miércoles 17 de julio de 2019
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 2088

23/Jul/2009
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Acceso libre ActualidadVER
Acceso libre InternacionalVER
Acceso libre PolíticaVER
Acceso libre TransporteVER
Acceso libre FotografíaVER
Acceso libre Ellos&EllasVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Acceso libre CulturaVER
Sólo para usuarios suscritos Justicia
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Sólo para usuarios suscritos Quino
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Raúl Vargas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos China Tudela
Sólo para usuarios suscritos Luis E. Lama
Sólo para usuarios suscritos Nicholas Asheshov
Sólo para usuarios suscritos Alfredo
Sólo para usuarios suscritos Luis Freire
Suplementos
Acceso libre ViájateVER
Acceso libre LANVER
Acceso libre Ron CartavioVER
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2460
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Entrevistas La conquistadora timidez de Salvador del Solar, en cartelera con "La Pulga en la Oreja".

El Galán Esquivo

3 imágenes disponibles FOTOS  PDF 

2088-insolita-1-c.jpg

De niño quería ser futbolista del Sport Boys. Luego hizo waterpolo y fue profesor de natación. Acabó haciendo teatro, tv y cine.

Salvador del Solar es uno de los poquísimos actores peruanos de cine y telenovelas de talla internacional. También ha incursionado en el teatro con muy buen desempeño. Está viviendo en Colombia pero ha venido ahora al Perú para actuar en la obra teatral “Una pulga en la oreja”, de Georges Feydau, estrenada el 9 de julio en el Auditorio del Colegio San Agustín bajo la dirección de Juan Carlos Fisher y con un elenco muy seleccionado de 14 actores. Lo acompañan Katia Condos, Johanna San Miguel, Diego Bertie, Gonzalo Torres, etc. Esta obra ha batido récords de pre-venta y ahora “la están viendo más de 1,000 personas diarias”, me cuenta Salvador del Solar, muy satisfecho del suceso, aunque esto lo diga sin demostrar mayores emociones. Es un hombre silente, educado, tranquilo, ausente de nervios, que hace de su mesura bandera y camino. “Soy más introvertido que tímido”, lo confiesa él. Es ese “quiet man” de la película de John Ford “El hombre tranquilo”. Y es que Salvador transmite paz, aunque hay que luchar con su hermetismo. Le pregunto:

–¿Sería capaz de autodefinirse?
–Soy entre terco y perseverante. Mucho menos fácil de conocer de lo que parece. Se confunde mi introversión con timidez porque aspiro siempre a ser claro y preciso y en ese sentido soy un poco obsesivo. Soy paciente aunque esta paciencia mía tenga, como todo, su límite y cuando lo traspaso puedo llegar a ser irascible e intolerante. Soy más afectivo de lo que quisiera y menos sensible de lo que me gustaría. Escondo un carácter fuerte.

–¿Aficiones y recuerdos de la niñez y adolescencia?
–Desde que aprendí a caminar quería ser jugador del Sport Boys, mi abuelo materno Jorge Labarthe era Presidente del club. Desde los 5 años me llevaba a todos lados: Iquitos, Huacho, Trujillo, Huaral, no me perdía partido. Los domingos la casa de mi abuelo era “casa abierta”: día grande, música, abundante comida criolla, invitados… y para el estadio. Recuerdo que había tres partidos seguidos, el triplete, y cuando terminaban mi abuelo nos invitaba a cenar en algún restaurante. Él marcó mi infancia, igual que mi abuela paterna, Magda Figuerola, que era íntima amiga de Chabuca Granda y estaba metida de lleno en el mundo artístico y bohemio de aquella época.

–¿Juegos, deportes?
–A pesar de tanto fútbol lo que más me gustaba era nadar y llegué, a partir de los 6 años, a hacerlo bien en todos los estilos de los cuales mi favorito acabó siendo el de espalda y por eso a partir de los 14 años hice waterpolo. Fui capitán de la selección juvenil del Perú y a los 15 años pertenecí a la selección nacional de mayores ganando la copa del Pacífico en 1987.

–¿Cómo ganó sus primeros frijoles?
–Desde los 15 años y como profesor de natación. Empecé enseñando en la academia de natación del colegio Claretiano a niños y adultos.

