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Edición 2088

23/Jul/2009
 
 
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Entrevistas Fernando Fuenzalida y visión de la patria reflejada en su último libro, "La Agonia del Estado Nación".

Matriz en Construcción

4 imágenes disponibles FOTOS  PDF 

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"Estamos en un concepto crítico del desborde popular. Ahora es más peligroso, pues va acompañado de violencia".

En tus primeros trabajos antropológicos definiste el concepto de matriz colonial. ¿En qué consiste y cuál es su relevancia en el Perú de hoy?
–En términos sencillos, es el reconocimiento que las diferencias y semejanzas entre las sociedades llamadas nativas y sociedades llamadas europeizantes o modernizantes, son de carácter estructural y no se trata específicamente de diferencias etnográficas.

–¿Por qué no somos como lo describieron los indigenistas?
–No somos como lo describieron los indigenistas, pues en nuestra matriz se han colgado, en cinco siglos de historia, toda una serie de elementos y estilos de vivir que pertenecen más a las comunidades mediterráneas del mundo europeo que a nuestras propias organizaciones. Sin embargo, también encontramos en nuestra matriz elementos de cultura que son identificables con la matriz indígena.

–¿Hasta qué punto, como sociedad, no somos un producto terminado?
–Somos una mezcla, una síntesis en marcha, no somos un producto cuajado. Tenemos una vivencia en común que aún no arroja un producto final. No somos ese tipo de síntesis avanzada que encontramos, por ejemplo, en la sociedad argentina o que encontramos en ciertos países caribeños.

–¿Y al final qué somos?
–Somos indígenas yendo para europeos y europeos yendo para indígenas, somos un pueblo en transición.

–¿Por qué el Perú es el país del ‘Casi’? Casi ganamos la medalla olímpica en Seúl 1988, Universitario y Cristal casi ganan la Copa Libertadores...
–Siempre será así porque no sabemos si estamos llamados a ganar o a perder.

–¿Qué define al peruano?
–La indecisión.

–¿Qué podría hacernos cambiar?
–En la historia no hay nada inmutable. La historia de un pueblo, de una época a otra, puede ser completamente cambiada y modificada. Puede ser reorientada en una época posterior.

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Publica Fondo Editorial del Congreso del Perú.

–¿Por quién? ¿Es una responsabilidad propia?
–El pueblo, en una definición que abarca asumir un ‘nosotros’. Pero mejor no hablemos de eso porque si no nos vamos a hundir en las profundidades de las ciencias sociales.

–Tú eres de la generación de fundadores de las ciencias sociales en el Perú. Si algo ha marcado las ciencias sociales desde su inicio es el marxismo. ¿Hasta qué punto fue una limitante?
–Aquí no se puede hablar de la paradoja del huevo o la gallina. No existían las precondiciones. Lo que tuvimos aquí fue un intento del marxismo antes de marxismo, porque no se cumplen las condiciones que fijaron Marx y Engels. Nuestra condición de tercermundistas tampoco generó las condiciones pre-revolucionarias de que hablaban los textos. La sociedad está en plena evolución. Muchos se proclaman revolucionarios, pero no se sabe qué clase de revolucionarios son.

–Hablemos de la otra orilla. ¿Qué nos queda del liberalismo?
–Les queda lo que era suyo: la crisis económica que estamos viviendo actualmente a escala mundial.

–En los años ochenta, un grupo de sociólogos acuñó el concepto de ‘choledad’ para describirnos. ¿Qué tan acertado era este concepto?
–Ahí hay una serie de entredichos y malentendidos de carácter semántico. El primero de ellos es el significado de la palabra choledad y su uso. Cholo no es una denominación étnica empleada por el pueblo de Lima sino es una calificación étnica de carácter sociológico empleada por el pueblo de Madrid en su trato con los migrantes hacia las colonias en el siglo XVI y XVII.

–¿Tiene sentido hacer política en el Perú a partir de lo étnico?
–Se usa lo étnico más como campaña publicitaria o de propaganda para ganar adeptos. No tiene sentido como ideología política, pues pertenece a un mundo pasado y trasnochado, es decir, pertenece al mundo de la organización social feudal pre-moderna. Cuando se aplican estas nociones y conceptos como que causan disonancia y no nos dan una imagen estructural de carácter coherente al tratar de avanzar en el análisis.

–A comienzos de los ochentas tú fuiste uno de los intelectuales que definió el concepto de Desborde Popular. ¿Hasta qué punto este concepto se agotó? Si ya estamos en una nueva etapa, ¿cómo la definirías?
–Estamos en un momento crítico del desborde popular. Hablaríamos de un desborde popular no limitado a la población limeña sino de un desborde que abarca la totalidad de la población de los sectores excluidos del país, un desborde de aquellos que hasta ahora no se sienten partícipes de la vida económica, cultural y social del país.

El concepto de desborde popular fue anterior al concepto de informalidad de Hernando de Soto, que hablaba de cómo el emigrante se adecuaba a la ciudad y al mercado. El desborde popular es ahora más peligroso, pues va acompañado de violencia sin un aparato institucional que pueda encauzarla o canalizarla.

–Hablando de la violencia, ¿qué significó Sendero Luminoso en los Andes peruanos? ¿En la historia del Perú? ¿Fue parte del desborde popular?
–Todavía está por verse. Sendero ha representado una de las primeras manifestaciones del verdadero desborde popular, aquel que cubre a todos los sectores marginados y no aquel que representa solo a sectores aislados y puntuales. Se presentó ante la sociedad representando la totalidad de los intereses populares y colectivos. Una cosa es lo que manifestaron y otra lo que hicieron. Ya veremos el juicio, que con la distancia debida, haga la historia.

–Ante la caída del Estado populista por la hiperinflación, la pésima gestión pública y el tener dos terceras partes del país en Estado de Emergencia, se nos impuso como respuesta salvadora el neoliberalismo. ¿Hasta qué punto éste ha sido capaz de darle una coherencia o norte al Perú?
–Ni más ni menos que su tocayo el socialismo. Han sido un par de compañeros que han transitado por la historia peruana, y entre ambos observamos un afán de mutua destrucción.

–Como consecuencia de las reformas de los noventas, volvemos a ser una economía primario exportadora ¿Qué consecuencias trae esto para las comunidades campesinas e indígenas?
–Nada beneficioso. Nada, a menos que se cree un sistema legal que sea capaz de hacer respetar los deberes y derechos reales de las comunidades no solo en el tema de las industrias extractivas sino también en el uso de la tierra para biocombustibles o la explotación de bosques. Las comunidades campesinas e indígenas necesitan una representación política. (Escribe: Miguel E. Santillana Instituto del Perú-USMP)

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