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Edición 2088

23/Jul/2009
 
 
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Actualidad Optimismo, inversiones truncas y recuperación del principio de autoridad en la baraja del mensaje presidencial. Los bajos niveles de la ejecución en inversión pública vuelven a ponerse en la balanza.

Inclinaciones Del 28

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Miércoles 15, García acompañado por el alcalde de Surquillo, Gustavo Sierra.

El rito del mensaje presidencial comienza el cuarto año del gobierno con caras más largas que en ocasiones anteriores. Fuentes cercanas al presidente Alan García esperan que su intervención le devuelva al país “un ritmo optimista, proactivo y ganador”.

No es para menos. La psicología nacional y su relación con el Ejecutivo vuelven a ponerse sobre el diván. La última encuesta nacional de Apoyo arroja que solo el 20% aprueba la designación del nuevo primer ministro, Javier Velásquez Quesquén. Los demás nuevos ministros también son recibidos con frialdad. Mercedes Aráoz, que pasó de Turismo y Comercio Exterior a Producción, luce comparativamente rutilante con 40%.

El propio García sale del acantilado de junio y recupera 6 puntos, pero apenas alcanza el 27% de apreciación positiva. Es un país de pocas expectativas con enigmáticas excepciones como la del silencioso alcalde de Lima, Luis Castañeda, que se mantiene con 78% de popularidad.

Este es un momento todavía marcado por ese aciago junio y la intensa seguidilla de movilizaciones. Un ministro sobreviviente espera que el mensaje refleje “las lecciones aprendidas en Bagua en términos de saber con quién se debe dialogar. Una mayor capacidad en ese sentido debe estar acompañada de la afirmación del principio de autoridad”. Es el delicado equilibrio del mandato que García le dio al nuevo gabinete: orden e inclusión. El ministro consultado considera que ese balance deberá invitar explícitamente al proceso de desarrollo a los sectores que se consideran a sí mismos marginados, como los nativos amazónicos.

¿Cambio de modelo como se pregunta la carátula de esta edición? Ni hablar, responden los consultados. Lo que se espera es un cambio en el vestido. O mejor dicho, cómo deshacerse más rápidamente de él en el strip tease del gasto público.

En el Consejo de Ministros del miércoles 22, García recogió información de cada sector para utilizarla como insumo del discurso. En esta semana también se viene reuniendo con personajes claves del gobierno para escuchar las sugerencias sobre las orientaciones del mensaje. El sábado tenía previsto su encuentro con Velásquez Quesquén, que volverá de Puno el jueves y Cusco el viernes. El premier evaluará con ambos presidentes regionales, los díscolos Hernán Fuentes y Hugo Gonzales, las trabas que enfrentan sus proyectos en inversión. En el segundo caso, además, se asesorará del flamante ministro de Justicia, Aurelio Pastor, para estudiar las formas de cumplir con el compromiso de encauzar la cuenca del río Ramis, que data del período de Jorge del Castillo frente a la Presidencia del Consejo de Ministros.

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Esta acaba de echarle mano a un crédito del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para contratar a 14 especialistas de alto nivel, que se han repartido entre las cinco regiones más pobres del país a fin de encontrar salidas a sus deficiencias de ejecución.

El Instituto del Perú de la Universidad de San Martín de Porres encontró que, a julio, los gobiernos locales, provinciales y distritales tienen casi 55 mil proyectos declarados viables por el malhadado Sistema Nacional de Inversión Pública (SNIP). Estos equivalen a más de S/. 33 mil millones. A su vez, los gobiernos regionales tienen casi 16 mil proyectos viables que representan más de S/. 21 mil millones.

Para muestra, tres botones. Ayacucho cuenta con más de 2,800 proyectos viables en sus gobiernos locales y 775 en el regional, Huancavelica con 2,395 y 1,033, mientras que Apurímac tiene 1,326 y 515. Son miles de millones de soles presupuestados y atracados. Las tres regiones trabajarán con los especialistas del BID.

Además, Velásquez recuerda que, a raíz de la crisis internacional, a las regiones se han destinado S/.2,600 millones adicionales al presupuesto de casi S/. 8 mil millones aprobado por el Congreso para que la inversión pública pueda paliar la contracción de la privada.

