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Entrevistas Director Guillermo Castrillón y las honduras de su lírica teatral.

El Teatro como Poesía

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“El espectador de mi teatro sufre una especie de shock invisible y participa aunque no activamente. De eso se trata”.

Guillermo Castrillón (42), es el director teatral cuyas performances están al frente del vanguardismo a ultranza que podemos ver hoy en los escenarios de Lima. Su obra refleja la búsqueda del inconsciente individual y colectivo, y es la dramatización del propio yo para poder encontrar aquello que todos llevamos dentro y que no aflora a la superficie porque somos incapaces de reconocerlo puntualmente. ¿Teatro psíquico al encuentro del subconsciente? ¿Plasticidad de la expresión corporal motivada por los flujos anímicos? ¿Espectáculo interiorista? La pregunta principal que hay que hacerse es: ¿es esto teatro? Porque hay una anulación del hilo argumental y literario para poder introducirnos en un lenguaje abstracto de ocurrencias instantáneas propiciadas por improvisaciones orales y gestuales apoyadas en sonidos a veces guturales, en gritos, en espasmos, en insultos, en agresividad, en silencios que sobrecogen, en la plasticidad de los movimientos y en la magia de las luces y el apoyo de una selección musical maravillosamente adecuada para cada momento. Hay también una sexualidad omnipresente a través de los desnudos masculinos y femeninos. Pero éste es un lenguaje corporal que no cae jamás en el facilismo de lo pornográfico por más crudeza que en algún momento pueda aparecer, ya que todo esto se disuelve en la trascendencia del horror y de los demonios internos. Esto es lo que vemos en su obra actual, “La Sombra”. En un anterior estreno de Castrillón, “Sara”, un unipersonal protagonizado por Karen Spano, se encontraba a mi lado el conocido dramaturgo Alonso Alegría, quien me comentó: “no hay que intentar buscar significado claro a lo que se ve y se oye porque no lo va a encontrar. Esto es poesía, pura y simple”. En otra performance, “La Gaviota”, Castrillón hacía interactuar al público con la protagonista Melania Urbina. Hay que pensar que por más variaciones sustanciales que imponga en sus performances siempre estará presente la expresividad y el derroche físico de la abrupta y sensual danza moderna, que durante muchos años efectuó el bailarín, actor, coreógrafo y hoy director Guillermo Castrillón, a quien tengo ahora frente a mí en el restaurante Costa Verde. Es un hombre extremadamente pacífico y que está en las antípodas de todo aquello que signifique enfrentamiento o discusión, aunque hable como un loro si no se le interrumpe. No funge de intelectual y no creo que lo sea. Él mismo confiesa que es un producto de la escuela de la vida, a la que ha ido adaptando una sensibilidad muy tierna e intuitiva. Es un hombre sincero por encima de todo y a través de esta sinceridad va a surgir un rosario de respuestas. Empezamos. Primera pregunta:

–¿De dónde viene el apellido Castrillón?
–¡Uf…! Somos originarios del pueblo Castrillón en Asturias, España, del que salieron dos hermanos sobre el año 1600. Tengo genealogía sobre esto. Estos Castrillón fueron a México, con el tiempo pasaron a Colombia y después al Perú, o sea que estamos algunos siglos aquí. Mi bisabuelo César Castrillón fue muy conocido en Lima como uno de los introductores de la linotipia, y en este sentido podríamos decir que pertenezco, por parte de padre, a una familia de clase media alta. Bueno…, familia…, es un decir… es que no sé muy bien situar como tronco familiar a mi bisabuelo… mmm

–¿Por qué esas dudas?
–Mi bisabuelo tuvo 36 hijos con 9 mujeres, y mi abuelo era el mayor. Mi abuelo se forjó solo porque su padre se negó a ayudarlo en cierto momento, y eso le creó un resentimiento frente al padre pero le dio una gran fortaleza frente a la vida. Y le fue bien. Montó una fábrica papelera en donde con el tiempo terminó trabajando mi padre.

–Cuénteme de la familia de su madre.
–Mi madre es del Callao y la última de 11 hermanos. De clase media baja venida a menos por las expropiaciones de Velasco Alvarado. Siempre encontré el mayor afecto en la familia de mi madre, extraordinaria gente humilde y solidaria cuyos valores contraponía yo a la pituquería de mi familia paterna, que a pesar de exhibir casas con piscina y lujos en La Molina yo la encontraba más fría en el trato. Pude conocer dos mundos diferentes.

