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11/Feb/2010
 
 
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Actualidad La elección de los delegados que nombrarán al secretario general marca el inicio del congreso del partido oficialista que será celebrado entre el 5 y 7 de marzo. Mauricio Mulder sacó más de lo esperado, pero no lo suficiente para amenazar a Jorge del Castillo. Los “cuarentones”, en cambio, obtuvieron decepcionante porcentaje.

30 Días de Aprismo

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Mulder, actual secretario general, votó el domingo 7 en Surco. Arreciaron cuestionamientos por delegados de la CTP.

La temporada de San Valentín parece desatar extraños sentimientos entre los apristas. En la mañana del domingo 7, el congresista Mauricio Mulder ingresó raudo al local del partido en Surco para participar en la elección de los 500 delegados que se sumarán a los 66 secretarios generales regionales y de los distritos de Lima que en marzo próximo elegirán al nuevo secretario general del Apra en el congreso del partido.

Mulder saludó sonriendo a los “compañeros” que le brindaron su respaldo. Pero su rostro cambió cuando los periodistas le preguntaron por el cuestionado dirigente sindical Vicente Aponte. “Hace dos años que no he recibido al señor Aponte y no tengo ninguna vinculación con él”, respondió. Antes de ingresar a su vehículo agregó: “Pertenezco a la CTP que es una entidad gloriosa, cuyo presidente ha sido senador del partido, el señor Benigno Chirinos”.

Los delegados elegidos por la militancia son 400. Otros 100 son los llamados “delegados funcionales” elegidos por juventudes y frentes populares. De estos, 40 pertenecen a la CTP y Jorge del Castillo ha cuestionado esa cantidad, mayor a la de regiones de gran arraigo aprista como La Libertad, que tiene 30 delegados. La CTP lanzó la sorpresiva candidatura a la reelección de Mulder (CARETAS 2115). Esta vinculación también ha sido cuestionada por personajes como Armando Villanueva y Luis Gonzales Posada.

Mulder y Meche

Las emociones de febrero alteraron otras fraternidades de Alfonso Ugarte. Del Castillo le pidió a Mulder que, si pretende repetir el plato, renuncie a la secretaría general mientras dura el proceso interno electoral. La congresista Mercedes Cabanillas respondió que en el 2004, cuando Del Castillo era secretario general, no renunció y sin embargo volvió a postular al cargo.

En los últimos días, Cabanillas se ha visto cercana a Mulder. El sábado 6 insistió en RPP con que fue “golpeado injustamente”.

“Meche”, una figura relevante pero con poco peso propio entre las bases tradicionales, ha estado entre las pocas amigas que Mulder tiene en la cúpula del partido. La razón es más o menos simple. Ambos son los únicos personajes con los que Del Castillo ve muy difícil negociar en este proceso de reacomodos. Luego de una larga historia de serruchos y desencuentros, ellos dos son los límites que encuentran la cintura y la muñeca política del ex primer ministro.

Además de hacerse de las riendas del partido, Del Castillo ambiciona ser el candidato presidencial del partido para el 2011. Mucho se habla de los planes del presidente Alan García para volverse a lanzar en el 2016 y lo poco que le convendría una candidatura oficialista de peso. Un ministro consultado considera que el actual Presidente se encuentra tan seguro de sí mismo que sus planes no implican un horizonte tan largo de cinco o seis años. “En enero del 2001 tenía cero por ciento y tres meses después estuvo a punto de pasar a la segunda vuelta”, recuerda.

Independientemente de las posibilidades reales, el APRA necesitará una candidatura que le permita seguir en la cancha. Y detrás de ella tendrán que alinearse los miembros del partido. Mulder adelantó que la dirigencia caminará “agarradita de la mano” el próximo viernes 19, en las celebraciones de un Día de la Fraternidad que, dadas las circunstancias electorales, tendrá marcha pero no mitin.

