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Crónica En noviembre del 2008 el ‘corazón negro de Estados Unidos’ vibró ante histórico triunfo de quién será el primer presidente negro de ese país.

Harlem Era Una Fiesta

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State Office Building Plaza, 11:10 de la noche, 2 de noviembre del 2008. Trance generalizado duró hasta las 4 de la mañana.

El próximo martes 20, mientras que millones de personas se arremolinarán en las calles y avenidas de Washington a la espera de la juramentación de Barack Obama como presidente de Estados Unidos, en la mítica Harlem, el corazón negro de EE.UU., la fiesta será con tambores y honores.

La expectativa en este enclave afroamericano ante la juramentación del primer presidente negro en la historia americana ha llevado a los lugareños de este vecindario a organizar una fiesta al aire libre –con pantalla gigante transmitiendo CNN incluida– en la plaza del State Office Building, en la calle 125.

Fue justamente en este lugar donde, el martes 2 de noviembre, la celebración por el triunfo de Obama llegó al éxtasis colectivo.

Esa tarde, cuando los reporteros de CARETAS recorrían la famosa calle 125 en dirección a la plaza State Office Building, conocida también como la Plaza Africana (donde una pantalla gigante transmitiría el conteo de votos), un policía dijo: “Si pierde Obama es mejor que salgan de aquí lo antes posible. Puede haber problemas”.

Su advertencia parecía exagerada pero al escuchar a un grupo de militantes del otrora clandestino Black Panthers Party, apostados en la esquina de la calle 125 y la avenida Lenox, quedó claro el porqué.

“El poder blanco va a mover todas las piezas que pueda de la gran maquinaria para intentar robarle el triunfo. Si eso sucede, no nos encontrarán desprevenidos. Responderemos”, dijo a CARETAS Shaka Shakur, jefe del New Black Panther Party, capítulo Nueva York.

Motivos para las suspicacias no eran escasos. Era la primera vez en la historia norteamericana que un negro postulaba a la Casa Blanca. No era descabellado pensar en un robo electoral tal como sucedió con Al Gore en el 2000. Pero la esperanza subsistía.

Todo cambió a las 8 de la noche, una hora antes del cierre de la votación en Nueva York. La plaza estaba abarrotada por lugareños y visitantes que no dudaban en ataviarse con el ‘look’ Obama.

En las tribunas, un grupo de ancianas negras recordaban las épocas en las que tenían que subir a la parte de atrás de los buses públicos, mientras que al otro lado, un sabroso grupo de mujeres se contorneaba mientras cantaban la popular tonada disco “Ain’t No Stoppin’ Us Now” que fuera usada en la Convención Nacional Demócrata la noche que Obama aceptó la nominación a presidente.

A las 11 p.m., cuando hicieron el anuncio que por primera vez en 232 años de historia independiente, un hombre negro, Barack Obama, era elegido como el 44 presidente de Estados Unidos, Harlem alcanzó el clímax. “Este no es un triunfo negro o blanco, es un triunfo para la humanidad”, dijo una anciana ataviada con un pañuelo africano.

Un rugido proveniente de casi 5 mil personas (que no sólo habían abarrotado la plaza sino siete cuadras a la redonda) estremeció el lugar donde hacía nomás una semana antes dos policías blancos habían acribillado sin razón a dos hermanos negros.

Lo que los “afroamericanos” vivieron esa noche va más allá de las palabras. Durante siglos fueron esclavos, tratados como animales de faena. Décadas después, y pese a la libertad obtenida, continuaron sufriendo discriminación y muerte. Sus principales líderes, Malcom X y Martin Luther King, fueron asesinados dejándolos con el sinsabor de sentir que jamás serían reivindicados.

Pero esa noche, uno de ellos era elegido presidente. Uno de los pines que se vendieron como pan caliente rezaba: “Las manos que alguna vez recogieron algodón ahora escogen a un presidente”.

Mientras esperaban el discurso de Obama, un grupo de tamborileros que habían estado toda la noche tocando ritmos africanos congregó a un nutrido grupo de espontáneos danzantes. Un par de muchachas, guapas y acicaladas, olvidaron las formas y comenzaron a contornearse en trance.

Obama habló de tiempos de cambio, y mientras lo hacía una muchacha decía entre lágrimas: “preach, brother, preach” (predica, hermano, predica). Cuando terminó de hablar la fiesta se reanudó en Harlmen.

Del famoso bar de jazz Lenox Lounge (donde estrellas como Billie Holiday y John Coltrane brillaron), salió la banda y se unió a la gente en la calle llenándola con un contagioso Swing.

Un emocionado pero cauteloso Pantera Negra dijo: “lo pusimos en la Casa Blanca así que si no cumple con lo prometido, le pasaremos cuentas”.

Los carros que pasaban se unieron al festejo, incluyendo un camión de basura. Los dos muchachos negros ataviados en mamelucos y que iban colgados de la parte posterior saludaron levantando el puño.

A las 3 de la mañana, luego de horas de cantos, abrazos colectivos, llanto y mucho sudor (pese a los 10 grados centígrados), la fiesta comenzó a apaciguarse.

En Times Square la celebración había terminado mucho antes y sólo quedaban banderitas y volantes en el piso. Sin duda el primer capítulo de la historia que arrancará formalmente el 20 de enero, había comenzado ya en el corazón negro de Norteamérica. (Patricia Caycho)


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