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03/Jun/2010
 
 
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Internacional Errores políticos de Mockus le pasaron los votos a Juan Manuel Santos.

Santos Prejuicios

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Las encuestas que pronosticaban casi un empate se llevaron un gran chasco con el holgado triunfo del oficialista Santos.

En Colombia, “pifiarse” equivale a equivocarse al punto de llegar al papelón. Y con la primera vuelta de las elecciones presidenciales, las encuestadoras se “pifiaron” monumentalmente. Días antes de las elecciones del domingo 30 los sondeos registraban casi un empate técnico entre el oficialista Juan Manuel Santos y el opositor Antanas Mockus. Al final los votos en las urnas sumaron 46.5% para el primero y apenas 21.5% para el segundo. Santos no se la llevó en primera por menos de medio millón de votos.

Habrá segunda vuelta el 20 de junio, pero las posibilidades que tiene Mockus de forjar alianzas son mucho más limitadas que las de su contrincante. Para empezar, Germán Vargas Lleras, que quedó tercero con más del 11% de los votos, es un promotor del uribismo sin Álvaro Uribe. Disidente del partido liberal como el presidente saliente, el senador Vargas Lleras tiene bancada propia y será un fiel de la balanza política. Más cerca de Mockus podría estar el también parlamentario, y ex militante de la guerrilla del M-19, Gustavo Petro, que superó el 9% al frente del izquierdista Polo Democrático, que en algún momento fue la única colectividad capaz de hacerle frente a Uribe.

Rezagados quedaron Noemí Sanín del Partido Conservador (6%) y Rafael Pardo del Liberal (4%). Especialmente significativo si se toma en cuenta que hasta la llegada de Uribe la democracia colombiana se sustentó en el bipartidismo.

Desde el Congreso colombiano, y recordando recientes propuestas apristas, ya se pide meter a las encuestadoras en cintura. Los directivos de estas empresas, como Jorge Londoño de Gallup, aceptan que el resultado “es indudablemente desconcertante” pero alegan que en los diez días previos a la elección, cuando la ley impide la publicación de los sondeos, ya se veían venir los cambios en la tendencia. Los ejecutivos de una firma, Datexco, señalan que ellos sí hicieron estudios completos durante el apagón de encuestas y que estos reflejan el aluvión a favor de Santos.

Para interpretar la diferencia también se ha aludido a la deficiente medición de factores como el voto rural, pues es sabido que las encuestadoras se concentran en las urbes.

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Mockus fue ambiguo y no tendió puentes.

Mockus contra Sí mismo

Por lo demás, las explicaciones para el declive de la “ola verde” en la que venía encaramado Mockus han coincidido en torno a los errores del personaje. El ex alcalde de Bogotá se disparó en los últimos tres meses, luego que la Corte Constitucional le prohibiera a Uribe ir a una segunda reelección. Mockus se sumó al Partido Verde desde setiembre del 2009 y allí llegaron también Enrique Peñalosa y Lucho Garzón, otros ex alcaldes de la capital. Mockus triunfó en elecciones internas y luego se sumó a su fórmula Sergio Fajardo, muy querido ex burgomaestre de Medellín también salido de la cantera docente y matemática.

Pero en el último tramo de esta campaña relámpago Mockus volvió a recordarles a los colombianos que sus fortalezas eran también sus debilidades: no es un político en el sentido tradicional de la palabra, para bien y para mal. Este hijo de lituanos se convirtió en un fenómeno político cuando aplicó métodos de pedagogía de masas al frente de la alcaldía de Bogotá (1995-1998) e introdujo medidas audaces, como la “Hora Zanahoria” (un toque de queda para establecimientos nocturnos), que redujeron significativamente la criminalidad en una ciudad contaminada de armas cortas. La Cultura Ciudadana transformó a Bogotá y la huella se siente hasta hoy.

Desde entonces la mira de Mockus estaba puesta en la Casa de Nariño. Abandonó la alcaldía un año antes de terminarla y se embarcó como fórmula presidencial de Sanín, que entonces no fue conservadora sino independiente. Perdieron frente a Andrés Pastrana. Pidió perdón a sus electores y volvió a ser alcalde de Bogotá entre el 2001 y el 2004. La última gestión fue opacada por la de su predecesor, Peñalosa, que intensificó el trabajo en obras de infraestructura. A Peñalosa corresponde, por ejemplo, el lanzamiento del Transmilenio en el que se inspira El Metropolitano limeño. En el 2006 Mockus volvió a ir en pos de las presidenciales, esta vez con candidatura propia respaldada por un movimiento indígena, y quedó en cuarto lugar con poco más del 1%.

Esta vez Mockus fue traicionado por lo peor que puede achacársele a un candidato presidencial: la ambigüedad e incapacidad de tender puentes. María Jimena Duzán, columnista notoriamente anti-Uribe, le reprochó en la revista Semana que “su forma errática de aproximarse a los problemas del Estado demostró que no estaba lo suficientemente preparado para enfrentarse a los temas de fondo. Perdió el voto costeño cuando se opuso a (la iniciativa de autonomía) el voto Caribe en Barranquilla; perdió el voto de los médicos cuando dijo que solo se merecían el sueldo de un millón de pesos (poco menos de US$ 500); perdió el voto de los progresistas cuando se mostró más a la derecha que Uribe en el tema del intercambio humanitario (con la guerrilla) y cuando de manera sectaria le cerró la puerta a una alianza con Petro. Esos titubeos le hicieron perder el voto de opinión en Bogotá, su fortín electoral por excelencia y muchos de los que habrían podido votar por él en la primera vuelta terminaron haciéndolo por Vargas Lleras”. A ello hay que añadir que le reconoció cualidades a Hugo Chávez quien, como ocurrió aquí en el 2006 con Lourdes Flores primero y Alan García después, se la pasó insultando a Santos.

Teflón Uribista

El gobierno de Uribe ha sido duramente cuestionado por graves escándalos que tocaron a su ministro delfín, como el de los “cero positivos” (las casi tres mil ejecuciones extrajudiciales de pobres e indigentes para “contarlos” como guerrilleros) y la saga de la “para-política” que tiene en la cárcel a buena parte de la bancada oficialista, incluyendo a un primo de Uribe, por sus vinculaciones con los sanguinarios paramilitares. Aún así, buena parte del electorado le reconoce sin chistar los duros reveses sufridos por la guerrilla, hasta hace poco imbatible. Mientras Mockus se ahogaba en sus contradicciones, la campaña oficialista contrató en el rush final a J.J. Rondón, curtido estratega venezolano de marketing político que puso a Mockus contra las cuerdas y contribuyó a inclinar los números. Como podría volver a confirmarse en el Perú, los idiomas de las lides municipales son muy diferentes a los masticados en las presidenciales.

Santos, miembro de la rancia familia que vendió al grupo español Planeta el diario El Tiempo, no oculta sus aspiraciones desde hace veinte años. Entonces nadie tomaba en serio al poco carismático muchacho. Y ahora se encuentra a pocos pasos de suceder a su jefe. (Escribe: Enrique Chávez )

 


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