miércoles 17 de julio de 2019
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 2061

15/Ene/2009
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Acceso libre SeguridadVER
Acceso libre InternacionalVER
Acceso libre PolíticaVER
Acceso libre Opinión VER
Acceso libre UrbanismoVER
Acceso libre Ellos&EllasVER
Acceso libre HistoriaVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Acceso libre CulturaVER
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Sólo para usuarios suscritos Quino
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Raúl Vargas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos China Tudela
Sólo para usuarios suscritos Luis E. Lama
Sólo para usuarios suscritos Alfredo
Sólo para usuarios suscritos Luis Freire
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2460
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Encuesta A 45 años de la publicación de Lima la Horrible, de Sebastián Salazar Bondy, una serie de personajes tratan de responder aquí si sus postulados siguen vigentes.

Lima, la Discutible

4 imágenes disponibles FOTOS 

2061-limahorrible-1-c.jpg

Sebastián Salazar Bondy vivía y pensaba la urbe que, en el caso de Lima, consideraba que existía de espaldas al país. La Casona de San Marcos organiza para este jueves 15 a las 6 p.m. la conferencia "Lima, ¿la horrible?". Participan el historiador Teodoro Hampe y el cronista Eloy Jáuregui, entre otros.

Publicado originalmente en México en 1964, Lima la Horrible, de Sebastián Salazar Bondy constituyó un escandaloso y lúcido ensayo crítico sobre una capital que no solo evidenciaba haber perdido el lustre arquitectónico, sino vivir de espaldas a un país de desposeídos. Así lo dijo el autor entonces: “A Lima le ha sido prodigada toda clase de elogios. Insoportables adjetivos de encomio han autorizado aun sus defectos, inventándosele así un reverberante abolengo que obceca la indiferencia con que tantas veces rehuyó la cita con el dramático país que fue incapaz de presidir con justicia”. ¿Hemos cambiado?

Enrique Polanco

Que cólera habría tenido Moro en los instantes en que fechó, “en Lima la horrible” un poema suyo. Por documentos gráficos sabemos que la Lima de entonces era hermosa. A pesar de la ineptitud de decenas de alcaldes, de años y años de destrucción, “la tres veces coronada ciudad de los reyes” tiene aun esa belleza que hay que saber mirar y reconocer. Como ejemplo tenemos el Rímac y los Barrios Altos. Imaginemos estos barrios restaurados.

Lima la horrible, está hoy representada en miles de esperpénticas construcciones, en todos sus distritos, en toda la gran Lima por igual. Todo esto gracias a la carencia de un plan urbanístico.

Que termine esta reflexión Julio Ramón Ribeyro:
Lima de mis amores y de mis odios
¡quién cantara tu visible fealdad,
Tu secreta belleza!

Rocío Silva Santisteban

El extraordinario Sebastián Salazar Bondy era un anticriollo, y lo que odiaba de Lima era precisamente ese aspecto mediocrón, enmodorrado, así como la indiferencia y la ataraxia. Sostenía que si los limeños eran como su ciudad se debía que les faltaba uno de los elementos intrínsecos de la peruanidad: lo indio. Por eso mismo, esa Lima de 1964 no es ni de asomo la de hoy día tan teñida de indio, convertido de rural en citadino, transformado en ciudadano, y por lo tanto, en cholo y chicha y combi. Ahora las canciones limeñas no celebran la fatalidad de la existencia (como los valses) sino la pujanza del provinciano que se abre paso en Lima contra, precisamente, toda fatalidad. Y a pesar de que el temperamento acriollado del vivo aún persiste en la política y en las propias combis, en los sectores populares (y no tanto), se transforma en el “mil oficios”, el “recursero”, en el que se “agencia” la vida. ¿Cómo apelar a una ética de la supervivencia que contemple al otro también como sujeto pleno? En eso nos debatimos hoy en día. Pero esa Arcadia Colonial, de la que abjuraba y renegaba Salazar Bondy, hoy quedó sepultada totalmente en el pasado y Lima se erige sobre esas cenizas para revelarse más heterogénea, monstruosamente centralista, pero de alguna manera, más peruana.

