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Actualidad Entretelones revelan que la estrategia de Guzmán va más allá de la “solución política” propuesta en su libro.

De Puño y Sangre

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Presentación del viernes 11 contó con la presencia del abogado de Guzmán, Alfredo Crespo, que figura como cuarto por la izquierda. En el extremo derecho reapareció Manuel Fajardo, también defensor del líder senderista que en años pasados intentó sacarlo de prisión.

El dogma y la megalomanía característicos de Abimael Guzmán se dejan ver hasta en sus cartas de amor. En la misiva que en 1995 le dedica a su primera esposa, Augusta la Torre o camarada Norah, fallecida en 1988, se lee:

“Los camaradas, aún extranjeros, no olvidan ni olvidarán tus sencillas y esclarecedoras palabras: Como soldado rojo del Partido prometo no dar un solo paso sin la dirección personal del Presidente Gonzalo, garantía de triunfo”.

Es la parte final del libro “De Puño y Letra” y uno de los pocos pasajes de una lectura densa y repetitiva que terminan incurriendo en humor involuntario. Pero el intenso debate que prosiguió a la presentación del libro el viernes 11 no tuvo nada de gracioso.

El presidente Alan García y la cúpula política del APRA decidieron finalmente presentar una denuncia por apología del terrorismo ante el Poder Judicial. El ministro de Justicia, Aurelio Pastor, se puso al frente de la iniciativa y la explicó extensamente en el Congreso el martes 15.

¿El gobierno le hizo un favor a Guzmán? Probablemente sí. Aunque los medios ya habían cubierto el evento, la publicidad gratuita hizo que muchos se vuelquen a las librerías en búsqueda de una lectura que en otras circunstancias no hubiera producido mucho más que una intensa somnolencia.

En otra demostración de extremos cercanos, a Guzmán le pasa algo parecido que a Montesinos. El personaje resultaba más interesante mientras se mantenía en el misterio. Así como el ex asesor presidencial se revela como un tinterillo de Azángaro en cada una de sus intervenciones, el líder de Sendero Luminoso se muestra a sí mismo como un hombre obtuso y encerrado en una perorata ideológica.

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El libro es una compilación que comienza con una breve autobiografía de su infancia y años formativos. Luego viene el grueso, que fueron sus notas de estrategia legal que concibió para su defensa en el “megaproceso” que terminó con su condena de cadena perpetua en el 2006. Al final publica las mencionadas cartas románticas a “Norah” y Elena Iparraguirre.

Consultado, el catedrático y conocedor de la historia de Sendero, Iván Hinojosa, considera que la intención de Guzmán es “pensar su papel en la historia. Quiere aparecer con una imagen distinta. Le importa mucho eso. Hay que acordarse que él piensa que dirigió una etapa del desarrollo del marxismo mundial. Tiene la pretensión de haber producido un desarrollo teórico que puede servir para las revoluciones futuras”.

Detrás quedan dos grandes preguntas: ¿Guzmán busca convertir a Sendero Luminoso en un partido político? ¿Y cabe la posibilidad de que tenga un doble juego y apoye la continuación de la lucha armada?

La primera cuestión parece quedar clara.

En el segundo capítulo, Momentos Históricos, envía un mensaje a la militancia.

“Propuesta de nueva gran estrategia”, indica. “De lucha política con armas a lucha política sin armas. Repliegue político y militar. ¡Luchar por un Acuerdo de Paz! ¡Hacia el segundo congreso!”.

En nota del 15 de agosto del 2005, se lee que “sugerimos considerar y analizar el megaproceso y en general los diversos juicios pendientes dentro de una larga perspectiva, mediata por lo menos y no simplemente inmediata”.

Al mes siguiente insiste en que “el rumbo dentro del cual se desenvolverán los juicios; más aún, y subrayo, es pertinente dejar muy en claro que el rumbo es la solución política”.

En el libro Guzmán no hace explícito el objetivo de conformar un partido electoral y está centrado en las posibilidades para que los senderistas puedan salir de prisión, con la amnistía como opción más favorecida. “Poco trajín nos resta”, reconoce al final, “es nuestra voluntad invertirlo en la lucha por la libertad de quienes coadyuvaron al denodado esfuerzo por el trascendente intento de transformación social en beneficio del pueblo”.

Pero su abogado, Alfredo Crespo, que cumplió 12 años de condena por terrorismo, declaró que “quienes han terminado con su sentencia tienen derecho de participar en la vida política del país”. Añadió que Guzmán veía viable la formación de un partido con miras a participar en las elecciones.

Crespo dijo a CARETAS luego de la presentación en el centro de Lima que “es necesaria una amnistía general para ambas partes comprometidas en el conflicto interno y de entrar en un proceso de reconciliación nacional”.

