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18/Feb/2010
 
 
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Humor La campaña electoral sobre el escenario corre en paralelo.

Sufriendo el Sufragio

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Tulio Loza no criticará hasta escuchar propuestas. Esperará sentado, y seguirá actuando todos los viernes de febrero y marzo a las 10 p.m., en La Estación de Barranco.

Los cómicos parecen preocupados. Tulio Loza reconoce que su recordado ‘Camotillo’ El Tinterillo no desentonaría en el debate congresal. Carlos Carlín pone cara de segunda vuelta y, quizá sin proponérselo, termina alabando el silencio de Luis Castañeda Lossio. Carlos Álvarez, sopesando sus afectos, se limita a criticar el peso de Keiko Fujimori a través de su imitación de Jaime Bayly. Se vienen dos años de elecciones y cálculo político. Y el único que parece estar disfrutando el espectáculo es el aún presidente Alan García.

Pero como dice el lugar común, el espectáculo debe continuar. El humor nacional siempre ha tenido ese doble filo. Por un lado, la sorna carnavalesca del poderoso. Por el otro, su función de tubo de escape de la presión social transformada en risas. Históricamente, la parodia política también ha sido bien recibida. Allí está Morales Bermúdez guiñándole el ojo a Monos y Monadas, Toledo abrazando a Fernando Armas, Hurtado Miller felicitando a Guillermo Rossini en medio de un restaurante o Fujimori blandiendo la katana que le entregó Carlos Álvarez en Las Mil y Una.... Del Falla de la Torre de Ricardo Tosso al ‘Payasito’ Waisman de Rossini ha habido, progresivamente, más sonrisas que censuras. Siguiendo esa larga tradición, Tulio Loza presenta su espectáculo capicúa Sobornos son Robos. Sorprenden saludablemente las pullas contra el actual presidente. Desentona la procacidad como carta bajo la manga. Despechado por su ostracismo televisivo y despojado de ‘Camotillo’ por una tinterillada de Augusto Polo Campos, pero aún con más humor que amargura. “Los políticos son más artistas que nosotros”, reconoce con humildad. “Ellos nos utilizan, nos buscan para que los jodamos”, recuerda con una risotada. Loza no se anima a ahondar en las bondades y defectos de los candidatos. Solo critica a Jaime Bayly porque “no se ensuciará los zapatos”, dice cayendo en el juego del animador. Esta nueva campaña será su oportunidad de sacudirse del todo el lastre sabón que lo persigue desde su gobiernista Gánate con Tulio, en el canal 7 de Fujimori. “La urna es donde mueren las esperanzas del pueblo”, explica con la seriedad de quien no acaba de contar un chiste.

Los humoristas son conscientes de que una gran parte del público se informa a través de ellos. Quizá por eso, con el paso de los años, la parodia ha ido cobrando una relevancia inusitada. Con el fujimorismo, la humorada terminó de perder toda la inocencia que le quedaba. Es el caso de Carlos Álvarez, quien hoy por hoy parece haber alcanzado con su humor el equilibrio cromático entre el amarillismo y el naranja. Tras un amago de candidatura terminó por felicitar a su compañero de canal, Jaime Bayly. La mirada crítica de Álvarez sobre la temprana campaña electoral puede resumirse por los segmentos de su espectáculo De tin marín de do pingüe, elecciones otra vez. Primero, varios minutos de humor homofóbico en boca de un falso Bayly. El conchito del trago amargo es una innecesaria alusión al candidato Paolín Lin Lin. Luego, una batería de puyazos contra Alejandro Toledo, bien rociada y espolvoreada de blanco. Como para pensar en los límites del animus iocandi. Acto seguido, cuatro minutos con reloj donde se le dice ‘mudo’ al alcalde Luis Castañeda Lossio (quien hizo gala de su gran voz cantando con Nicola Di Bari y debatiendo con Los Chistosos de la radio). Lo que sigue es Sebastián Piñera, Michelle Bachelet y Hugo Chávez.

Por su parte, Carlos Carlín anuncia un espectáculo unipersonal para octubre de este año. El actor planea convertir el Teatro Peruano Japonés en un centro de votación, jugando con el público y dejando bien en claro que “cualquiera puede ser presidente del Perú”. El humorista aspira a hacer algo de pedagogía electoral, aunque con la esperanza de quien sabe que “todos esperan al mesías, el outsider de otro planeta que está destinado a salvarnos”. También saluda la candidatura mediática de Bayly quien, según dice, le inyecta risas al proceso electoral. Falta mucho para las elecciones, pero el panorama es así de contradictorio: hay más humor en la campaña real que en la paródica. (Carlos Cabanillas)

 


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