–¿Y en qué mundo nace usted?
–Ni en El Callao ni en La Molina. Nací en Jesús María y al año mis padres se fueron a vivir a San Isidro, en un barrio entre las avenidas Arequipa, Petit Thouars y Javier Prado, que en ese tiempo le llamaban “Kabul”. Crecí en una Lima de los 70 muy agradable, holgada, con espacio de barriada enternecedora y vecindad amable hasta que Velasco y Morales Bermúdez la convirtieron en una Lima tugurizada, aunque muy interesante, por la cantidad de migración y sincretismo de culturas. Y ahí nació la cultura chicha en un ambiente de pobreza y violencia. En cualquier caso mi barrio era mi barrio y yo me perdía en él con afán aventurero, aprendiendo a vivir en el “código de la calle” con el respaldo emocional de mi madre, a la que le debo el no haberme perdido en “las peligrosas calles”, aunque en ellas lo pasé extraordinariamente bien con las niñas y los amigos. Nostalgia e inocencia de calle y de gentes que me pudieron tratar muy bien, bien, regular y hasta mal, pero que fueron experiencias inolvidables.

–¿Siempre fue un niño feliz?
–Hoy, después de un tratamiento de ayahuasca que tuve hace 2 años, descubrí que había tenido una depresión endógena desde los 8 años, a pesar de haber tenido una infancia aparentemente feliz y divertida.

–¿Y cómo fueron sus estudios?
–Estudié en el Colegio San Agustín hasta primero de media, en que me botaron y expulsaron por rebelde y desadaptado. La verdad es que yo quería un colegio mixto, porque “en la escuela de la calle” había conocido niñas y mi colegio era sólo de hombres y por tanto muy aburrido. Terminé la secundaria sin pena ni gloria.

–¿Cómo surgió la idea de estudiar teatro?
–A través de mi madre, que conocía a Reynaldo D’Amore, me lo presentó y él inmediatamente me ofreció una beca de 3 años para estudiar actuación en su taller. Paralelamente estudié Publicidad en el IPP (Instituto Peruano de Publicidad), terminé ambas carreras pero luego me decidí por el teatro, ya que la publicidad me decepcionó.

–¿Cuándo fue la primera vez que pisó un escenario?
–En el año 1988, en el Teatro La Cabaña bajo la dirección de José Enrique Mavila. Estuve 2 años con él en el grupo Acero Inoxidable y luego un año con el Grupo Uno. Mi auténtico entendimiento del arte lo hice con el Grupo Integro, con el que estuve 10 años saliendo muchas veces aunque con intermitencias al extranjero: festivales de Hamburgo en Alemania, Linz y Salzburgo en Austria, Ámsterdam en Holanda, Estocolmo en Suecia, Cádiz y Madrid en España, Río y Sao Paulo en Brasil y en Latinoamérica en los de Bogotá en Colombia y Quito en Ecuador. Luego obtuve una beca en San José de Costa Rica de 3 meses, ya tenía 29 años de edad. En Montpellier, Francia, estuve yendo y viniendo como coreógrafo y enseñando expresión corporal a niños y adolescentes. En el mismo Montpellier hice la coreografía de una ópera. A raíz de estos 10 años de viajes me forjo como director y a los 30 años comienzo a dirigir y mi primera obra, de danza, fue: “De dúos y solos”.

–En sus obras ¿no hay detrás un espíritu sadomasoquista? En “Sara” Kareen Spano se revolcaba sobre bloques de hielo totalmente desnuda y además se duchaba con agua fría, eso en pleno invierno y en un escenario que no era exactamente abrigado. En “La Gaviota” Melania Urbina se tiraba la cera ardiendo de las velas en las muñecas de las manos. Y ahora en “La Sombra” se pegan unos a otros y se autoflagelan además de reventarse como caballos en un trabajo de increíble esfuerzo físico.
–No hay sadomasoquismo intencional. Mis actores están motivados para enfrentarse a sus demonios internos en una especie de terapia en la que la mente es más fuerte que el dolor y el cansancio y su concentración, aunque hurgar hacia adentro siempre te da dolor, lo hace todo soportable. También el espectador se afecta con esto sin sufrir en una especie de shock invisible y participa aunque no activamente. De eso se trata.

