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Internacional Una marcha siniestra este 19, una encuesta y un informe sobre el extremismo en EE.UU. dan nueva voz de alerta.

Cuiden a Obama

6 imágenes disponibles FOTOS  PDF 

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Barack Obama ha sido el blanco de un número sin precedente de amenazas de asesinato desde que se presentó como candidato a la presidencia en el 2007, y las probables conjuras descubiertas suman hasta ahora 10. No pocos comentaristas indican que esto se debe por lo menos en parte al uso agresivo de imágenes racistas y al lenguaje violento de detractores republicanos que no se distancian del extremismo.

Este domingo 18 de abril se lleva a cabo en Washington la Marcha de la Segunda Enmienda. Se refiere al discutido “derecho constitucional” norteamericano de portar armas (“bare arms”) .
Llama la atención que, en un ambiente peligrosamente caldeado por el crecimiento de grupos extremistas de derecha y alimentado insólitamente por la promulgación de una ley de asistencia social a la salud, la marcha coincida con la
fecha en que miembros de una secta ‘Patriota’ volaron
en 1995 un edificio del gobierno federal en Oklahoma, matando a 168 personas.
Es otro indicio de que la violencia ronda la tierra de Jefferson, y hasta hay quienes invocan al prócer para justificarla.

En marzo una encuesta nacional de Harris*, realizada poco después de promulgada la Ley de Cuidado de la Salud de los Estados Unidos, ha causado alarma en Washington y en el mundo mejor informado.

Harris ha medido las siguientes actitudes en la derecha norteamericana:
- 57% de los seguidores del partido Republicano cree que Barack Obama es musulmán.
- 45% de ellos considera que “no es elegible para ser Presidente porque no nació en los Estados Unidos”.
- 38% asegura que Obama está “haciendo muchas de las cosas que hizo Hitler”.
- 25% cree que Obama “puede ser el Anticristo”.

Por añadidura, más de un 60% opina que es “socialista” –lo que allá quiere decir comunista.

Contagio Extremista

El Partido Republicano es, por cierto, una de las dos grandes organizaciones políticas norteamericanas, alternándose en el poder con el Partido Demócrata.

Sorprende, por lo tanto, que porciones tan sustanciales de su “mainstream” (de su orientación principal) se estén contagiando de posturas y mitos que corresponden a grupos extremistas.

Otra entidad norteamericana reconocida, el Southern Poverty Law Center (SPLC), acaba de publicar su Intelligence Report 2009 bajo el título de ‘Rage on the Right’ (rabia en la derecha), que pormenoriza el crecimiento explosivo de agrupaciones radicales reaccionarias registrado el año pasado.

Mark Polok, el editor del Intelligence Report, precisa que las milicias de ‘vigilantes’ crecieron 80% en el 2009 y que los capítulos del movimiento ‘Patriota’ suman ahora 309.

Añadiendo clanes racistas, camarillas que invocan una Biblia virulenta, neonazis con la cabeza rapada y botas de acero, ‘nativistas’ que rechazan toda inmigración y sectas ultraaislacionistas su peso electoral es limitado de por sí, pero son violentos y están armados.

El 15 de abril de 1995, dos ‘patriotas’, Timothy McVeigh y Terry Nichols, detonaron una bomba que destruyó un edificio del gobierno federal en la ciudad de Oklahoma matando a 168 personas e hiriendo a más de 650.

Fue el acto terrorista mayor en la historia norteamericana hasta el ataque de las torres gemelas en el 2001.

Esos ‘patriotas’ atacaron porque consideraban, como varios otros ultras de derecha, que los impuestos federales son anticonstitucionales y que el gobierno se entromete en la vida de los ciudadanos.

En febrero de este año un tejano se suicidó estrellando su avión contra el edificio del IRS (la Sunat norteamericana) en Austin.

Steve King, congresista de Texas, virtualmente justificó el hecho diciendo que si esa instalación federal no hubiera estado allí nada hubiera sucedido (Aplausos de sus seguidores).

Polok recuerda que él cubrió como periodista la efervescencia ‘patriota’ de los años 90, pero la diferencia ahora, señala, es que parlamentarios y figuras del conservadurismo mediático la toleran y hasta apoyan, no solo con su silencio.

Michelle Buchamann, congresista republicana de Minnesota, ha inventado el FEMA, un ficticio programa a través del cual Barack Obama encerraría a centenares de miles de jóvenes norteamericanos para “reeducarlos” y someterlos a un régimen socialista mundial.