–Es usted abogado colegiado. ¿Cómo pasó del mundo de la razón y del derecho al de la actuación?
Los estudios de Derecho y mi carrera de actor transcurrieron paralelamente en un principio. Desde niño era un enamorado del cine y del teatro y desde el kinder hasta la universidad intervine en todo tipo de obritas y manifestaciones teatrales. Siempre veía a Cattone en el teatro Marsano y me quedé anonadado al ver a Alberto Isola y a Mónica Domínguez en “Ay Carmela” en el Británico. Llevaba el veneno de la actuación dentro. El cine comercial me transportaba a otros mundos, como las series “Star Wars”, “Rocky” y me moría de risa con “La fiesta inolvidable”. Fui cultivándome. Mi padre me llevaba al cine club a ver películas de Saura como “El amor brujo” y “Carmen” y luego, en El Cinematógrafo de Barranco, pude ver películas de grandes maestros como Rohmer, Truffaut y Antonioni.

–¿Sus actores favoritos?
–De hombres: Sean Penn, Philip Seymour Hofmann y Anthony Hopkins. De mujeres: Meryl Streep, Judy Dench y Kate Winslett.

–¿Mejores películas?
–“Primavera, verano, otoño invierno… y otra vez primavera” del coreano Kim Ki Duk; “Unforgiven” (Los imperdonables) de Clint Eastwood; “Contra viento y marea” del danés Lars von Trier y “Con ánimo de amar” del chino Wong Kar Wai.

–¿Por qué se hizo abogado?
–Porque me gustaba la discusión y los debates. Terminada la carrera hice mis prácticas en el estudio de abogados de Rodrigo, Elías y Medrano pasando después al de Benítez, Mercado y Ugaz. Estando en este último una tía mía, Magdalena Villarán, me impulsó a debutar en el teatro sustituyendo a un actor en el montaje de “Las leyes de la hospitalidad”, basado en un libro de Pierre Klosowski. Fue en el teatro de la AAA (Asociación de Artistas Aficionados), en Lima, bajo la dirección del mexicano Raúl Falcó. Esto no me hizo abandonar mis prácticas de abogacía.

–Al final tendría que elegir.
–Se abrió un casting para una obra con Tito Salas en el Auditorio Miraflores en Larco. Fue “La ferida lluminosa” de José María de Sagarra traducida del catalán por José María Pemán. Yo obtuve el papel con el que Tito Salas había debutado 35 años antes. Ya como actor, incursioné en todo y luego la película de Pancho Lombardi “Pantaleón y las visitadoras”, extraída de la novela de Vargas Llosa y en la que yo hacía el papel de Pantaleón, fue un extraordinario éxito que catapultó mi carrera.

–¿Su gran amor?
–A los 19 años mi novia era Ximena Bellido, con la cual me casé cuando tenía 28 y hoy tenemos 2 hijas, Manuela de 9 años y Antonia de 6. Hoy tengo 39 años.

–¿Le asusta el paso del tiempo?
Cuando creces cambias mucho físicamente y la juventud pasa tan rápido que no tienes tiempo de aburrirte. Cuando los cambios físicos se vuelven sutiles con la madurez cada gramo de vida pesa más y ésta se vuelve más valiosa.

–¿Su libro favorito?
–“Desgracia”, de J. M. Coetzee.

–¿Aprovecharía la invitación de un viaje a la luna?
–Sí, y por el solo hecho del cambio de perspectiva. Todos nos movemos en perspectivas angostas y eso no nos deja crecer.

–Un genio le concede un deseo. ¿qué le pediría?
–Que me convierta en un cóndor para volar altísimo y ver pasar la vida a mis pies sin agitar las alas.

–Vive en Colombia. ¿cómo ve ese país?
–Mucho más calmado de lo que se cree. Bogotá es hoy una ciudad pacífica y segura. Mi deseo es que Uribe abandone toda idea de reelección para que no pierda su fuerza democrática.

–¿Y cómo ve el Perú hoy?
–Creo que el gobierno de Alan García no se ha comprado ningún gran pleito, sino que ha intentado navegar con las aguas quietas aprovechando el trabajo previo de gobiernos anteriores. Siento que al país le falta una urgente reforma del Estado y del sistema educativo que tiene que emprender ya, sin miedos.

–¿Cuál sería su fórmula para arreglar el país en 5 años?
–Dejar de pensar que el Perú se puede arreglar en 5 años. (Por: José Carlos
Valero de Palma)

Búsqueda | Mensaje | Revista