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17/Jun/2010
 
 
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Entrevistas Ricardo Solari, profesional de campañas en Chile, cree que encuestas son prematuras.

Tiempo de Alianzas

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El economista chileno Ricardo Solari es un hombre de campañas. En 1988 participó activamente en la del “No” que terminó con la era de Augusto Pinochet. Estuvo en primera fila en los triunfos de Patricio Aylwin, Ricardo Lagos (de quien fue ministro por cinco años) y Michelle Bachelet. El momento políticamente amargo le llegó como hombre fuerte de la reciente campaña del ex presidente Eduardo Frei, con quien también había trabajado en su gobierno. “Como dice nuestro entrenador Marcelo Bielsa”, comenta, “si uno no conoce la derrota no puede conocer la victoria”. El actual vicepresidente del Partido Socialista pasó por Lima para participar en el Seminario “Género y Partidos Políticos en América Latina”, organizado por IDEA, el Banco Interamericano de Desarrollo y Naciones Unidas. Aventuró a CARETAS un escenario para los próximos meses.

–¿Qué haría si le tocara asesorar a Luis Castañeda, tan “duro” para transmitir mensajes?
–Es un dilema que en este momento no tiene que ver con la comunicación política sino con el planteamiento y la gestión de un liderazgo para crear alianzas y fuerzas que puedan tener una opción. La impresión es que el gran problema de las candidaturas es que no logran unificar un contingente importante de electores. Solo representan a segmentos del electorado. Veo la urgencia por un tipo de liderazgo que logre articular todos estos fragmentos en una verdadera opción nacional que, en el fondo, tiene una lógica de continuidad pero requiere enfatizar en la provisión de bienestar no solo para los sectores vinculados al crecimiento sino también para los que están fuera. Ese perfil se va a constituir cuando los electores tengan la obligación de definirse. Creo que las encuestas son prematuras para un cuadro que todavía no está constituido.

–Y con esa etapa cumplida, ¿hay candidatos que pueden mantener silencio hasta el final de la campaña?
–Sí. El ex presidente Néstor Kirchner es un hombre que habla poco. Esto no tiene necesariamente que ver con la elocuencia. Así son los procesos históricos. No es un concurso de talentos. Tiene que ver con un cierto sentido del ritmo, del tiempo, de la oportunidad.

–¿El silencio puede ser una ventaja en algunos escenarios?
–Hay candidatos que opinan sobre todos los temas y se creen verdaderos dueños del futuro. La gente quiere credibilidad, honestidad, y eso puede ser más importante. A la presidenta (Michelle) Bachelet se le criticaba su propio expertise técnico. Puede tener cien técnicos pero la que disponía de credibilidad era ella. A Obama no lo eligen por ser un gran gestor sino porque la gente veía que el país entraba en una fase de crisis profunda, moral. Lo que veían era una oportunidad, como decía su propaganda, de esperanza. En el caso de (Sebastián) Piñera su capacidad de gestión sí es un plus porque, si bien Chile tiene un crecimiento sostenido, la percepción de la gente es que el Estado puede gestionarse mucho mejor.

–¿Por qué perdió la Concertación?
–Primero, veinte años de gobierno. Mucho desgaste. En segundo lugar, la crisis de la Concertación, con demasiados precandidatos y disidentes. Pero ahora el presidente Piñera no está gobernando con una agenda que se podría calificar de derecha.

Hay quienes dicen que América Latina está dando un giro a la derecha.

En Chile ganó una opción de centro derecha luego de veinte años de gobierno de centro izquierda. En Colombia seguirá lo que representa Uribe. Pero creo que en la elección más importante de Sudamérica, que es la brasileña, se va a votar por la continuidad del gobierno del Partido de los Trabajadores. Argentina se mueve dentro de la opción de la centro izquierda. En Costa Rica fue elegida Laura Chinchilla, que salió del gabinete del presidente Óscar Arias.

A mi juicio hay tres elementos importantes: el continente tiene sistemas electorales cada vez más sólidos, aunque con algunos elementos preocupantes como el reeleccionismo; los programas son cada vez más importantes y por eso las elecciones son reñidas; y la política en América Latina se está volviendo crecientemente moderada. El neoliberalismo del pasado no tiene ningún espacio. Estamos viendo gradualismo, compromisos fuertes con políticas sociales y crecimiento económico. De otro lado, el despido en 48 horas de un embajador chileno que declaró su admiración por Pinochet demuestra que no hay el más mínimo espacio para esa política. (Enrique Chávez)

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