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03/Jun/2010
 
 
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Personajes En términos literarios, el mundo puede ser ancho y pequeño.

Inglés Rima

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Marcus Cumberlege y la belleza anglo-felina de su tía Diana, esposa de Jorge Dibós.

Marcus Cumberlege es un prolífico poeta inglés que ha vuelto al Perú para recordar dos visitas que marcaron su vida.

En 1957, a los 18 años, estuvo unos meses aquí en la mansión de su espléndida tía Diana, casada con Jorge Dibós Valdeavellano, cosmopolita empresario peruano, y recorriendo el país.

“La pasé tan bien que quería quedarme”, dice, pero acababa de ganar una beca para estudiar literatura en Oxford y las presiones familiares fueron múltiples para que la asumiera.

Cumberlege retornaría al Perú en 1962 en un barco carguero, con título universitario pero sin una idea clara de cómo ganarse la vida, y pasaría un periodo trabajando como ayudante de caporal ecuestre en Urcón, Ancash, contando ovejas.

“También estaba encargado de pagar a los campesinos cuando, una vez al mes, acudían desde diversos confines de la extensa propiedad”.

Dos cosas le llamaban la atención. Casi todos tenían nombres griegos y romanos clásicos, como Sófocles y Aquiles, Ulises, Heracles y Saturnino, y a todos se les pagaba solo con hojas de coca.

“La soledad y la miseria eran inmensas y aguanté pocos meses”, dice.

La experiencia dejó una huella que rimó con vinculaciones peruanas que continuarían en Europa.

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Vínculos con Alfredo Bryce y César Calvo.

Ese año extendió su estadía enseñando inglés en Lima y trabó amistad con Alfredo Bryce Echenique, escritor en ciernes de su misma edad quien ya dejaba sus estudios de derecho para pocos años después plasmar ‘Un mundo para Julius’.

Puesto que la emblemática novela familiar y social de Bryce recoge estampas que incluyen un colegio inglés y una madre que llama “darling” al protagonista, cabe preguntarse si, mutatis mutandis, ese nombre Julius, inusual para un niño limeño, no viene subconscientemente de Marcus.

Su vinculación con Bryce se retomó en París y se amplió a otros escritores émigrés como Julio Ramón Ribeyro y César Calvo, a quien saludaba con un jocoso “la tierra está mojada de sangre” en alusión a Bruto.

“Puedo decir que César Vallejo fue una gran inspiración para mí”, dice hoy Cumberlege. “Por eso los críticos londinenses no me entendieron. Era un bicho raro. La poesía en Inglaterra me parecía insípida, sin pasión”.

“Yo nací” precisa, “el año de la muerte de Vallejo”.

Entonces, a los 27, ganó el importante Premio Eric Gregory para poetas jóvenes y poco después publicó su primer libro.

Ahora lleva 25 poemarios editados con títulos como ‘Hojas doradas para alegrar a un niño’, ‘La dama blanca’ y ‘Siete días en la vida de un esqueleto que ríe’.

No existen traducciones en castellano, pero también ha publicado tres libros en flamenco. Es que se mudó a Brujas en 1970, se casó con María Lefever, y en Bélgica reside desde entonces.

En septiembre el municipio de Brujas lo honrará como residente ilustre.
Marcus Cumberlege es además, desde 1963, budista de la escuela Shin. Así que, a la vez que rinde homenaje a Vallejo, confía en que el poder de Buda le muestre el camino.

Los Cumberlege

A diferencia de los personajes que pueblan ‘Un mundo para Julius’ y cierta frívola burguesía limeña que no se distancia mucho de la actual, tanto Marcus como su tía Diana Cumberlege arrastran antecedentes de dramas europeos singularmente duros.

El primer esposo de Diana fue asesinado a inicios de la Guerra Civil Española y ella con sus dos hijos infantes, Joe y Paloma Avial, lograron huir de un centro de detención en Talavera de la Reina gracias a la ayuda de labriegos amigos. En Madrid los conoció Jorge Dibós.

Mientras tanto, el padre de Marcus, marino y navegante experimentado en el Mediterráneo, fue encargado por la Armada británica de realizar operaciones especiales al desatarse la Segunda Guerra Mundial.

Desde Alejandría llevaba armas a la resistencia en Creta y sacaba a refugiados en una pequeña embarcación. Después le fue ordenado sabotear el Canal de Corinto.

Allí fue capturado por las tropas nazis en 1943 y llevado a un campo de concentración en Alemania. Dos días antes de terminar la guerra en Europa un destacamento de la SS lo fusiló.

 


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