Es curioso cÓmo parte del debate todavía pone en el centro de la cuestión a la Comisión de la Verdad y Reconciliación. El ex magistrado Marcos Ibazeta se dejó ver el fustán y declaró en el programa de Jaime de Althaus que Sendero estaba ganando todas sus partidas, “con Comisión de la Verdad, persecución contra los militares y Fujimori en la cárcel”.

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Primera edición de Mein Kampf, libro de Adolf Hitler, publicado en 1925, sufre de censura oficial en Alemania hasta hoy. Aunque en tiempos de Internet todo cambia, el nazismo representa un trauma político y hasta hoy se considera peligroso cruzar políticamente una “línea roja”.

Lo insólito es que en el libro se reitera la profunda antipatía que Guzmán siente por la CVR, que en su informe final hace añicos a Sendero. La brutal masacre de Lucanamarca, realizada en 1983 y donde murieron 69 comuneros, es un punto neurálgico, pues es uno de los pocos casos donde Guzmán, vía la “entrevista del siglo” publicada en El Diario en 1988, reconoció que la Dirección Central dio la orden. “En algunas ocasiones, como esa, fue la jefatura central misma quien planeó la acción y dio las instrucciones”, reconoció entonces. “Así es como era. En ese caso, lo principal es que les asestamos un golpe devastador”. En el libro niega que hubiera ordenado la matanza.

Salomón Lerner Febres, ex presidente de la CVR, declaró que “es inadmisible darle cabida en la política del país a un movimiento como Sendero Luminoso. Es la antipolítica. Lo que diga Guzmán tiene que ser tomado con el debido cuidado y absoluta sospecha”. Hinojosa añade que “la CVR dijo que a Sendero no se le debería permitir participar en política por el daño que causó. Es equivalente a los nazis: si haces una tremenda barbaridad, no puedes participar”.

Otro ex comisionado, Carlos Tapia, sostuvo en cambio en RPP que las ideas de Guzmán tenían que ser derrotadas abiertamente en el debate, sin censurarlas. Tapia es ahora un cercano asesor de Ollanta Humala. El líder nacionalista pareció tomar directamente sus conceptos cuando hace dos meses señaló en Madrid sobre los senderistas que “si quieren que catalogue si son insurgentes o terroristas, yo no voy a entrar a eso... Eran partidos políticos que terminaron en la lucha armada y después de la lucha armada se concentraron fundamentalmente en actos terroristas” (CARETAS 2088).

Es el edulcoramiento, persistente entre un sector de la izquierda dado a santificar toda motivación política, de un grupo que practicó con sevicia el culto a la muerte. La verdad es que, a pesar de sus condenables crímenes, los emerretistas y grupos colombianos como el M-19 (cuya reinserción a la vida civil se trajo a colación en los últimos días) eran románticos empedernidos.

El libro no hace más que confirmar el carácter totalitario y extremista de Sendero. En la presentación que abre el volumen, Elena Iparraguirre considera que su pareja sentimental “llevó el Partido al mayor prestigio de su historia. Comprendiendo en esta etapa al maoísmo como nueva, tercera y superior etapa del marxismo, fundamentó sólidamente esta tesis propia y bregó por imponerla en todo el Partido Comunista del Perú como base ideológica universal”.

¿Hay doble juego en la intención de “repliegue militar”?

En las ideas fuerza que Guzmán envía a sus correligionarios con motivo del megaproceso les dice: “Ustedes combaten a su manera y nosotros a la nuestra; combatimos cuando podemos vencer y nos marchamos cuando no podemos”.

La aparición del libro de Guzmán no se produce en contexto de total pacificación en el país. Dos vertientes senderistas influidas fuertemente por el narcotráfico actúan en el Huallaga y el Valle del Río Apurímac y Ene (VRAE), respectivamente. Cada tanto su accionar es letal y apenas la semana pasada la carátula de CARETAS lamentaba la muerte de tres pilotos de la FAP y el derribamiento de un helicóptero en la última región.

El primer grupo, liderado por “Artemio”, parece plegado a la Solución Política propugnada por Guzmán. Guzmán e Iparraguirre califican de “mercenarios” a los liderados por “José” en el VRAE.

Como advierte Salomón Lerner, toda expresión de los senderistas debe ser tomada con una pizca de sal. Luego de la decisión de “repliegue político y militar” tomada en 1993, más de 50 policías han sido asesinados en el Huallaga. El último atentado relevante atribuido al Sendero de Artemio se produjo en noviembre del 2008, cuando cuatro policías fueron asesinados con una granada en Pumahuasi. Apenas el último 6 de setiembre un hombre fue encontrado muerto en el Monzón con un cartel donde los terroristas se atribuían el crimen. ¿Eso es desmovilización?

