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19/Ago/2010
 
 
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Seguridad Opciones de seguridad privada para capear la inseguridad pública.

Lima se Arma

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Escopeta checoslovaca automática de seis tiros. Parte del arsenal de Armería Lamela, en Miraflores.

El 91% del universo entrevistado percibe que Lima es “muy insegura” o simplemente “insegura”. La cifra pertenece a la última encuesta del Instituto de Opinión Pública de la PUCP, realizada en julio del 2010. El caso de Romina Cornejo, cuadripléjica de por vida a causa del disparo en el cuello de un delincuente, ha vuelto a colocar el problema de la inseguridad ciudadana en la agenda noticiosa y electoral.

No importa que limen el cañón por dentro y raspen el número de serie: el arma es identificable, dice el fundador de Armería Lamela. Con solo aplicar un reactivo el número aparece. Con más de veinte años en el negocio, Jaime Lamela se alegra y lamenta de que le vaya cada vez mejor: dos locales en Chiclayo y dos en Lima, y una venta que sube casi en 20% cada año. Sabe lo que implica.

Ante la creciente inseguridad pública, en algo ayuda la seguridad privada. Pero como toda privatización a la mala, la masiva compra de armas para defensa personal gatilla consecuencias peligrosas, como son el crecimiento del mercado negro en zonas como Las Malvinas (con pistolas desde S/. 400) y la radicalización de la delincuencia. “Si el delincuente está drogado y te ve armado, puede envalentonarse y disparar a matar”, advierte Lamela.

Tres son las marcas más solicitadas en el mercado local: la austriaca G Lock Perfection, con un catálogo de armas prácticas, seguras y fáciles de maniobrar a decir de los conocedores; la famosa marca estadounidense Charter Arms Co., acaso la más conocida fábrica de revólveres del medio; y la checa Ceska Zbrojovka (CZ), que desde 1936 fabrica pistolas de acero. Con los años, la venta de pistolas ha duplicado a la de revólveres debido a su menor peso y mayor capacidad de tiro (el barril del revólver solo tiene cinco o seis). Se prefiere las de cañón corto, de alto calibre y tamaño disuasivo. Se les compra para no tener que usarlas, a decir de algunos clientes.

En 1991, a causa del terrorismo, los requisitos para obtener un arma se endurecieron. A nivel personal, las licencias deben renovarse constantemente. La licencia inicial implica un certificado de antecedentes policiales, penales y judiciales a nivel nacional, un certificado de salud mental expedido por un establecimiento autorizado por el Ministerio de Salud, un certificado médico (para los mayores de 70 años), pagar S/. 68.52 por un formulario, incluir foto digitalizada y copia de DNI, copias de la factura, carta de retiro de la casa importadora y, finalmente, pasar un examen de tiro (llevar 5 municiones). La licencia por renovación debe tramitarse al menos cada dos años.

Por su lado, las casas importadoras tramitan sus permisos con al menos un año de anticipación a través de la Dicscamec (Dirección General de Control de Servicios de Seguridad, Control de Armas, Munición y Explosivos de Uso Civil), pero es el Comando Conjunto de las FFAA el que revisa todos los casos. El Ministerio del Interior expide el permiso de importación a través de la Dicscamec, y a partir de entonces hay 360 días para realizar el envío. Antes, la proforma del proveedor con el cuadro de especificaciones de las armas debe ser remitida. Cuando hay luz verde, el proveedor debe tramitar su propio permiso de exportación. En el caso de ser estadounidense la licencia la da el Departamento de Estado norteamericano.

Los civiles pueden utilizar cualquier arma de hasta calibre .38 (la Policía utiliza una Parabellum de 9 mm.). Hay excepciones para fines deportivos que pueden llegar hasta carabinas de caza, muy utilizadas también desde ciertos torreones de seguridad. En países como Estados Unidos se pueden vender metralletas AKM de uso personal, bazucas y hasta tanques.

Sin embargo, el vendedor responsable siempre recomendará evitar disparar. “La licencia es por uso y posesión de armamento de uso civil”, dice Lamela. “Apretar el gatillo es otra historia: es meterse en mil líos”. Al perder un arma, lo correcto es denunciar la pérdida o el robo y adjuntar la tarjeta de municiones. No sería extraño que la misma arma termine apuntándole a uno en la cabeza.

Hay otras opciones para quienes no disparan. Gas pimienta en una lata de S/. 40 que debe ser apuntada hacia el rostro del atacante. Una barra extensible de acero, si se sabe pelear. Un paralyzer de US$ 40 camuflado bajo la apariencia de un celular que descarga 200 mil voltios de corriente alterna: lo suficiente para tumbar a un secuestrador sin producirle un paro cardíaco (salvo que lleve un marcapasos). O comprar un rottweiler, de esos que la sociedad termina encumbrando como héroes. (Carlos Cabanillas)

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Inseguridad Nuestra de Cada día

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Al caso de la pequeña Romina Cornejo se le suma el sonado asalto a El Parrillón. Al menos setenta personas fueron despojadas de sus pertenencias en tan solo 5 minutos. Llegaron a pie y entraron bien vestidos a las 11:30 pm del sábado 14 de agosto al local miraflorino del cruce de las avenidas 28 de Julio y Grimaldo del Solar. La policía llegó media hora después. La aparente tranquilidad de los seis asaltantes que entraron con el rostro descubierto y frente a las cámaras de seguridad del restaurante llama la atención sobre la gravedad del problema. Hace cuatro años se promulgó la Ley N 28879, que regula el servicio de seguridad privada y busca su colaboración con la Policía Nacional. Actualmente hay 509 empresas registradas en Dicscamec, con más de 87 mil agentes de seguridad, 49 mil armas de fuego, 2 mil 123 autos y 16 mil equipos de comunicación. La Hoja de Ruta para un Plan Local de Seguridad Ciudadana del IDL también propone una unión de esfuerzos: policías, serenos y ciudadanos. (Con información de Abilio Arroyo)

 


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