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Edición 2082

11/Jun/2009
 
 
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Actualidad El operativo, paso a paso, demuestra que lo que se vivió en Bagua fue una masacre de policías.

Carretera al Infierno

10 imágenes disponibles FOTOS  PDF 

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Viernes 5, 9:08 a.m. Parte del contingente policial de la Dinoes avanza hacia el grueso de manifestantes en la ‘Curva del Diablo’, Bagua, armados fndamentalmente con equipos antimotines. A los pocos minutos, serían recibidos a tiros desde los flancos.

La terrible secuencia de imágenes de estas páginas corresponde a los cadáveres de los 10 policías de la Dinoes masacrados con sevicia en la Estación No 6 del Oleoducto Nor Peruano de Petroperú, en Imasita, Bagua, Amazonas, la fatídica tarde del viernes 5. El acta del levantamiento de los cuerpos indica que los policías fueron encontrados “descalzos, sin borceguíes y con las manos amarradas con pasadores. Presentaban en sus cuerpos diferentes heridas con armas cortantes y penetrantes (lanzas y hachas), en la parte de la cabeza, cuello y dorso. También presentaban heridas de bala por escopetas”.

Eran los suboficiales José Huamán, Johan Ruiz, Michael Meza, Rely Delgado, Germán Farroñán, Ronald Elera, Marcos Huansi, Adán Higinio, Grey Castro y Luis Miranda. En las vistas no aparece la fotografía del comandante PNP Miguel Montenegro Castillo. Su cuerpo fue encontrado recién el lunes 8, a dos kilómetros de distancia. Estaba igualmente con las manos atadas, semidesnudo y con dos heridas de bala.

Ninguno de ellos falleció en combate. Fueron torturados y asesinados por centenares de indígenas que, increíblemente, los tenían secuestrados desde el 9 de abril (ver más en la nota siguiente).

La peor masacre policial que se recuerde en el país tuvo su origen a 150 kilómetros de allí, en Bagua, ese mismo viernes 5. A las cinco y treinta de la mañana, 550 policías se alistaron para iniciar el operativo de desalojo de un tramo de la Carretera Fernando Belaunde Terry, entre los caseríos Siempre Viva y El Reposo, en Bagua. Al frente del ‘teatro de operaciones’, estuvieron los generales Luis Muruguza y Javier Uribe (ver nota aparte).

No está claro quién dio la orden, pero 52 policías, al mando del mayor PNP Felipe Bazán Soles, se ‘adelantaron’ para sorprender a los nativos en una colina cercana a la ‘Curva del Diablo’.

Pero fueron ellos los sorprendidos. Allí se encontraban unos 4,000 manifestantes y algunos de ellos advirtieron a tiempo la presencia policial. “Vi a los policías avanzar por entre las sombras y corrí la alarma”, declaró a CARETAS desde la clandestinidad el dirigente nativo Santiago Manuin.

El contingente del mayor Bazán fue reducido y 12 efectivos fueron abatidos con sus propias armas de largo alcance. El cuerpo de Bazán no ha sido encontrado al cierre de esta edición. Era su primera operación en el campo. En marzo último había obtenido el 1er puesto en un curso de alto riesgo de la Dirección de Operaciones Especiales.

“Nosotros, al ver que nuestros compañeros caían como papas por el disparo de las armas de los policías, logramos avanzar hasta luchar cuerpo a cuerpo con ellos. Les quitamos sus armas y con ello nos defendimos, No olvide que somos licenciados del Ejército”, sostuvo el dirigente Manuin. Es necesario recalcar que los “disparos” eran de granadas lacrimógenas.

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La mayoría de policías estaba armado de equipo antimotines no letal. Pero más de un francotirador los esperaba en el camino. Las fotografías digitales proporcionadas a CARETAS por una extranjera en Bagua, permitieron reconstruir la secuencia de hechos, minuto a minuto, en la Curva del Diablo en Bagua. Minutos previos a estas dramáticas imágenes, la Policía había permitido a una unidad de bomberos atender a uno de los manifestantes contusos caído en la tierra de nadie. A las 9:13 a.m. son blanco de disparos. Un oficial repele el ataque, rodilla al suelo. Otro policía cae herido, aparentemente impactado de un balazo.

A partir de entonces se inició la balacera y el caos. Entre la multitud enardecida destacaban algunos personajes ajenos al grupo nativo, aparentemente dirigiendo las acciones.

El grueso de policías se lanzó al piso, aturdido por la lluvia de balas y de flechas. Algunos efectivos caen heridos.

Mientras tanto, otro grupo de nativos –apoyados por colonos de Jaén, Bagua Chica y Utcubamba– incendió una camioneta del Ministerio Público y una unidad de bomberos. Eran aproximadamente las 9 y 45 de la mañana.

En una ambulancia del hospital de Utcubamba, los policías sorprendieron a tres nativos heridos que en el interior de una bolsa llevaban un fusil AKM arrebatado a los policías secuestrados un mes antes en la Estación No 6.

