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23/Jul/2009
 
 
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Justicia Posible liberación de Antauro Humala pone en entredicho la legítima defensa de la democracia.

Hasta las Patas

4 imágenes disponibles FOTOS  PDF 

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Secuencia de la audiencia del 13 de octubre del 2008. En abierta actitud irrespetuosa, Antauro Humala estuvo sin zapatos y recostado.

Un año y cuatro meses han transcurrido desde el inicio del juicio oral a Antauro Humala por la delirante asonada de Andahuaylas. Los hechos del 1 de enero del 2005 dejaron cuatro policías y dos reservistas muertos.

Las audiencias terminaron varias veces en desastre. Humala frustró cinco de ellas. Tres veces insultó violentamente al fiscal, tres veces lo expulsaron de la sala y otras tres mostró reacciones agresivas como propinar puñetazos a la mesa, aventarse contra las rejas que separaban la zona de los acusados de los magistrados y lanzar sillas contra los miembros del tribunal.

El 6 de octubre último, le gritó al fiscal Juan Chinchay “burro”, mientras que al vocal Sergio Venero le dijo “cínico” y “mentiroso”. Ante la atónita mirada de los presentes, Antauro lanzó por los aires la silla donde estaba sentado.

Una semana después volvió a volar la silla. Cuando era expulsado de la sala, le increpó al vocal Venero: “usted es parte de esa putrefacción del Poder Judicial. Por eso el pueblo quiere lincharlos, por caraduras”.

En países como Estados Unidos, tales conductas motivan que el sistema democrático se defienda, al punto que el procesado sea forzado a escuchar la audiencia maniatado y amordazado. Eso ocurrió en el caso emblemático de Bobby Seale, un líder de las Panteras Negras detenido en 1968 con un grupo de activistas contra la guerra de Vietnam, durante la Convención Nacional del Partido Demócrata en Chicago. Tras varias intervenciones dignas de Antauro, donde Seales calificó al juez de “nazi” y “flagrante racista”, además de instigar a sus seguidores a reaccionar con violencia, el magistrado ordenó a los policías que amordacen y aten a Seale a su silla. Así permaneció el resto del juicio. Casos similares fueron los del macabro asesino Charles Manson y, más recientemente, el líder del Al-Qaeda, Zacarias Moussaoui, que le increpó al juez que “este juicio es un circo, Dios te maldiga a ti y a América”. A partir de allí escuchó su juicio encerrado en un cuarto adjunto.

Aquí, en cambio, el Tribunal Constitucional podría darle a Humala libertad por exceso de carcelería sin sentencia.

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Mordaza contra el Desacato. Caso de Bobby Seales en 1968, líder de las Panteras Negras, fue emblemático en Estados Unidos. Hay otros recientes, como el de un líder de Al Qaeda.

Ciertamente, es un caso que vuelve a señalar las debilidades de un Poder Judicial incapaz de resolver los juicios en plazos razonables. Humala lleva preso 53 meses y la ley determina que, si un caso es declarado complejo, un procesado puede estar detenido sin sentencia un máximo de 36 meses. Aquí, en enero del 2008, la Corte Suprema ordenó extender su detención por 36 meses más y el Tribunal Constitucional considera que ello es violatorio del debido proceso.

Fuentes del TC sostienen que la Corte no reaccionó con presteza ante el hábeas corpus presentado el 25 de enero último por Humala. El TC pidió en dos oportunidades a la Sala que informe sobre el estado del proceso, lo que es una forma de solicitarle en buen cristiano que se ponga las pilas.

En la Primera Sala Penal para Reos en Cárcel responden que enviaron al TC dos extensos informes en los que explican que el grupo de 168 acusados, entre reservistas y civiles aunados a la causa de Humala, fue dividido en tres. Para junio del 2008, 132 etnocaceristas ya habían sido sentenciados. Entre los 36 restantes estaba Antauro.

El 20 de abril también remitió un documento en el que explicaba que la dilación del proceso se debía a que era complejo pero sobre todo a la persistente inconducta de Humala. Ahora la abogada pidió a la sala suspender el proceso por el peligro de contagio de la gripe AH1N1.

El ex abogado de Antauro, el congresista Javier Valle Riestra, defendió otorgarle la libertad en RPP porque, reiteró, es sencillamente un formalismo: sale y vuelve a prisión cuando la Sala que lo juzgue emita una sentencia que a todas luces deberá ser de culpabilidad.

Habría que añadir que estará en la calle el tiempo suficiente para tomarse un taxi a la embajada de Nicaragua y pedir un asilo político que sería inmediatamente concedido.

El padre, Isaac Humala, también salió al frente para decir que si algún magistrado del TC cambiaba su parecer –pues los trascendidos reflejan un intenso pulseo interno–, sería “una basura”. El vicepresidente del colegiado, Carlos Mesía, sería quien pidió una plenaria extraordinaria para reconsiderar la decisión.

El presidente del Poder Judicial, Javier Villa Stein, adelantó que: “en lo que a mí concierne, no voy a permitir que el Tribunal Constitucional, en un exceso, anule resoluciones de la Corte Suprema y genere una situación que pueda producir ingobernabilidad”. El presidente Alan García dijo el martes 21 que Villa Stein ha mostrado una “independencia feroz” frente al Ejecutivo. Pero es obvio que aquí hay un caso donde los dos caminan en la misma dirección. (Patricia Caycho)

 


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