Eloy Jáuregui

Lima no es horrible. Es urbe espeluznante. De la atávica estética cerril de sus huacas a la megalópolis posapocalíptica (a la manera de Monsiváis) pasando por las sentencias de Moro, Salazar Bondy o Eielson de esa villa rumorosa de la colonia pestífera, Lima es más fibroma urbano. Amojonante por aglutinación migratoria, crea permanentemente un canon ornamental del caos. A mi ciudad no la mido por su morbidez sino por sus ocupantes. El limeño es natural de una metrópoli del candado familiar (la hacienda hispana) y el zapateo cholo. La página social es medieval frente al ‘cobrizo’ de la página del lumpen que es digital. La ruca versus las “Oh Diosas”. Desproporción armónica: el pituco y el pusilánime, empiernados. Urdimbre contrahecha de políticas urbanísticas. El Design y la choledad. Uno es su ciudad. Con mi polo Dolce&Galbana, mis bermudas Tommy Hilfiger y mis zapatillas chancho me paseo en Asia y soy más limeño que tú, aunque todavía me jode.

Rafo León

La horrible Lima de hoy es la pretenciosa, ya sea que la pomposidad mamarrachenta aterrice en los conos o en los barrios repipi de por allá arriba. Lo horrible de Lima es una buena porción de limeños que ya deberían haber enterrado los blasones de plástico en las arenas de Asia y mostrarse dispuestos a embarcarse en la modernización del país, pero ni de vainas. El centro de Lima está cada vez menos horrible porque al igual que el centro de Bogotá –desde donde escribo esto– está asumiendo su chuchumequería, sus disparates achichados, su vitalidad berraquera, su colorido y su ruido supragaláctico. El resto de la capital, edificios nuevos, feos como cajones y que serán cajones el día que haya otro terremoto fuerte, porque con el furor de la construcción, nadie supervisa nada.

Javier Echecopar

Recuerdo haber leído Lima la horrible hacia fines de los setenta, en París.

Quizá lo que más sorprende del valioso libro de Sebastián Salazar Bondy es constatar la vigencia que aún tiene el día de hoy. Al verlo nuevamente uno advierte que todo o casi todo sigue igual en Lima. Apenas se perciben leves cambios debidos probablemente a la inevitable globalización.

El Felipe Pinglo que escucha Sebastián no ha cambiado: aún están las “patéticas contradicciones, hormiguero de pompas vanas y desgarradoras miserias, panal de recónditas mieles, insuficientes, sin embargo, para tantas ganas de dicha como hay”. Lima es y probablemente seguirá siendo horrible, dependiendo del lente con el que se la mire. Es horrible, además, gracias a la capacidad infinita para el error de sus alcaldes. Pero es tremendamente bella por su mar y sus acantilados. Melancólica y alegre, brutal y tierna, dual como en los Andes.

Jorge Pimentel

Lima es un galeón de pirata encallado en los arenales de Lurín, que naufraga en tu peor pesadilla. Lima sigue siendo la horrible, por eso la amamos. ¿Lima existe? A veces pienso que no. Cuando camino por Lima siento que voy por el siglo XVIII. Pero amo sus fantasmas, sus tristezas y su lenguaje de vals y de quenas. ¿Lima existe? Amo su irrealidad y su persistencia en el pasado. ¿Lima es horrible? Bueno, es la ciudad donde vivo, amo y trasciendo. Y es una ciudad que tiene mar, que lo tiene todo. París, Londres, Tokio, Madrid, Barcelona. Me quedo con Lima la horrible. Aquí está la poesía.

 


anterior

enviar

imprimir

siguiente
Búsqueda | Mensaje | Revista