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Opinión Por ALFREDO BRYCE ECHENIQUE

Indecopi y la Compensación en el Perú

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Afirman, rotundamente, quienes han sido mis editores, distribuidores y libreros más importantes en el Perú, que por cada libro que vendo y cobro, desde hace ya unos cuarenta años, vendo seis ejemplares más en ediciones pirata, algo que hoy sólo ocurre en nuestro país, pues la piratería de libros fue cien por ciento erradicada hace tiempo en el resto de América latina.

Y hay más, mucho más: los libros piratas, made in Perú, se exportan por doquiera que uno va, y así, de esta muy triste manera, me ha tocado a mí vivir la atroz vergüenza de que me trajeran a firmar, uno tras otro, libros piratas llegados de Lima en la Feria Internacional del Libro de Santiago de Chile, por ejemplo. Eran unos libros horrorosos, siempre con páginas de menos y títulos pornografiados. Y encima de todo sucede también que a uno lo venden como a un tal Alfredo Vargas Llosa Bryce o Julio Alfredo Ribeyro Bryce, para engatusar a más lectores.

Esto en el Perú lo sufrimos todos los autores que vendemos tan solamente más de mil ejemplares, algo que los piratas saben al dedillo, pero que la ciega y sorda Indecopi ignora cien por mil, por decir lo menos.

Pero, he aquí, en lo que a mí me concierne, al menos, el quid de la cuestión: si, por ejemplo, en un Perú por mí soñado, o sea mi tan querido país, pero ya sin Indecopi, por supuesto, me hubiera tocado vivir y vender decenas de miles de libros sin pirata alguno, hoy, a decir de editores como Mosca Azul, Peisa, Alfaguara o Planeta… (¿No les da vergüenza alguna, por ejemplo, a los señores de Indecopi, que en el 2002, mi novela El huerto de mi amada, Premio Planeta de Literatura, en España, aquel año, haya aparecido en el Perú, sólo en el Perú, por increíble que esto suene, en edición pirata antes que en la edición normal? ¿No se les cae la cara de vergüenza a esos inefables señores indecopenses?).

Y hay que añadir también que distribuidores tan importantes como el Grupo La Familia y libreros de solera como El Virrey, y muchos más, repito, afirman que si yo hubiese cobrado por seis libros vendidos efectiva y formalmente, y no sólo uno vendido y seis pirateados, insisto y persisto, hoy sería rico, o por lo menos muy riquillo, solamente. Sí, hubiera sido aunque sea tan sólo muy riquillo, como no, con tan sólo cuarenta años de ventas, y única y exclusivamente en mi país. ¿Cómo la ven, inoperantes señores con sueldo fijo de Indecopi?

En cambio hoy, señoras y señores, y según cálculos que no son los míos, podría hablar incluso de varios millones de soles en mi cuenta bancaria, por supuesto que si no fuera por Indecopi. Pero bueno, rebajemos esta suma a tan solo un milloncejo, en un acto de aplastante generosidad con Indecopi, y, ahora sí, apliquémosle este monto al caso en cuestión con mis risibles verdugos de papel, miembros sin duda alguna de la más inoperante institución que en el mundo ha sido, al menos según mis conocimientos y pérdidas cuantiosas de dinero constante y contante y sonante, y a lo largo de casi cuatro décadas que están ya a la vuelta de la esquina, pues cuatro décadas hará el año próximo que tenemos ya encima, ni más ni menos que cuarenta años hará de que yo publiqué Un mundo para Julius, el primero de decenas de libros que llevo pirateados en el Perú.

Sin embargo, según estos torpísimos señores, yo les debo a ellos 20 mil dólares por unos plagios de los cuales nadie nunca jamás se ha quejado, sobre todo en el extranjero (torpes como nadie, los ciegos señores de la inoperantísima Indecopi, por lo menos en lo que a piratería se refiere, y esto no hay quien no lo sepa), pretenden además llevar sus apagadas luces jurídicas allende los mares, hasta Europa nada menos, donde nadie nunca jamás se ha quejado de plagio alguno por mi parte. Y lo hacen sin siquiera notificarle a uno nada, sin un asomo siquiera de aviso alguno del inicio de las hostilidades a su domicilio habitual, en fin, como quien dice con traición, alevosía y gran maldad. Todo lo contrario del asunto de la multa de 20 mil dólares, que por supuesto que sí se lo notifican a uno.

Pues bien, como abogado que también soy, además de escritor, y diríase que ya casi pirateado por la propia Indecopi (ya que entre otras perlas a mis piratas les cobran multas que son a veces de tan sólo dos mil soles –tengo el documento en mi poder– y que además éstos no pagan...), y escritor-abogado bien multado, esto sí, he de decirles a estos ciegos e inoperantes señores que la compensación de deudas es algo contemplado por el actual Código Civil Peruano, ya que es muy probable que lo ignoren. Además, primero me condenan a pagar 50 mil dólares, en primera instancia y luego, en segunda instancia, sin explicación alguna, me rebajan a 20 mil, como quien dice somos tan inoperantes, señor Bryce, que hemos pensado que para dormir con la conciencia menos sucia y que usted se ría menos de nosotros, le hacemos su injustificada y tamaña rebajita, pues, en efecto, nada en la sentencia menciona las razones de la tal rebajita.

Y así, pues, creo que resulta de lógica elemental que si yo, al final de cuentas, les debo a ellos 20 mil dólares por artículos dizque plagiados y ellos me deben a mí, cuando menos, un milloncejo de soles por libros efectivamente pirateados, pues entonces compensemos, señores de Indecopi, compensemos tal y como lo establece el actual Código Civil, que realmente espero y deseo conozcan (1). En fin, creo que es lo menos que puedo pedirles. Compensemos unos 300 mil dólares, al cambio actual, que Indecopi me debe (y vaya que estoy siendo generosísimo, casi un sobón con esta torpe Institución, al limitar su deuda a tan solito 300 mil dólares, en mi afán de lograr un poquito, cuando menos, de justicia), contra los 20 mil verdes que yo le debo a Indecopi.

O sea, pues, que según aquello de que dos más dos son cuatro, Indecopi, la más inoperante y, en mi caso, también la más perjudicial institución de la que yo jamás haya tenido conocimiento, me debe a mí, y de acuerdo a Derecho, nada menos que 280 mil dólares, señoras y señores.

¿Cómo la ven?, díganme ahora, benevolentes señoras y señores, díganme por favor cómo la ven… Y cómo y por qué yo resulto ser, además de todo, el único pirata que existe en la historia del Perú… (Alfredo Bryce Echenique)

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(1)Por si acaso, cumplo con informarle a Indecopi que el actual Código Civil fue promulgado por Decreto Legislativo número 295 del 24 de julio de 1984 y que entró en vigencia el 14 de noviembre del mismo año.

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