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Entrevistas Entrevista Insólita a Marcelo Oxenford. Llegó de Buenos Aires por una gaseosa, se quedó en Lima para beberse la vida en felices sorbos.

Un Argentino Con Vista al Mar

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Oxenford, con una copiosa experiencia teatral y televisiva a cuesta, ahora se ocupa de la dirección del Teatro Municipal del Callao, un nuevo y gran recinto lírico.

Marcelo Oxenford, conocido actor de teatro y telenovelas es actualmente el Director del Teatro Municipal del Callao. Éste, bajo su égida, se ha convertido en uno de los más importantes teatros de América Latina. Es un hombre al que le gusta pasar por la vida sin hacer demasiadas olas, ya que su forma de ser es muy natural, sencilla y sin ningún adarme de impostación. Está claro que la generalidad de los artistas y actores que viven del público están inmersos en una lucha constante por conseguir la mayor publicidad posible, y esta lucha los lleva, como caballos briosos y en muchos casos desbocados, a sumergirse en un caos de dimes y diretes y de escándalos mediáticos tratando de vender su imagen a cualquier costo. Ocultan así su personalidad real. Este no es el caso de Marcelo Oxenford, ya que su personalidad aflora a primera vista sin necesidad de previos desbroces. No le gusta el autobombo y esto lo sé porque a lo largo de la entrevista no ha puesto ningún énfasis en contarme sus éxitos como actor, cosa en cierto grado extraordinaria. Es un hombre común, sin altisonancias, ya que tiene una gran capacidad de adaptación a cualquier circunstancia social que se le pueda presentar. Donde está se encuentra. Argentino de nacimiento, con 62 años estupendamente llevados, “me cuido mucho”, ha hecho de la moderación una fórmula vital. Ahora, en el restaurante Costa Verde, se bebe un par de whiskies a lo largo de tres horas. Es padre de la conocida reportera de televisión Juliana Oxenford, hija de su primer matrimonio, y vive, sin contratos por medio, desde hace 22 años con la actriz Yvonne Frayssinet, a la que no le profesa ninguna clase de celos artísticos. La admira y dice de ella ocultándose con modestia: “si yo soy uno de los 30 actores decentes que andamos por ahí, Yvonne es única, la reina del teatro, la mejor actriz del Perú sin ninguna duda, y quien la haya visto interpretando el personaje de María Callas estará absolutamente de acuerdo conmigo”. ¿Cómo, por qué y de qué forma saltó a la palestra de la fama en el Perú Marcelo Oxenford? ¿Venía precedido de esta fama desde Argentina? ¿A qué edad se le presentó la vocación de actor? Averigüémoslo.

–Nunca actué en Argentina. Yo pertenezco a una familia de clase media. Mi madre era directora de escuela y mi padre tenía una agencia de venta de carros nuevos y usados. Estudié con los padres franciscanos en el colegio Euskalechea, tremendos profesores, duros, ascéticos, llenos de rigor y que exigían la disciplina por encima de todo. Crecí con la idea de ser aviador comercial y lo curioso es que ahora le tengo gran aprensión a volar, ya que no me importan las turbulencias ni los aterrizajes pero, sin embargo, cada vez que me abrocho el cinturón y acelera el avión para despegar, me pongo lívido de miedo. También es curioso que nunca me atrajera el fútbol con esa fuerza que atrae al resto de mis paisanos. Lo mío es el rugby. Jugué 14 años en el puesto de fullback y esto me dejó algunos recuerdos en cicatrices de cortes y puntos. Actualmente juego al tenis. Como actor, si no actué en Argentina, porque no lo hice, sí que hice modelaje y conseguí renombre como conductor de eventos, animador y maestro de ceremonias.

–¿Cuándo se enamoró por primera vez?
–A los 12 años de Martha, mi profesora de sexto grado. Perdidamente enamorado.

–¿Su primer beso?
–Yo no besé. Me besaron. Y fue a los 12 años que la empleada de una vecina me llevó a su cuarto y me besó. Eso me alteró totalmente ya que, después y ya en mi habitación, no pude dormir por el resto de la noche. Mi gran amor en Argentina fue Liliana, mi primera esposa, con la cual me casé a los 20 años. Con ella tuve 3 hijas, entre ellas Juliana, y un hijo. De Liliana, mi primera esposa, tengo gratos recuerdos porque es una buena mujer y excelente madre, y aclaro que mi relación con ella es muy buena a pesar de no vernos muy a menudo, salvo en el cumpleaños de alguno de los chicos. Tenemos contacto por teléfono. Yo fui el culpable de la ruptura porque era muy joven y, ocasionalmente, sacaba los pies del plato.

