente, también tenemos algo que ofrecer. La secretaria de Estado Hillary Clinton ha dejado muy claro que nosotros también somos responsables de la problemática del narcotráfico, por el hecho de que somos el país de mayor consumo, así que tenemos a nuestra disposición la capacidad de ayudar a los gobiernos a enfrentar este desafío. La región de las Américas, si puedo generalizar, tiene una tradición que se está estableciendo como una región que es básicamente democrática, comprometida con un sistema de mercados abiertos, y hay áreas de cooperación que sí se están fortaleciendo de una manera importante.

–¿Y la experiencia de desarrollo alternativo en la Región San Martín? ¿El desafío en la lucha antinarcóticos en esta zona del oriente del país?
–Lo de San Martín fue otra cosa que me impactó. En una región donde prevalecía la producción de coca y la influencia de narcotraficantes, una combinación de inversiones estratégicas del gobierno regional, del gobierno central y el compromiso de las personas que vivían o viven en San Martín, en 6, 7, 8 años de esfuerzo, logró una transformación en que más de 300 mil personas ahora viven integradas en el mercado nacional, con otras perspectivas para sus hijos. Es un logro que ha sido duramente ganado, pero que parece tener las perspectivas de durar y seguir dando ejemplo al mundo.

–¿Cómo reproducir este éxito del desarrollo alternativo en el resto de las zonas cocaleras?
–Yo antes creía que la experiencia se podría trasplantar inmediatamente, pero ha sido una coyuntura específica en que el gobierno central, regional, la población, la inversión en infraestructura y mercados coadyuvaron. Los precios internacionales para ciertos productos agrícolas ayudaron muchísimo en crear la base para un desarrollo alternativo.

–¿Qué le sugiere pasar de ser Embajador del Perú a Colombia, uno de los cinco países de mayor asistencia internacional en el mundo?
No, es siempre peligroso tratar de hacer ese tipo de medición. En términos de cooperación internacional nuestros apoyos más fuertes van a países del Medio Oriente, sur de Asia, y en las Américas tenemos programas fuertes estos días, ahora en Haití, y tenemos México y Colombia, pero el hecho es que cuando uno ve esta cuestión de los presupuestos de los EEUU en relación a la asistencia internacional, cada año hay que reajustar en respuesta a las realidades económicas y estratégicas que vivimos.

 


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