Danza de Porcentajes

Esta vez el conteo de cada uno de los interesados ha sido discreto y a puerta cerrada. Cuando en mayo último se nombraron los secretarios generales regionales y municipales, las partes en contienda salieron a cantar victoria. Los “cuarentones” liderados por Omar Quezada y Carlos Arana, que acaricia la candidatura oficialista para la alcaldía de Lima, se proclamaron ganadores y anunciaron que la renovación venía con ellos. Hoy guardan sonoro silencio.

Las matemáticas de las primarias apristas no son tan sencillas de cotejar. Quienes resultan elegidos, como los secretarios generales, no responden necesariamente a alguno de los señorones compañeros que se pasean entre el damero de Pizarro y la avenida Abancay. A la mañana siguiente de la elección estos miembros de la cúpula se la pasaron llamando personalmente a los –aparentes– delegados para confirmar el apoyo a sus respectivas causas. La negociación doméstica es permanente.

Claro que valerse de esos matices para quedarse en la total relatividad resulta bastante cómodo. Mauricio Mulder declaró el martes 9 en ese sentido y reiteró la independencia de los delegados, al tiempo de declararse sutilmente ganador.

En el despacho de Jorge del Castillo repasaron la lista de delegados uno por uno y aseguraron un porcentaje de apoyo que se mueve entre el 40% y el 45%, con victorias contundentes en bastiones como La Libertad, Piura y Puno. Según ese conteo, Mulder cuenta con unos 30 delegados en Lima (frente a los 72 de Del Castillo). En provincias la situación todavía no está totalmente definida pero no parece sonreírle al actual secretario general. De modo inverso, Quezada y los “cuarentones” tienen mayor presencia en Lima que en provincias. A pesar de ello, el peso total de Mulder, aunque insuficiente para ir por la reelección, sería comparable al de los “cuarentones”.

Otro cálculo es el del sitio web Vanguardia Revolucionaria, muy cercano al parlamentario andino Wilbert Bendezú, a quien le atribuyen el 21% de los delegados frente al 25% de Del Castillo, el 15% de Quezada, 9% de Mulder (que expulsó a Bendezú como secretario de organización del partido) y 30% de lo que llaman “delegados por el cambio”, aquellos que bailan la marsellesa con su propio pañuelo o ven con simpatía a opciones minoritarias para la secretaría general, como Carlos Roca y Luis Alberto Salgado. Los “jorgistas” sonríen con cachita ante la tajada de Bendezú que, señalan, pertenece en realidad al ex premier.

Cambio en la Balanza

De todos modos, los resultados significan un gran golpe para los que se proclamaron como los abanderados de la renovación partidaria, en buena medida aupados además por el propio Presidente de la República.

De confirmarse esa figura, el juego de poderes dentro del APRA daría un golpe de timón. Hasta la semana pasada, Del Castillo veía cada vez más posible pactar con Quezada una figura en la cual el actual presidente de Cofopri ocupara la secretaría general flanqueado por dos ministros de peso como Javier Velásquez Quesquén y Aurelio Pastor. Pero la valencia de Quezada ya no es la misma ante los ojos del ex premier. ¿Se lanzará él mismo a la piscina de la secretaría? Fue el caso de los candidatos Armando Villanueva (1980), Alan García (1985) y Luis Alva Castro (1990).

Ahora viene la etapa de las impugnaciones –un deporte aprista– y la designación de los “delegados funcionales”, que podrían representar un empujón adicional para Mulder. Jorge Oré, cuestionado miembro del tribunal electoral (CARETAS 2115), que acompañó al secretario general en su anuncio de reelección, fue removido por orden del presidente García. Quedan por reprogramar elecciones en distritos como El Agustino, La Victoria, San Martín de Porres y Chosica. Hubo desde cuestionamientos a los padrones hasta vandalismo puro como en la rica Vicky, donde un grupo de expulsados destrozó las ánforas. Un cusqueño fue fulminado por un infarto cuando hacía su cola de votación. De los aproximadamente 400 mil militantes solo votaron alrededor del 16%. El microcosmos aprista, tan interesante para algunos y sectario para tantos otros, es también el espejo de las tribulaciones y pequeñas miserias que enfrenta la democracia en el Perú.

 


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