Se busca reproducir la tendencia en el resto del Estado. Ministros como Pedro Sánchez, de Energía y Minas, no solo tienen en la agenda las papas calientes de Camisea y Doe Run, sino también un ambicioso proyecto de electrificación rural que busca beneficiar a 1,400 comunidades en los próximos meses.

En su mensaje inaugural del 2006, García interpretó los resultados electorales y optó por “ponerse al lado del pueblo en contra del Estado”. También estrenó el recurso del optimismo que le ha marcado el estilo, sus críticos dirán que hasta el exceso, durante los últimos años. Propuso metas para devolverle al peruano la autoestima y la confianza. No solo se trataba de un mandatario con propósito de enmienda frente a las consecuencias de su primer gobierno –en parte responsable por esa pobre imagen que los peruanos suelen tener de sí mismos– sino que fungía de gran animador en medio del viento que, como nunca, soplaba a favor del país.

Para el efecto, García fijó ambiciosas metas en términos de reducción de la pobreza e “igualar y superar el desarrollo de nuestros vecinos más exitosos”.

Al año siguiente, en el 2007, ya se veía grietas en el horizonte. Las deficiencias en la ejecución del gasto afectaban a todos los sectores del Estado, tanto ministerios como gobiernos regionales y locales. Es el gran escollo no superado hasta hoy y convertido en el lastre más notorio para el gobierno, atrapado en la paradoja de la abundancia de recursos que no se pueden liberar.

Las protestas sociales que paralizaron al gobierno de Alejandro Toledo volvían a asomar con fuerza y García propuso la idea de un nuevo pacto social en el cual los actores sociales se pusieran de acuerdo “sobre la productividad, el empleo y los salarios”.

En el 2008 García pareció sentirse obligado a recapitular las obras de su gobierno y el discurso se transformó en una larga lista de logros que, a pesar de ser llamativa, pareció prolongar la intervención de una hora y 44 minutos.

Entonces, Javier Velásquez Quesquén acababa de ser elegido presidente del Congreso, apuntalado por el propio García. Hoy es el presidente del Consejo de Ministros, en momentos en que el Presidente parece buscar la recuperación de las riendas del equipo. AGP tuvo un papel mucho más activo en la conformación del gabinete, mientras que a Yehude Simon, el predecesor de Velásquez, le ofreció mucho más cancha para armar la lista.

El interés presidencial por recuperar la presencia de los programas sociales parece verse reflejado en la elección de la ex ministra Vicky Borra, cercana a la primera dama Pilar Nores, al frente de la Comisión Interinstitucional de Asuntos Sociales (CIAS) en la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM). El ex premier Yehude Simon, quizá en un deseo de hacerse un campo propio, no pareció impulsarlos lo suficiente y se abocó a nuevas creaciones como Módulo Perú. El programa no alzó vuelo y Velásquez hoy no lo observa con interés.

Hoy las miradas vuelven a toda la órbita de la estrategia Crecer y el programa Juntos. Su director, Iván Hidalgo, ya expuso ante el Consejo de Ministros los avances en la coordinación y focalización de los programas sociales. Es de esperar que el Presidente también eche mano de esas novedades. El invierno político requiere calentarse con buenas noticias.

Como Café Instantáneo


El Canje de Impuestos por Inversión, mecanismo supuestamente diseñado para acelerar la ejecución de obras, abortó.

El reglamento elaborado en el MEF contempla 70 pasos para adjudicar directamente la obra a una empresa privada a cambio del pago futuro de sus impuestos.

Pero omite dar plazo a la SUNAT para reconocer el certificado de la obra una vez oleada y santificada.

Gonzalo Prialé de AFIN, gremio de las empresas privadas de servicios públicos, presentó hace ya casi un mes en manos del ministro de Economía Luis Carranza una alternativa “a prueba de ingenuos”:

- Aplicar el canje solo en obras no mayores de S/. 10 millones.
- Seleccionar un surtido de obras: canales de riego, electrificación rural, reparación de escuelas.
- Focalizar el mecanismo a localidades de extrema pobreza.
- Limitar los participantes solo a los grandes contribuyentes (Pricos), como las mineras.
“El mecanismo permitiría tener una multitud de obras pequeñas, a la vena, cuyo resultado se vería en pocas semanas, como café instantáneo”, aseguró Prialé.

 


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