Declaraciones de un informante senderista publicadas por esta revista en octubre del 2007 daban cuenta de los esfuerzos de Iparraguirre por reunificar al partido. “Se conoce que la directiva de Miriam (Iparraguirre) para Artemio es ganar mayor ámbito y ampliar su influencia”, reveló el senderista. “El mantener zonas de contienda le permite a la organización producir acciones que generen opinión pública y eleven la moral de sus bases. Requiere cobrar vigencia en su política de confrontación social y mostrar lo que ellos denominan los dos caminos, los dos ejes y las dos repúblicas. Esto es el camino del Estado peruano (globalización, neoliberalismo, privatización, TLC, corrupción, desempleo) y este el camino del pueblo. Se reitera que estos conceptos son de plena vigencia para ambos grupos partidarios de la organización”.

En noviembre del 2007, durante un operativo en el Huallaga en el que falleció el mando senderista Mario Espíritu Acosta, fue capturado Atilio Richard Cahuana Yuyali, camarada ‘Julián’. Era reconocido como el nexo de Iparraguirre con los acuerdistas. Incluso, en una de las pocas entrevistas que Artemio ofreció, Julián aparece a su lado explicando la Solución Política propuesta por Guzmán.

Con respecto al VRAE, Iparraguirre denostó a “José” como un sujeto que intentó ingresar a la dirección central del partido pero que no fue admitido por sus deficientes conocimientos de maoísmo. De hecho, Víctor Quispe Palomino, verdadero nombre de “José”, fue capturado en 1985 junto con Sybila Arredondo y Tito Valle Travesaño (CARETAS 2095).

El mencionado informante también narró que Iparraguirre recibió en el penal de Chorrillos visitas de familiares de internos de la línea Proseguir, la del VRAE, para “establecer una línea de trabajo viable entre ambas posiciones”, lo que incluía estrategias de defensa legal. Se observa “cómo ambas facciones, aun manteniendo conceptos opuestos sobre la revolución peruana, persisten en orientar sus esfuerzos en aras de una organización sólida. En algún punto se encontrarán”.

Otros personajes de la historia también son conocidos. La semana pasada CARETAS reveló los nexos entre un grupo de ideólogos recluidos en Castro Castro y la facción Proseguir del VRAE. Uno de los liberados el año pasado, Miguel Atahualpa Inga, fue quien, luego de entrevistarse con Guzmán en la Base Naval en 1993, comunicó a los terroristas que el líder estaba muerto y que el gobierno intentaba engañarlos. Hoy se encuentra suelto en plaza.

Es cierto que los elementos activos de Sendero Luminoso se han vandalizado por el peso del narcotráfico, pero todavía pervive un sello ideológico y todo indica que mantienen contacto, en distintos niveles, con la cúpula cautiva. Además, la radicalización del debate se siente cada vez más en ciudades como Huamanga. No es casual que el presidente Alan García advirtiera allí el martes 15 durante la inauguración de un hospital que “los que pueden escribir, hablar en la radio, pueden tener tanta o más influencia que un presidente regional o un primer ministro”. Basta escuchar algunas emisoras y leer a ciertos columnistas para advertir las voces que se ocultan detrás. Elementos extremistas siguen enraizados en sectores universitarios y del Sutep. A la democracia le toca enfrentar amenazas semejantes con firmeza e inteligencia.

Guzmán en La Base

Condiciones se relajaron durante fujimorato.
Con ocasión de la aparición del libro de Abimael Guzmán, esta semana Aldo, el nieto del amauta José Carlos Mariátegui, ensaya en Correo un octavo ensayo contra el gobierno de Valentín Paniagua.

En esta ocasión reitera la acusación de que la restitución democrática ablandó el trato del Estado con los terroristas.

Mezclando caviar con huevera y mortadela, Mariátegui III olvida, por cierto, que fue precisamente el fujimorato que rodeó de beneficios especiales al “presidente Gonzalo”, permitiéndole en primer lugar la convivencia en la Base Naval con su pareja, Elena Iparraguirre. Se les autorizó, además, la celebración de cumpleaños con tortas, globos y CDs de ‘A mi modo’, de Frank Sinatra, cortesías del Doc. Esto condujo a un fin práctico –la firma de un “acuerdo de paz”– pero se extendió durante años después.

Recién con el advenimiento de la democracia, la cúpula senderista fue procesada nuevamente y condenada a prisión perpetua por las justicia común, y la relación conyugal fue anulada, cumpliendo la decisión de la corte y el reglamento del INPE.

Si bien se estableció para Guzmán y los otros condenados por terrorismo un régimen más acorde con las normas internacionales en términos del tiempo que pueden pasar fuera de la celda, las visitas a recibir y el acceso a material informativo, esas facilidades son poca cosa comparadas con las que Gonzalo y su primera dama tenían antes.

 


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