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06/May/2010
 
 
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Política Lo que estuvo detrás de la licencia de Jorge del Castillo frente al APRA.

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García acompañó a Del Castillo a la puerta de Palacio antes que éste hiciera pública la decisión. También envió nota de prensa felicitando a su ex premier.

La operación de microcirugía política comenzó en verdad el lunes 3 muy temprano por la mañana, con la reunión que pasó inadvertida entre los medios.

Jorge del Castillo fue llamado a Palacio de Gobierno luego de varios días de incomunicación con el presidente Alan García. A las 9 y 30 de la mañana ingresó por la puerta de la nueva Presidencia del Consejo de Ministros. El premier Javier Velásquez Quesquén acababa de declarar a los medios y, con la sonrisa de oreja a oreja, prometió a los reporteros una solución a los problemas del partido en las horas siguientes.

García, mientras tanto, acababa de llegar de inaugurar un instituto de oftalmología en Breña, donde aclaró que no le había dado un ultimátum al partido para que los dos secretarios generales elegidos apenas hace un mes y medio, Del Castillo y Omar Quesada, se aparten temporalmente de sus cargos mientras eran investigados por las denuncias periodísticas que los afectaron en las últimas semanas.

Conversaciones en Palacio


Lo conversado entre García y Del Castillo en esa primera reunión de aproximadamente dos horas no ha sido revelado. Sí se sabe que, a su salida, el congresista estaba prácticamente decidido a ceder. Su otra opción quedaba clara: atornillarse al cargo partidario contra la voluntad de AGP y aguantar la tormenta de titulares y los ocasionales puyazos presidenciales.

El camino que se trazó Del Castilllo en esa mañana del lunes tenía tres escalas muy claras: apartarse temporalmente del cargo, salir airoso de la investigación del Ministerio Público que ya está en curso y luego volver a tomar las riendas del APRA.

De inmediato se desató la discusión sobre en quién debería recaer el control del partido mientras tanto. El ex secretario general Mauricio Mulder consideró que debía ser la Dirección Política, que él integra. Wilber Bendezú, que aborrece a Mulder y ocupa una de las sub-secretarías, opinó que debían ser los subsecretarios.

El escenario de la candidatura presidencial de Del Castillo ya quedaba muy atrás. Comentaristas y columnistas han especulado durante los últimos años sobre su supuesta obsesión con esa designación, pero la verdad es que esa fue desde siempre una ruta plagada de dudas. El entusiasmo era mucho más notorio en su entorno que en él.

Primero, las encuestas nunca le sonrieron, por más prematuras que fueran y por más voto aprista escondido que pueda haber. Aún a principios de año, cuando parecía políticamente revitalizado y se abría un espacio de insatisfacción ciudadana entre la mudez de Luis Castañeda y la peligrosa posibilidad fujimorista. Entonces el “cholo” Alejandro Toledo, y no Del Castillo, fue el que comenzó a ocupar el hueco electoral. Aparentemente, es muy difícil que el Perú reelija a un gobierno con distinto candidato. Y también parece pesar la maldición del primer ministro, por la cual ni un número dos descollante como Manuel Ulloa fue capaz de dar el gran salto.

A ello debe añadirse la posición del propio García. El lugar común consiste en concluir que no le conviene un gobierno aprista si quiere volver a Palacio en el 2016.

¿Y un animal político como él dejaría que su partido abandone el poder solo por su propia ambición? La pregunta no tiene respuesta pero varias señales indican que la situación es más compleja. Según lo que el Presidente les comenta a sus cercanos, él hubiera apostado por un candidato de Alfonso Ugarte con posibilidades reales. “Pero, como hermano, te digo que ningún candidato aprista pasará a la segunda vuelta”, le expresó a Del Castillo no hace mucho, según una fuente del entorno alanista.

Además de las encuestas a Del Castillo se le atravesaron los “petroaudios”. En el 2008 dejó el premierato por sus reuniones con Rómulo León y Fortunato Canaán. Y el fantasma acaba de reaparecer entre las paredes del departamento en el que vive hoy con su familia.

En ninguno de los dos casos hay siquiera indicios de actos ilícitos cometidos por Del Castillo, y la historia de su viejo amigo Julio Vera Gutiérrez ya raya en el humor involuntario periodístico (ver entrevista con Daniel Saba). Se le acusa por recibir el departamento como coima cuando la empresa de Vera nunca obtuvo ningún beneficio y la tasación de la compañía Masterhouse demuestra que existe equivalencia entre los departamentos que permutaron Vera y él.

Gestos en Juego


Aún así, el desembalse de titulares potenciados por la distancia que tomó el propio Presidente hicieron la carga muy pesada.

En una extraña figura, Del Castillo, y no el mandatario, se ha convertido en el blanco del desgaste de la segunda mitad del período de gobierno.

García ha impuesto durante toda la administración un estilo por el que deja caer sin remilgos a quien se enreda en problemas. Pero, en aquel lunes de decisiones, Del Castillo logró arrancar gestos presidenciales que al menos corrigieron en parte la actitud presidencial con quien era percibido como su principal colaborador (ver editorial de CARETAS 2126).

Como ya lo hicieron notar los medios, el Presidente acompañó a su ex primer ministro a la puerta de Palacio luego de la segunda reunión que mantuvieron a partir de las cinco de la tarde. Después la Presidencia de la República hizo llegar una breve nota de prensa en la que AGP calificó el pedido de licencia como “una actitud muy correcta y aprista. Significa que Jorge del Castillo no tiene temor y que confía en estar libre de esas acusaciones, significa que no se escuda tras el partido, cuida los intereses de nuestro movimiento y significa también que confía en el Ministerio Público y el Poder Judicial. Creo que es una decisión que lo enaltece y lo felicito”.

En medio de la emergencia, Del Castillo también logró su cometido de diferenciar su caso del de Omar Quesada, que fue el argumento que antes esgrimió en la dirección política. La corrupción destapada en Cofopri, que Quesada dirigía, puede convertirse en prolongado dolor de cabeza para el gobierno. Las réplicas ya fueron apareciendo en varios departamentos, comenzando por Ayacucho (CARETAS 2127). Al cierre de esta edición Quesada no había vuelto de esa región y tampoco daba a conocer si imitaría a Del Castillo en su iniciativa. No hacerlo resultaría desconcertante.

Allí, en el APRA, es donde puede armarse otro verdadero problema. En los últimos años García ha impulsado a los “cuarentones” encabezados por Quesada, incluso por encima de su impacto real con las bases. El empujón tiene sentido político para hacerse de un soporte con miras al 2016. Pero, a la luz del escándalo de los terrenos, cabe preguntarse sobre las esperanzas que García deposita en aquella generación de compañeros.

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