Casi en simultáneo, las ciudades de Bagua Chica, Bagua Grande y Jaén, vivieron momentos tensos. Numerosas turbas tomaron las calles en protesta por el desalojo de los nativos en ‘Curva del Diablo’. En Jaén, 300 personas incendiaron el local del APRA y de la Sunat. En Bagua Chica, 600 revoltosos incendiaron la sede del módulo de justicia, el local de la gobernación y la sede del APRA. En Bagua Grande redujeron a cenizas el local del Pronaa y de Cofopri, desapareciendo miles de títulos de propiedad. Los policías se vieron obligados a ocupar los techos de las viviendas vecinas desde donde contuvieron a los atacantes que pretendían tomar el puesto policial. En los módulos de justicia se quemaron 3,000 expedientes.

La Matanza de Imasita

El asalto a la estación No 6 se habría iniciado a las 2: 30 pm. Azuzados por Radio Onda de Bagua (ver nota aparte), que informaba de una supuesta masacre de dirigentes nativos, los nativos de Kozú Grande se enfurecieron y empezaron los gritos que clamaban “¡venganza, venganza!”.

Los 28 policías de la Estación No 6, a quienes se despojó de sus armas durante la toma del 9 de abril, fueron sorprendidos escuchando la radio, mientras que otros 10 agentes fueron detenidos en sus casetas de vigilancia.

El comandante PNP José Montenegro Castillo, intentó convencer a los líderes indígenas de deponer su medida de fuerza, según testigos. Pero los nativos seleccionaron, al azar, a 18 policías y los llevaron al monte para someterlos a crueles maltratos hasta caer la noche. Diez policías fueron atados a los troncos y luego asesinados a machetazos y cortes en todo el cuerpo.

Los indígenas tenían previsto matar a ocho policías más, pero avistaron la presencia de un contigente policial y se dispersaron. No está claro en qué momento asesinaron al comandante Montenegro y arrojaron su cuerpo a un abismo ubicado aproximadamente a dos kilómetros del lugar. Aprovechando el desconcierto, siete policías huyeron.

El suboficial Paulo Parcas Paredes (38) fue uno de los sobrevivientes de la Estación 6. “Caminé un día y medio por el monte. Cada vez que llegaba a una casa nativa, me alejaba para tomar otro camino, por temor a ser detenido nuevamente. Así estuve perdido, hasta que encontré un riachuelo y tomé el curso de las aguas hasta llegar a una casa de un agricultor, quien me auxilió y me condujo al cuartel militar de Imasita”, contó a CARETAS.

Las cifras oficiales del desalojo y la matanza es de 25 policías muertos y nueve civiles fallecidos, de los cuales sólo cuatro son nativos. Resultaron heridos otros 169 civiles y 31 policías de la Dinoes.

Pero pronto surgieron inquietantes versiones de que la Policía estaba quemando cadáveres y arrojándolos al río para reducir el número de bajas civiles. Abilio Arroyo de CARETAS dedicó el fin de semana a visitar los hospitales y puestos médicos de la localidad, en compañía del Vicariato de Bagua, para contrastar la versión oficial. No se tienen registrados más muertes.

El lunes 8, Arroyo y funcionario del Vicariato, se trasladaron en un helicóptero de la Policía a la localidad de Jorobamba, a 50 kilómetros al norte de Bagua Grande, donde se denunció la supuesta existencia de una fosa común con 30 cadáveres. La información también resultó ser falsa.

El número de muertes civiles, en contraste con el elevado número de bajas policiales, revela el autocontrol de las fuerzas policiales en Bagua.

El número de heridos en los hospitales de Bagua es de 200, 63 de bala.

Fue necesario movilizar un equipo de 15 fiscales del distrito judicial de Amazonas para asistir la demanda de las necropsias, detenciones y exhumación de cuerpos. El fiscal superior Oswaldo Bautista, dirige personalmente la labor de los representantes del Ministerio Público.

Las autoridades y la iglesia local, se han organizado rápidamente para enfrentar la emergencia. Instalaron un Comité de Apoyo para brindar ayuda humanitaria a los nativos y alquilan vehículos para devolverlos a sus lugares de origen. En el centro pastoral de Bagua dirigido por religiosas españolas, se encuentran 600 nativos refugiados y en otra sede similar de El Milagro, ya son 700 nativos “concentrados”. En ambos lugares la Policía recuperó cuatro fusiles AKM y pertrechos policiales que fueron arrebatados a los 12 policías muertos en la ‘Curva del Diablo’, kilómetros 202 y 204 de la vía Fernando Belaunde.

La UGEL de Bagua suspendió las clases en los 40 centros educativos hasta que que se levante el toque de queda. Este distrito, creado en la época de la independencia, tiene una guarnición militar en las afueras de la ciudad y su helipuerto tuvo intensa actividad en los últimos días.

El Ejército trasladó 380 efectivos de las Fuerzas Especiales y se han registrado detenciones por infringir al toque de queda. La Policía reportó la desaparición de 49 fusiles AKM, 30 pistolas y revólveres con sus cacerinas y municiones. Al cierre de esta edición, se había logrado recuperar 15 AKM y detenido a 11 sospechosos, en su mayoría nativos.

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