–Bien… entonces ¿por qué se vino al Perú?
–Vine al Perú contratado por una empresa fabricante de gaseosas, 7 Up International, por un año, como gerente de ventas, y, sin darme cuenta y por el cariño y el modo de vida de los peruanos, me quedé atrapado hasta hoy.

–¿Cómo se hizo actor en el Perú?
–De pura casualidad. Yo fui, con Teresa Fuller Granda, una amiga muy querida, a buscar en el canal 5 unos casetes de su mamá, la gran Chabuca, y prácticamente me engancharon para una novela que se llamó “La casa de enfrente”, que tuvo un rating espectacular bordeando los 30 puntos, y desde ahí con mucha suerte y empeño logré trabajar continuamente como actor en muchas telenovelas y obras de teatro. Voy a cumplir 32 años en la actuación.

–¿Cómo conoció a su actual pareja, Yvonne Frayssinet?
–Estábamos los dos integrados en la farándula. Salíamos mucho juntos como amigos en estado de pureza total, charlábamos, cenábamos o tomábamos café y así durante más de un año, sin darnos siquiera un beso en la boca.

–Elimine lo de pureza total y dígame cuándo y por qué se hicieron novios.
–La madrugada que nos hicimos novios fuimos juntos en mi carro, como amigos, a una fiesta fuera de Lima. Me equivoqué de carretera y no sabíamos cómo llegar a destino hasta que vi a 3 personas a lo lejos. Paré el carro, me apeé y fui a hablar con ellos para que me orientaran. Pero cuando los vi que se me acercaban borrachos, malencarados, insultando y muy agresivos y peligrosos me asusté y volví corriendo al carro y de la guantera saqué mi pistola con el tiempo justo, justísimo, para pegar un par de tiros al aire cuando los tenía delante mío y espantarlos como a conejos. Yvonne lloraba y temblaba de miedo. La abracé y nos enlazamos con fuerza. La besé en la mejilla y con gran dulzura nos besamos en la boca hasta que la pasión contenida durante tanto tiempo nos arrolló. A las 8 de la mañana estábamos desayunando en la Tiendecita Blanca. De eso hace 22 años… y hasta ahora. Tenemos una hija en común, Lucía, la benjamina de la familia. Quizá fue ese el mejor momento de mi vida.

–¿Y el peor?
–Cuando tuve que entregar de pequeñito y en mis brazos a Juan Manuel, mi único hijo varón, al doctor que iba a operarlo de hernia. La operación fue un éxito y hoy tiene 33 años y es ingeniero de sonido. Lo adoro.

–En el teatro Municipal del Callao, que usted dirige, estuvo cantando Juan Diego Flórez en una ópera magnífica como es el “Rigoletto” de Verdi. ¿No es así?
–Y durante 3 funciones consecutivas a teatro lleno. Hemos hecho más ópera y haremos también este año que viene. Al César lo que es del César. Quiero dejar claro que cuando el Dr. Félix Moreno, alcalde del Callao, me contrató como Director yo le exigí muchísimas cosas para que el teatro funcionara y él, culto, inteligente, decidido y capaz me apoyó al cien por cien, por lo cual le estoy agradecidísimo. Él es parte fundamental de este éxito.

–Como argentino ¿qué opina de Maradona?
–Que lo admiro como jugador y lo detesto como ser humano. Es un ejemplo de nada.

–¿Se confiesa amiguero?
–Totalmente. Vivo rodeado de grandes amigos a los que no les busco ni les veo los defectos porque son parte de su personalidad. Citaré algunos: Fernando de Soria, Jesús Delaveaux, Christian Andrade, Ricky Tosso y un largo etcétera. También lo es mi cuñado Lalo. Hay un refrán que dice: “un hermano es un amigo obligado, un amigo es un hermano ganado”.

–Defínase en pocas palabras.
–Soy un buen tipo con muchos defectos, soy vehemente, algo inmaduro, vivo como si tuviera 40 años, me siento así y a veces me excedo en las lisuras. Pero si tengo alguna virtud es que soy una persona noble y nunca traicionaré a mis seres queridos y a mis amigos. Soy repuntual, siempre llego a la hora exacta. Es una virtud argentina. ¿Vio que alguna tenemos los argentinos?, jajaja.

–Lo invitan a un viaje a la luna: ¿lo aprovecharía?
–No. Como ya le dije no me gusta el despegue de los aviones. Menos me iba a gustar el lanzamiento de un cohete. Si tuviera que ir por obligación lo haría con la condición de que fuese amarrado y drogado y con un tipo bestia al lado con un bate de béisbol para que si por una de aquellas me despierto me sacuda en la cabeza con ganas.

–¿Qué le pediría para su propia felicidad al genio de la botella?
–Para mi felicidad nada, ya que soy regularmente feliz. Pero sí le pediría que me convierta, el día que me muera, en el ángel de la guarda de mis cinco hijos. (Por: José Carlos Valero de Palma)

 


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