¿Cómo ha transcurrido su vida amorosa?
–Mi primera pareja estable fue a los 23 años. Luego he tenido cinco más. No creo en el matrimonio, ya que de creer estaría ahora con 3 ó 4 divorcios encima. La suerte para mí es que estos dos últimos años han sido, y son, y espero que lo sean siempre, los más felices de mi vida, gracias a Patricia Riera, mi pareja actual. Ella me acepta tal como soy, con lo cual estoy tranquilo y feliz. Es maravillosa. ¿Quién aguanta a un bohemio como yo?

–¿De aquí a 10 años cómo se ve?
–Ahora estoy terminando mi temporada en la Alianza Francesa de Miraflores con “La Sombra”, que estará hasta el 21 de junio, en sus cuatro últimas funciones de jueves a lunes a las 8 pm. Mi próximo estreno va a ser “La Piedra de la Locura” el 17 y 18 de julio en el Centro Cultural de España. Me veo en el futuro viviendo en el Perú y viajando a Europa con Pati, llevando mi trabajo a festivales y conociendo a grandes artistas.

–¿Dónde se sitúa políticamente hablando?
–Anarquista, porque no creo en los sistemas que me ofrecen, ya que para mí están devaluados. Todo es negocio, como son negocio las drogas. Hay que tener dos dedos de frente para no darse cuenta de que todo es una gran mentira, ya que los poderes políticos y religiosos son rentables. Éstos se necesitan pero se han corrompido. Se perdió la esencia. Me quedo con la frase de Montesquieu: “si alguien me ofreciera algo en mi propio beneficio que fuera en detrimento de Francia, lo rechazaría; igual que si alguien me ofreciera algo en beneficio de Francia que fuera en detrimento del resto del mundo”.

–¿Es usted antisistema?
–Soy antisistema. No creo en las religiones pero en Dios sí. La divinidad está dentro de cada uno de nosotros.

–¿El peor momento de su vida?
–Cuando tenía 31 años me operaron dos veces (cual conejillo de Indias) en el Hospital Almenara de tumores pre-malignos en las cuerdas vocales, me quedé mudo, sin poder hablar un año. Tenía que escribir para comunicarme. No quedé bien. Luego por tercera vez me operaron en la Clínica San Borja, el Dr. Arias Schreiber (otorrino), gracias al apoyo de amistades y de mi madre. Y me curó en un abrir y cerrar de ojos. La medicina indudablemente es selectiva.

–¿Aficiones?
–Surfing. Me fascina el mar, mi padre y mi madre influyeron en mí, mis experiencias de niño en el mar de Chucuito son inolvidables. Antes de expirar me iría al mar a hacer tabla con Pati como lo hago siempre con ella. Me encanta lo mío, la danza y me gusta escuchar bossanova (Caetano Veloso, Chico Buarque), rock clásico, Astor Piazzolla (me parece intenso) y de los clásicos Tchaikovski en su Sinfonía Patética o en la Obertura 1812 o en su famoso concierto para violín y orquesta. Todo él.

–¿Si le dan un día: ¿dónde, cómo y con quién lo querría pasar?
–En una playa paradisíaca con Pati para correr olas, hacer el amor en la arena, comer langosta recién sacada del mar y ostras gallegas acompañado de pisco sour como aperitivo y luego champagne francés.

–¿Personaje que admira?
–Jodorowski, chileno de origen judío-ucraniano, director de Teatro Performance, escritor e inventor de la Psicomagia (terapia con el arte).

–¿Y a quién detesta?
–A Ollanta Humala y a su papá Chávez, que son grandes businessmen del nacionalismo. Chávez es antiyanqui y sin embargo le vende petróleo a Estados Unidos.

–Autodefínase.
–Gracioso, pervertido, honesto, desvergonzado, leal, monógamo, cariñoso, materno, ama de casa, hogareño, conchudo, sincero, lunático, no le deseo mal a nadie, trato de no odiar, volado e idealista. (Por: José Carlos Valero de Palma)

 


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