Hace poco Greg Beck, notabilidad de la cadena Fox News, se pasó una hora discutiendo en su programa lo factible de ese cuento. Beck tiene una audiencia de 3 millones de radioescuchas.

Té de Tías Ultras

La ex candidata a la vicepresidencia Sarah Palin encabeza ahora el llamado movimiento Tea Party, que alude a la rebelión de colonos que en 1776 se negaron en Boston a pagar impuestos a la corona británica. Pero el de Palin no es un té de tías ni de remembranzas históricas.

Recientemente aludió a unos presuntos “death panels” (paneles de la muerte) manejados por burócratas de Obama, que decidirían quién recibe o no asistencia médica, confundiendo el tema con la eutanasia y aludiendo a la nueva Ley del Cuidado de la Salud.

Ningún republicano de importancia objetó esa especie y, aún más, el propio ex candidato John McCain, conocido antes como moderado, y ahora asediado por un contendor reaccionario en Arizona, se presentó muy sonriente junto a ella sin comentario.

Es que se vienen las elecciones parciales en noviembre y McCain teme perder su curul.

Esa nueva Ley de Salud ha generado una animosidad en Estados Unidos que intriga al resto del mundo. La idea de que el Estado proporcione algún tipo de protección es una aspiración normal en Europa, Latinoamérica y otros continentes, pero no para una veta de ciudadanos del país de John Wayne, que la considera como una amenaza contra su libre albedrío.

Lo extraordinario, además, es que buena parte de esos extremistas es gente que también odia a los financistas que se enriquecieron y los dejaron sin trabajo al darse el colapso de Wall Street al final del gobierno de George Bush, pero que ahora culpa a Barack Obama de todo.

Aprobada la nueva ley en marzo, con un esfuerzo en el que el propio Obama se jugó la vida política, se registraron actos vandálicos contra locales del partido Demócrata en todo el país, e individuos como Mike Vanderboegh, líder de una Milicia Constitucional de Alabama, se precian de haberlos instigado.

No solo ladrillos rompieron ventanas sino también una que otra bala disparada por los llamados ‘Sons of Liberty’ (hijos de la libertad).

En su blog, Vanderboegh también ha amenazado a Nancy Pelosi, la presidente de la Cámara de Representantes, y las oficinas y casas de otros congresistas demócratas han sido asediadas.

El Intelligence Report del SPLC, citado por medios como el New York Times y la NPR, también registra un aumento de las hipótesis conspirativas.

Una asegura que Obama prepara una ley marcial y otra asegura que México planea recuperar todo el sur de Estados Unidos.

Por eso ahora no faltan en la frontera voluntarios ‘minutemen’, que llegan a encañonar a inmigrantes que vienen del sur.

Por cierto que en California los latinos confrontan tensiones que no solo tienen un origen en este libreto del Far West.

En octubre pasado un peruano, Fernando Ugaz Moreno, recibió una paliza callejera en la que fue insultado por ser hispano, pero los atacantes eran negros.

Este mes, sin embargo, unos 30 gobernadores estatales recibieron amenazas de un grupo llamado Guardianes de la Verdadera América y esos, como los Ciudadanos Soberanos y otros radicales de derecha, son racistas blancos de origen obrero.

El folclor extremista estadounidense tendría menor importancia si tantos millones de armas no inundaran ese país, si la proeza política de elegir a un Barack Obama no tuviera una contrapartida de renacimiento racista, como ha sugerido el ex presidente Jimmy Carter, y si en la historia de los Estados Unidos no se hubieran registrado 20 atentados contra Presidentes, cuatro de ellos fatales (ver recuadro).

Y la rabia en la extrema derecha generaría menos preocupación si hasta ahora el Servicio Secreto, el FBI y la CIA no hubieran descubierto unas 10 conjuras para asesinar a Obama.

La amenaza exterior está cantada en el integrismo islámico y la diversidad de fanáticos que lo rodea, pero lo que resulta particularmente tenebroso es el riesgo interno.

Una frase que Thomas Jefferson soltó en plena guerra de la independencia es exhibida con otros fines y hasta paseada por las calles:

“De vez en cuando el árbol de la libertad debe ser regado con la sangre de los tiranos”.

Timothy McVeigh llevaba puesta una camiseta con esa frase en Oklahoma.

Ahora da escalofríos ver esa invocación a la violencia magnicida en manos de manifestantes armados. (EZG)

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* Harris es una empresa tan conocida como
Gallup y Nielsen. Ver
www.harrispollonline.com/spanish/question.asp

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